Darío Piñeiro, el inoxidable maratonista

Piñeiro, el inoxidable maratonista

“Este año me hicieron el antidoping porque les pareció sospechoso el tiempo que hice, ponele. Y creo que no dio positivo, por lo menos no me dijeron nada”, contó entre risas Darío Piñeiro, quien el último domingo participó de los 42K de la “Maratón Internacional de la Bandera” que se corrió en la ciudad de Rosario, Santa Fe.
La anécdota grafica su humildad y sencillez, dos características que lo definen y hacen tan apreciado en el ambiente del atletismo provincial.
Y en lo deportivo ya no quedan adjetivos para graficar la notable y extensa carrera del “inoxidable”, quien a los 47 años finalizó 19° en la general de Rosario y 3° en su categoría (45 a 49 años), con un registro de 2 horas, 44 minutos y 43 segundos, a un ritmo de 3 minutos y 54 segundos por kilómetro.

Darío Piñeiro, el inoxidable maratonistaPiñeiro junto a sus compañeros y amigos misioneros en Rosario

En el 2008 -hace ya 15 años- fue segundo en la misma prueba con un tiempo de 2h30m45s, el récord misionero vigente para los 42 kilómetros, según datos oficiales de la Federación Misionera de Atletismo.

Su logro se dimensiona al señalar que unos 3 mil corredores fueron de la partida. Incluso, en la página oficial del evento se destaca que corrió más rápido que el 98.36% de los participantes. Impresionante.

Su vigencia en el alto nivel habla de su genética y disciplina, ya que alterna los entrenamientos con el trabajo en el depósito de la empresa Dini y es habitual verlo corriendo de madrugada hacia el laburo, muchas veces de alpargata, calzado con el que ganó un montón carreras.

Un crack que no conoce de excusas, un “veterano” que sigue dando pelea en la élite, un ejemplo de deportista.

Notable vigencia

En 2004 Darío Piñeiro ganó 22 de las 28 pruebas pedestres que disputó en diferentes puntos del país y la provincia. Aquel rendimiento lo llevó a consagrarse como el Deportista Obereño del año. Tenía 28 años y estaba en la plenitud de su carrera.

Lo que pocos imaginaron entonces fue la extraordinaria longevidad que adquiriría como atleta, ya que 19 años después sigue siendo uno de los referentes de las carreras de fondo en Misiones y se mezcla en el podio con jóvenes que tienen la mitad de su edad. Una vigencia a prueba del almanaque.

Darío Piñeiro, el inoxidable maratonistaEl crak de Oberá sigue disfrutando de cada prueba en la que compite

Hablar de sus virtudes como deportista es destacar tanto su fortaleza mental y física, lo que se grafica en un hecho puntual: en julio de 2014 corría después del trabajo por la ruta 14 hacia su casa en Guaraní cuando lo atropelló una moto y terminó con la rótula de la rodilla izquierda. El médico que lo operó le dijo que difícilmente podría volver a correr, aunque un par de meses después ya estaba compitiendo.

Sus atributos atléticos son más que conocidos, pero lo que pocos saben es que regaló la mayoría de los trofeos que ganó en más de dos décadas de trayectoria. “Por ahí me piden para una competencia en la colonia o para una escuela y les doy. Me gusta colaborar, darle la posibilidad a otros de sentir lo lindo que es ganar un trofeo”, subrayó.

“Correr es un regalo de Dios”

La figura de Darío Piñeiro ya tiene estatura de ídolo en el pedestrismo misionero, tanto por sus logros como por su notable vigencia.

Una carrera cimentada en la pasión y la constancia, alternando entrenamientos con su trabajo. Por ello, se levanta antes de que amanezca, se calza las zapatillas (o alpargatas, como lo hizo tantos años) y sale trotando desde su casa, en Colonia Guaraní, hasta su trabajo en el centro de Oberá. También suele ir en bici, y a veces en el auto. Es humano.

Esos ocho kilómetros -16 ida y vuelta- son parte de su rutina diaria y los corre casi sin esfuerzo, como un entrenamiento liviano para la próxima maratón que tenga en mente.

“Por ahí, antes de una competencia, pienso… como también te puede pasar antes de un examen, que si hubiera estudiado un poco más ahora estaría más tranquilo. Pero no me gusta poner excusas y en cada competencia pongo lo mejor de mí. Aunque no salga primero, no importa. Yo no puedo guardarle rencor al que me gana, porque correr ya es un privilegio y un regalo de Dios”, destacó Darío.

En la “construcción” de un buen corredor de fondo no pueden faltar aptitudes como fuerza, velocidad y resistencia, aunque los campeones también poseen un plus imprescindible de carácter y de fortaleza anímica.

Y Darío está construido con esa madera: condiciones naturales y un físico privilegiado que, combinados con una mentalidad ganadora, años atrás lo hacían prácticamente imbatible a nivel provincial en cualquier distancia de fondo.

“Como buen ariano, soy muy testarudo. Me propuse terminar el secundario y con mi primer trabajo comprarme un auto, después hacerme mi casa. Y las cosas que me propuse siempre las logré, gracias a Dios”, aseguró.

“Si uno quiere, puede”

Nació y se crió en Colonia Alberdi, donde cursó la primaria y la secundaria. A los 17 años se mudó con su familia a Gobernador Udaondo, provincia de Buenos Aires, y aprendió de los rigores de la vida en el campo.

“Trabajábamos en el tambo y ahí no había descanso -recordó-. Nos levantábamos a las tres y media de la mañana y casi no parábamos en todo el día. Y creo que esa vida me fortaleció para afrontar todos los compromisos con responsabilidad”.

“Yo pienso que a veces uno se queja de lleno. Cuando era chico mis abuelos me contaban que habían venido de lejos y sin nada, que la vida era muy difícil y muy diferente a lo que es hoy en día”, expresó convencido.

Además, destacó que su incursión en la práctica del kung-fu le otorgó mucha fuerza mental y la certeza de que si uno quiere, puede.

Pero más allá de sus aptitudes deportivas, la gente del atletismo reconoce a Darío por sus valores.

“De qué te sirven un montón de trofeos si la gente no te quiere. Cuando empecé a correr no le ganaba a nadie, pero empecé hacer amigos de entrada y eso es lo mejor que tiene el deporte”, dijo sin titubeos.

“Yo leí muchas historias de grandes atletas, y cuánto más grandes más humildes también eran. Por ejemplo Emil Zatopek, que ganó los 5 mil, los 10 mil y el maratón en Helsinki 52; o Abebe Bikila, que ganó el maratón olímpico corriendo descalzo”, destacó.

Los años van pasando y él sigue estando. Hoy lo invitan a las principales carreras de la provincia porque su figura eleva el nivel de la competencia. Y los jóvenes que llegan a la élite preguntan si corre Darío Piñeiro… el que ya subió a todos los podios con los que ellos sueñan.

Fuente: Daniel Villamea, El Territorio.

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