
Con las araucarias de fondo y su familia entre sus brazos, la sampedrina se ilusiona con una carrera profesional (Foto: Carina Martínez, El Territorio)
De entre el verde de las Araucarias y la tierra colorada surgió una promesa. Detrás de cada caricia a la pelota entre la polvareda se fortalecía un sueño: llevar el fútbol femenino a lo más alto, derribar barreras y llegar a ser profesional. Ningún desafío impidió que Débora Doreis encamine su meta y hoy, vistiendo los colores de Banfield, fue convocada a la selección argentina.
Doreis (15) comenzó a jugar al fútbol a los seis años y en el patio de su casa con su hermano, junto a sus compañeros de barrio se sumaron a un grupo de niños que jugaban partidos en una cancha ubicada en el predio de la escuela 144 donde formó parte por primera vez de un equipo.
A los siete se incorporó a la escuela de Fútbol Cristo Junior, siendo en ese momento una de las únicas niñas en entrenar junto a los varones.
Lo hacía con tanto esmero, dedicación y cierta actitud robusta que jugar al fútbol con los varones no le significó inconvenientes, sino todo lo contario. Mediante los trabajos que realiza Fernando Silva, fundador de dicha escuela junto a su familia y demás colaboradores, tuvo la oportunidad de realizar una prueba en Banfield.
Ese sueño de convertirse en una futbolista profesional, al igual que el de tantas niñas y adolescentes del interior, se medía ante enormes desafíos y aunque un tanto lejos, comenzaba a abrirse camino.
Estos días de vacaciones en su ciudad natal, la central izquierda dialogó con El Territorio para contar cómo está siendo los primeros logros en Banfield y el haber sido convocada para jugar con la sub 14 del seleccionado argentino.
En sus primeros pasos comenzó a mejorar técnicas, resistencia y moldearse como jugadora en la escuela de Fútbol Cristo Junior, que funciona en su barrio. “Entrené y jugué allí desde los siete hasta los doce años, el jueves 6 de agosto de 2022 tuve una prueba en Banfield, fui y quedé. Estoy muy contenta por este logro”, relató.
Precisamente su llegada al Taladro no podría haber sido mejor, supo demostrar talento y desde que fue fichada en 2022 no deja de superarse, sorprender y ser un motivo de orgullo para los sampedrinos.
Sus habilidades con el balón fueron captadas por la Asociación de Fútbol Argentino. “En 2023 participé por primera vez en el torneo de AFA con la selección argentina sub 14. En 2024, por unos problemas personales tuve que volver a Misiones. Me quedé un año entero para acá, seguí entrenando de cara al 2025 que me tenía que volver”.
La sampedrina, ya jugando en la Reserva de Banfield, estaba ante un paso de suma importancia en su carrera: competir en un torneo internacional vistiendo la celeste y blanca. “Formé parte del equipo de la selección sub 15 para competir en la Liga Evolución realizada en agosto del año pasado en Paraguay”, contó.
Fueron días intensos, enriquecedores, cargados de experiencias y pareciera ser que Débora tomó gusto a los debuts con goles. Ella fue quien convirtió el gol del triunfo en el último minuto del partido entre Argentina y Chile.
“Fue una locura, me acuerdo que ese gol no pude festejarlo porque así como quise salir a hacerlo me choqué con todas mis compañeras”, contó sobre ese momento que lo vivió con mucha adrenalina y pasión. “Recuerdo que ese día, a la tarde, mientras que tomábamos unos teres con las chicas, pensaba y no creía, como que no caía que estaba ahí, de todo lo que logré. Nunca pensé que ese momento de vestir la camiseta, de estar en la selección iba llegar tan rápido, es algo muy lindo” reconoció.
Ese glorioso debut fue motivo de admiración, emoción y orgullo, en especial de la familia Silva, que lleva adelante de manera voluntaria la escuela donde surgió Débora. Ese día las redes sociales de sus amigos y familiares, replicaron el gol con tinte de mundial; es la pasión que despierta el fútbol, el valor del mérito y la magia de que una jugadora de tu pueblo lleve la celeste y blanca.
La oportunidad de jugar con la selección argentina tiene un enorme significado y en cada entrenamiento la joven duplica esfuerzos para superarse y siempre responder con altura; sin en ningún momento olvidar valores, el espacio donde surgió y su familia, que son el pilar en su carrera.

Sobre ser convocada para los torneos de AFA, afirmó que “la camiseta de la selección con mi apellido atrás creo que es el sueño de todo futbolista, es increíble, es inexplicable lo que siento. Además de la experiencia de conocer el predio de AFA, de vestir la camiseta, es algo único”.
En lo que respecta su posición en la cancha, cuando fue a probar lo hacía de cinco, en Banfield la probaron como central izquierda y al parecer fue un gran acierto. “Desde los 13 años juego como central izquierda, como 6. La verdad me siento muy cómoda y segura en esa posición”, aseguró.
Entre sus metas para el 2026, mencionó la posibilidad de participar en el Sudamericano sub 17. “Ojalá pueda ir, hacer un buen torneo y debutar en la reserva de Banfield” dijo, y contó también sus objetivos para más adelante “debutar en la primera de Banfield y en la selección mayor, esos son los objetivos de mi carrera”.
Un sueño que se cumple en familia
Para quienes desde el interior anhelan llegar al fútbol en clubes de primera, el acompañamiento de la familia es crucial; en este caso es cumplir una meta juntos. La adolescente debe afrontar desafíos y cambios en su vida, adaptarse a ellos muchas veces marcan el éxito.
Lidiar con las distintas situaciones, es fundamental. “Se extraña mucho, irme a Buenos Aires de un día para otro, dejar a mis hermanos, a mi papá que está en Neuquén, a mis compañeros, fue un gran desafío para mí, fue complicado, pero por suerte lo fui superando, con el tiempo te acostumbras”, señaló Doreis.
Su madre, Marta Lares, se mudó con ella a Buenos Aires donde la acompaña a cada entrenamiento y trabaja para ayudar con los gastos que demanda la carrera. “Estamos muy emocionados por sus logros, por ver el esfuerzo de ella. Nosotros alquilamos allá, le llevó a los entrenamientos en Banfield o hasta donde toma el micro cuando practica con la selección, la acompaño siempre los padres al pie del cañón” contó Marta, y agregó: “Los gastos lo solventamos junto a su padre que trabaja en Neuquén. Por suerte conseguimos un alquiler económico con una madre del club, ella tiene beca en Banfield, pero hay muchos gastitos que tenemos que cubrir. La familia está separada pero unida por este sueño”.
Avanzar sin olvidar las raíces
Débora es ejemplo de perseverancia, de garra y humildad. Una adolescente que hoy viste la camiseta de la selección, pero no olvida los colores del club donde dio sus primeros pasos, a sus entrenadores, a sus amistades y en especial su familia.
En vacaciones regresó junto a su madre para pasar las fiestas en la capital de la Araucaria, volver a la ‘canchita donde entrenaba, jugar con mis compañeros’ tal como mencionó, y por supuesto sin olvidar el compromiso y la responsabilidad que implica ser parte de un club como Banfield.
Por ello entrena tanto en la cancha como en el gimnasio durante los días de descanso. “Pase unas fiestas muy lindas, disfrutar un poco es lindo pero claro, sigo entrenando”, aclaró.
“Es muy lindo volver después de un año bastante movido, el cariño de los niños, estar acá en la canchita, sentirme parte, es como ese lugarcito en el mundo”, expresó con mucha satisfacción.
Por último hizo una dedicatorio muy especial e incentivo a luchar por los sueños: “Este logro se lo dedico a toda mi familia por el esfuerzo que hacen para que yo pueda estar en Buenos Aires, porque no es fácil”.
“Quiero decirles a las chicas que sigan entrenando, que pueden decir que es difícil conseguir una prueba siendo de Misiones o acá de San Pedro, pero no, no es difícil, si se proponen con responsabilidad, así como yo también pueden lograrlo, tarde o temprano todo llega, hay una frase que dice que todos los planes de Dios son perfectos, creo que sí. Creo mucho en eso”, concluyó.
Si bien llegar a esta etapa en la carrera del fútbol es resultado de dedicación, vale citar la labor incansable que realizan clubes y escuelas de fútbol en el interior, donde los sueños se cumplen, pero cuestan más.
En San Pedro existen varios ejemplos de jugadores, tanto masculinos como femenino que hoy brillan, incluso en clubes internacionales, que dieron sus primeros pasos hacía el fútbol profesional gracias a este tipo de espacios, donde no reciben más remuneración que la satisfacción de emocionarse al ver a su semillero dar frutos.
Fuente: El Territorio.




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