Ezequiel Vidal González, el heredero

El heredero

Ezequiel Vidal González comenzó su sexto año en las inferiores de Boca con la mente puesta en llegar a la Reserva. El pibe de Candelaria, hijo del histórico goleador misionero, llegó con 10 años al Xeneize, sueña en grande y se ve en la Primera.
Ezequiel sale de entrenar y saluda a todos en el predio. Lo conoce casi a la perfección. Hace seis años que todos los días agarra su ropa de entrenamiento y se va a practicar a Ezeiza. Hace seis años que llegó al Mundo Boca y, poco a poco, se abrió su camino dentro del Xeneize. A sus 15 años, Ezequiel Vidal González se prepara para cumplir su sueño: jugar en la Primera de Boca.

“Tuve la posibilidad en su momento de quedar, de poder quedarme seis años en el club y de poder cumplir el sueño que tienen muchos chicos”, contó el misionero en un mano a mano con El Territorio en Buenos Aires.

El de la Tierra Colorada se probó a los 10 años y quedó en las inferiores xeneizes. Desde ese momento, su familia tomó la decisión de acompañar el sueño del chico, que ya mostraba buenas condiciones.

Delantero, como su padre Antonio -quien supo brillar en Nacional de Montevideo y The Strongest de Bolivia-, Ezequiel viene en ascenso. Este año pasó a la séptima división de Boca, la que dirige Chipi Barijho y se puso como gran objetivo del 2023 llegar a la Reserva, una meta ambiciosa: “Este año quiero llegar a la Reserva y quedar a un paso de la Primera. El siguiente paso es subir a Reserva, pero con tranquilidad porque va a llegar.”.

“Tener entrenadores como Pablo Ledesma o ahora el Chipi Barhijo es importante. Son personas de las que aprendés un montón. Trato de escuchar porque saben mucho y te llevan por buen camino. Acá aprendí a jugar rápido, a pegarle con mi pierna inhábil, a manejar los dos perfiles”, comentó el misionero.

Es que más allá de que llegar a Boca significa un sueño cumplido también es una presión. La competencia es constante entre compañeros. Cada fin de año llega el corte, algunos se quedan y otros tienen que buscar un nuevo club. Los chicos pasan a ser mini profesionales y en ese contexto la familia se vuelve un pilar clave.

“Te tenés que proponer un sueño y yo tengo el acompañamiento de mi familia. Viví un tiempo en la pensión y ahora están mis papás y eso ayuda, porque está bueno que me puedan acompañar. Tengo amigos en otras categorías y veo que el esfuerzo que hacen es muy grande. El mío (esfuerzo) también, pero tengo a mis papás cerca que me hace todo un poco más fácil”, analizó Ezequiel.

A la hora de describirse, Ezequiel aseguró que “de los tres puestos de arriba me manejo bien”. “Juego por derecha, como soy zurdo, engancho para afuera y me queda bien el arco. De Boca miro mucho a Langoni y Villa, que son de mi puesto y por supuesto a Messi, que está en otro nivel. Cuando los miro se aprende”, expresó.

Sobre el final de la charla, Ezequiel confesó que se ve en la Bombonera jugando un partido de Primera: “Fui varios partidos de alcanza pelotas y estar dentro de la cancha es una locura. Me imagino algún día ahí adentro. Me imagino en la Bombonera. Es un gran sueño”.

El fanático de Boca va paso a paso, pero crece de manera constante. Pasó por varias categorías y se ilusiona que jugar en la Bombonera, esa misma en la que su papá a fines de los 80 le marcó tres goles al Xeneize con la camiseta de San Martín de Tucumán.
Ezequiel Vidal González, el herederoEn noviembre de 1988, Antonio le convirtió tres goles a Boca en La Bombonera.

Ezequiel tiene los pies sobre la tierra y a su familia como gran compañía. El heredero de los goles de Antonio sigue su camino por el Mundo Boca.

Fuente: Diego Vain, El Territorio.

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