
“Decidí venir a vivir a Posadas, estaba cansado en Buenos Aires y quería descansar un poco. También vino Erick León a entrenarme acá durante un mes. Ahora me siento tranquilo, con la contención de mi familia y creo que voy a llegar muy bien a Lima”, fueron las palabras con las que el luchador misionero Ricardo Báez (23), reflejó su regreso a la Tierra Colorada tras siete años residiendo en el CeNARD.
Es que Ricardo necesitaba hacer borrón y cuenta nueva y qué mejor que enfocarse en casa. En abril pasado, el misionero se había quedado sin la plaza para los Juegos Panamericanos, en el certamen continental de lucha, que se realizó en el CeNARD, en Buenos Aires y fue un golpe duro para sus expectativas, pero cuando se cierra una puerta se abre una ventana.
Fue así que semanas atrás, la Dirección Técnica Nacional de la Federación Argentina de lucha resolvió, en una reunión de Comisión Directiva, que el posadeño participará en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, que se realizarán desde el 26 de julio y hasta el 11 de agosto en la capital del país incaico, pero en la categoría 86 kilos.
Serán once kilos menos que la de 97, en la que venía participando, ya que la plaza había quedado libre. Como los lugares se consiguen por país y no por atleta, desde la Federación definieron darle al misionero ese lugar para los Juegos Panamericanos.

“Tenía una expectativa alta en el Panamericano de Buenos Aires, pero no llegué bien. Me había agarrado una infección en el brazo; tenía una herida y me entró una bacteria cuando estaba en Bulgaria, dos semanas antes del torneo. Bajé de peso, llegué con casi ocho kilos menos y no rendí como esperaba”, señaló.
Para el misionero el golpe fue duro, aunque definitivamente no fue un nocaut. “Me dolió no poder clasificar, pero me motivó a seguir entrenando y a corregir los errores que tuve. En el momento estaba caliente, pero después se me fue y ahora tengo esta posibilidad que no voy a desperdiciar”.
Estos serán sus segundos Juegos Panamericanos ya que que tuvo su estreno allá por el 2015 en Toronto, Canadá, donde cayó por la contienda del bronce, a los 19 años. Y ahora nuevamente competirá en el mismo peso, los 86 kilos, una categoría que le sienta bien. “Ahora tengo 88 kilos y ya estoy ahí del peso, me cuesta más subir que bajar en kilos”, explicó.
En tanto haciendo hincapié en las expectativas para Lima señaló estar “convencido de que me va a ir bien, por más que me haya ido mal en el Panamericano. Tengo muchas expectativas, es una categoría menos, pero me voy a sentir con más confianza porque ya no voy a estar regalando peso, al contrario, voy a estar por encima de la categoría y ahí me siento bien”.
La cita en tierra peruana tiene mucho en juego. Si bien no otroga plazas directas para los Juegos Olímpicos de Tokio, sí lo hace para el Mundial de Kazajistán, en octubre, que es clasificatorio para la cita máxima del año que viene.
“También hay buenas recompensas; al sacar medalla te suben la beca y te dan premio en efectivo”, añadió.
Entrena con su hermano
Nicolás, su hermano de 20 años y también destacado luchador, es hoy su ‘sparring’ en esta puesta a punto, todo ello bajo la mirada del entrenador nacional, el cubano Erick León, que hace años vive en Argentina y está cargo de la formación de luchadores.

“Nico me ayuda y le favorece también a él porque tiene torneos más adelante. Hoy en el país no hay nadie más fuerte que él para trabajar”, compartió Ricardo, que hace dos años vive más tiempo fuera del país que en Argentina, con preparaciones en Rusia, Bulgaria e Irán, como parte del proyecto olímpico nacional.
“Esta vuelta tanto viaje me saturó. Me había ido bien el año pasado, pero no tuve descanso, me agoté a fin de año y me terminó jugando contra en el Panamericano. Igualmente, las caídas ayudan a visualizar otras cosas que antes no veías”, confesó.
Amor y deporte
Múltiple campeón argentino, medallista de plata el año pasado en los Juegos Odesur en Bolivia; entre otras tantas cosechas, sabe de presiones y por ello busca hoy un refugio conocido, pero esta vez apuesta a estar acompañado ya que está de novio con la medallista olímpica de lucha, en los Juegos de la Juventud, Linda Machuca, que pronto llegará a la provincia.
“Es lindo tener una novia que haga lo mismo, pero a la vez yo viajo mucho. El año pasado estuve todo el año fuera y ella también; y como muchos nos vimos una semana… fue muy difícil, pero lo llevamos bien. Ella se va a venir a vivir para acá y también va a luchar para la provincia”, compartió.
Serán dos campeones en Misiones y dos consagrados en la selección nacional. En el caso de Ricardo, desde los 16 años, cuando se fue a vivir a CeNARD, siempre representó a la Argentina de manera ininterrumpida.
“Es difícil mantenerse tanto tiempo y te presionan por el tema de las becas. Sino tenés resultados te la sacan y nosotros lo único que sabemos por el momento es luchar. El año que viene quiero estudiar kinesiología y con el pasar de los años me gustaría formar parte del Ministerio de Deportes y aportar mi conocimiento”, finalizó el misionero que le dio popularidad a un deporte tan lindo como sacrificado.
Fuente: Roxana Ramírez, El Territorio.
Fotos: César Lasso.




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