“El 2026 ya está en marcha”

El misionero aprovecha unos días de descanso en casa, recarga energías con su familia y se prepara para volver a competir. Foto: Archivo el territorio

El misionero aprovecha unos días de descanso en casa, recarga energías con su familia y se prepara para volver a competir (Foto: El Territorio)

Entre sudamericanos, circuitos nacionales, mundiales y una experiencia reciente en el vóley indoor de Uruguay, Marcos González analiza un año clave en su formación, habla de la adaptación constante que exige la alta competencia y anticipa lo que viene en una temporada que ya asoma exigente.
El 2025 fue mucho más que un calendario cargado para el oriundo de Candelaria, fue la confirmación de un proceso. Viajes, cambios de dupla, torneos internacionales, experiencias formativas y también aprendizajes desde la adversidad marcaron una temporada que el misionero define sin rodeos como positiva.
“Fue un año muy bueno en lo deportivo, tuve mucha competencia y eso siempre es positivo”, expresó.
El inicio del año lo encontró compitiendo en los Sudamericanos de beach vóley de mayores, con una primera experiencia especial en Mar del Plata. “Arranqué en enero con los sudamericanos de mayores y estaba muy contento porque era la primera vez que jugaba uno en Argentina. Nos fue bastante bien, quedamos quintos”, recordó.

Desde allí comenzó una gira que lo llevó por distintos puntos del continente. Chile fue la segunda parada, mientras que en paralelo también afrontó compromisos en categorías formativas, como el Sudamericano sub 21 clasificatorio a los Panamericanos Junior de Asunción.

La temporada continuó con los circuitos nacionales, disputados en diferentes provincias y con una dinámica particular que lo obligó a reinventarse torneo a torneo.

“Fui cambiando bastante de dupla, de acuerdo al profesor y al torneo. En el circuito nacional jugaba con mi dupla habitual, con Augusto Sosaya, y cuando me tocaba jugar con la selección, por categoría, lo hacía con Fausto Inostroza”, explicó. A eso se sumó una experiencia clave en Ecuador, donde disputó el clasificatorio al Mundial de México. “Quedamos segundos con Brais Del Coto, que es otro compañero. Fue bastante movido porque cada torneo iba cambiando de compañero y también de posición”.

Esa versatilidad se transformó en una de sus principales fortalezas. González alternó roles de bloqueador y defensor según las necesidades, en contextos de alto nivel competitivo. “Uno se va adaptando a todas las cosas. No siempre es fácil, pero suma muchísimo en lo personal y en lo deportivo”, aseguró.

El Mundial de México, si bien no trajo los resultados esperados, dejó enseñanzas profundas. “El nivel que se encuentra en un Mundial es muy alto. Está bueno para medirse y seguir sumando experiencia, más allá de que sabíamos que iba a ser muy difícil”.

El cierre del año también lo encontró escuchando a su cuerpo. Una lesión en el hombro lo llevó a bajar el ritmo y priorizar la recuperación. “Estoy bien, vengo recuperándome de una lesión del hombro. Enero voy a parar un poco, tomaré un descanso, porque el año fue muy movido y casi no estuve por mi casa junto a la familia”, contó. La pausa, sin embargo, será breve. A fines de enero está previsto su regreso a la competencia en una etapa del circuito nacional en Entre Ríos: “El 29 arranca esa etapa y ya tengo ganas de volver. La próxima semana voy a retomar los entrenamientos de a poco y la rutina”.

Volver a Misiones, tiene para él un valor especial. No sólo por el descanso, sino por el reencuentro con los afectos y con los lugares donde empezó todo. “Siempre es lindo volver, estar con la familia, con los amigos. Es por lo que uno quiere volver, para disfrutar esos momentos y también entrenar en el lugar donde uno salió”, afirmó. Aunque reconoció que hace tiempo no pisa la arena local por sus compromisos en Buenos Aires, no ocultó las ganas de regresar a entrenar con los amigos de la playa, en Costa Sur, donde dio sus primeros pasos.

En ese clima más distendido también hubo espacio para el disfrute. Torneos relámpagos en Candelaria, partidos de vóley indoor con los amigos y la posibilidad de desenchufarse un poco. “El indoor es para desestresarse, pasar tiempo con los chicos. Vas más por la diversión y está bueno para el momento”, comentó. Sin embargo, esa rama del vóley también le abrió una puerta inesperada a nivel competitivo.

En los últimos meses del año, González fue convocado para jugar en Uruguay. “Un equipo me llamó, yo estaba bastante libre y acepté. Fue recomendado por un profesor amigo. Me sumé a Lagomar para jugar la liga uruguaya”, contó. Allí disputó una decena de partidos y logró, junto al equipo, una clasificación histórica. “Conseguimos clasificar a un Sudamericano de Clubes, el club nunca lo había logrado y fue algo muy importante para todos”.

La experiencia indoor no quedó solo en una prueba. Marcos se adaptó rápidamente a una nueva función dentro del equipo. “Cuando llegué no tenía una posición definida, pero entrenando unos días empecé a jugar de opuesto, que era lo que faltaba, y me adapté bien. Quedé en ese puesto”, explicó.

De cara al 2026, ese camino también tendrá continuidad, con la mira puesta en el Sudamericano de Clubes que se disputará en Brasil. “Seguramente en febrero esté por Uruguay para entrenar y preparar ese torneo, que es muy importante”.

Mientras tanto, el beach vóley seguirá siendo su eje central. A sus 20 años, aún en categoría sub 21, González sabe que el calendario internacional puede abrirse en cualquier momento.

“Los sudamericanos de playa siempre están y voy a ver si el profesor me tiene en cuenta. El 2026 ya está en marcha y estoy para jugar, así que voy a estar preparado”, señaló.

No hay certezas aún sobre mundiales de su categoría, pero la disponibilidad y la ambición están intactas.

Con un 2025 que lo llevó por Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, México y Uruguay, Marcos González cerró una temporada de crecimiento sostenido y aprendizaje constante. El 2026 asoma con nuevos retos, más viajes y el mismo objetivo de siempre, seguir sumando experiencia, competir al máximo nivel y representar, desde la arena y la red, el camino que empezó en Misiones y que hoy no conoce fronteras.

Fuente: Fernando Galarraga, El Territorio.

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