
Si la situación de todos los clubes en la Argentina en general es complicada, la pandemia del coronavirus llegó para marcar aún más esa realidad. La finalización de la temporada y que en el horizonte no aparezca una fecha cercana para el regreso del fútbol incrementó el ya difícil día a día de las entidades. Se bajaron sponsors y las diferentes actividades económicas empezaron a resentirse por la cuarentena, por lo que también comenzaron a retirar los diferentes fondos que aportaban, por ejemplo, a los clubes. Esa realidad impactó directamente a Crucero del Norte y al conjunto de sus compañías de transporte, que dejaron de tener sus habituales rutas comerciales desde que comenzó el aislamiento social y obligatorio el 15 de marzo y solamente realizaron algunos viajes para traer a misioneros que estaban en otros puntos del país.
Pero un gran golpe fue el cierre del hotel Grand Crucero. El 28 de abril, Julio Koropeski, propietario del complejo de 4 estrellas de Puerto Iguazú y ex presidente del club de Santa Inés, anunció el cierre del hotel, que dejó a 50 personas sin trabajo, a raíz de la ya conocida desoladora situación que atraviesa la ciudad de las Cataratas. Un día después, el 29 del mes pasado, el club anunció que licenciaba al plantel del Federal A y poco a poco los jugadores fueron regresando a sus respectivos domicilios. Hoy los dirigentes están abocados en resistir, en hacer que el club salga lo menos golpeado posible de esta crisis, para luego poder pensar en volver a sentar las bases para lo que viene, que también será una ardua tarea.
Fuente: Diego Vain, El Territorio.



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