Club del Puerto, una escuela de valores que crece

Club del Puerto, una escuela de valores que creceDetrás del auge del pádel en Misiones hay años de trabajo de unos pocos emprendedores que apostaron al futuro, aun en condiciones adversas. En Candelaria, Diego Allou levantó su imperio por amor al deporte. Un imperio que espera poder expandir sorteando los malos pronósticos.
El hombre de 39 años fue ambicioso en su decisión y en mayo del año pasado levantó la primera cancha panorámica de vidrio completo de la región. Una obra que demandó más de 300.000 pesos a metros de la Costanera, cerca del río Paraná y a la que Allou llamó Club del Puerto.
“El terreno, por calles Roque González y Bosetti, lo tenía hace quince años y decidí levantar la cancha. Tuve que vender mi auto para cubrir los gastos, pero valió la pena…hoy tengo una cancha de vidrio blindex y desarmable”, comentó el posadeño.
La jugada de Allou fue riesgosa. Como ocurrió en distintos distritos del país, el auge del pádel se fue apagando desde su concepción hasta desaparecer por completo en la antigua capital misionera. La última cancha abierta al público databa de dos décadas atrás y lidiar con las costumbres locales aún sigue siendo el gran inconveniente.

Pero había un as bajo la manga.
“Hace 20 años que había cerrado la última cancha y al principio no me fue bien. El club estaba inaugurado pero el consumo de las horas no fue masivo como esperaba”, señaló.
Las cosas no mejoraron y fue en ese momento que le encontró la vuelta al asunto: apostar al semillero. “Fue un gran desafío. Empecé a trabajar con los chicos gracias a las experiencia que me dio el Club Candelaria en las inferiores del fútbol”, dijo.
Allou fundó la escuelita Club del Puerto y en poco más de ocho meses ya cuenta con 63 chicos, lo que le vale el reconocimiento como una de las más grandes del Nordeste, a pesar del corto tiempo de existencia.
“Trabajamos todos los días de la semana y hasta las madres entrenan con sus hijos. Es una escuela de valores, no solamente de pádel. El compañerismo, el saber perder…algunos se van llorando y hay que estar atentos porque es lo que importa. Uno aprende todos los días de los chicos”, reconoció.
La escuela cuenta con jóvenes de entre 5 y 16 años. “Hacemos entrada en calor, empuñadura, posiciones, gestos, coordinación y diferentes alternativas de entrenamientos”, remarcó Allou, a lo que agregó: “Creo absolutamente en esta formación, en cómo van progresando los chicos”.
Todo esfuerzo tiene su recompensa. Para la escuela Club del Puerto, el fruto inmediato es participar el próximo fin de semana en el Encuentro Internacional de Escuelas Infantiles en Encarnación, lo que le significará valerse de su primer certamen oficial.
“Iremos en busca de diversión y no tanto de competencia porque estamos en los inicios. Por el momento, mi gran objetivo es poder techar la cancha del club…la base está, la estructura y los espacios también. Más adelante veremos qué nos depara el pádel”, cerró entusiasmado Allou. Las clases se dictan de lunes a viernes en el predio del club. El retorno de la disciplina en Candelaria dio su primer paso, es sólo cuestión de tiempo.

Capioví propone una nueva alternativa
Hace seis meses, y a pedido de jugadores experimentados de pádel, se creó una escuelita en el Club Papel Misionero, que funciona todos los sábados por la mañana.
El Territorio dialogó con Juan Carlos González, jugador y actual entrenador de los chicos, quien relató: “A partir de marzo iniciamos la escuelita, empezamos con un grupo de doce principiantes en dos turnos pero en el invierno se les complicó a los más chiquitos y muchos dejaron, ahora son algunos menos, tienen entre 14 y 9 años”.
“Comienzan por lo general porque ven a otros jugar, puede ser el papá o un hermano mayor, acá empezamos con las primeras herramientas y después cada uno va avanzando, por lo general, primero se acercan los padres a hablar conmigo para saber de qué ese trata y después vienen los chicos”, agregó González.
“En esta etapa se tiene en cuenta también el rendimiento escolar para que no dejen sus tareas de lado por ir a la cancha eso hablamos con los padres, queremos que aprendan a ser leales, buenos deportistas y compañeros entre ellos”, señaló.
El entrenamiento tiene una parte didáctica y después el juego. “Se les enseña a competir por ahora, más adelante se los va formando para ganar y cómo manejar esas situaciones. Hablamos mucho entre nosotros y tratamos de que se sientan bien para que eso influya y puedan lograr un buen juego”, explicó González.
El Club Papel Misionero pone a disposición de manera gratuita la cancha para que los chicos puedan entrenar y a su vez tiene una subcomisión de pádel dentro de la institución desde donde se generan los recursos que les facilita mucho la práctica del deporte y la iniciación.
Los costos que genera la práctica de la disciplina son elevados pero, en éste caso en especial, el club, los padres y el profesor González trabajan juntos para hacer más accesible al deporte. Actualmente algunos chicos llegan desde localidades vecinas para sumarse al proyecto.

Fuente: El Territorio.

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