Boca Unidos sigue sin encontrar el rumbo

Cadena de RadiosBoca Unidos parece haber agotado el crédito antes de tiempo.
Y cuando un equipo pierde crédito, pierde algo más importante que puntos: pierde confianza, paciencia y credibilidad.
A falta de una fecha para cerrar la primera rueda, el aurirrojo volvió a tropezar de local y ahora deberá viajar a Salta con una mochila pesada, llena de dudas y urgencias. Después vendrá Sarmiento de La Banda, el colero, otra vez de visitante. Y ahí ya no habrá margen para discursos ni explicaciones. Si Boca Unidos pretende meterse entre los cuatro primeros, necesita reaccionar ya. No mañana, no en la segunda rueda. Ahora.
Porque el problema ya no es solamente futbolístico.
Lo preocupante es que el equipo nunca logró construir una identidad. No se hizo fuerte de local, algo indispensable en esta categoría, donde los torneos se sostienen desde la fortaleza en casa y la inteligencia para rescatar puntos afuera. Boca hoy no intimida ni en su cancha. Y cuando eso pasa, el panorama empieza a oscurecerse rápidamente.

Más allá de los planteos tácticos, de cambios de esquema o nombres propios, da la sensación de que el proyecto todavía está en etapa de aprendizaje. Y el Federal A no suele tener paciencia con los procesos inocentes. La categoría exige experiencia, viveza, lectura política y conocimiento profundo del terreno que se pisa.

Y allí aparece un dato central: el llamado “Proyecto Batistuta” nace con nombres gigantes para la historia del fútbol argentino, pero absolutamente ajenos a la realidad del Federal A. Gabriel Batistuta, José Chamot y Lucas —con toda la expectativa y el respeto que generan— no conocen la categoría. Y en este fútbol, desconocer la categoría es conceder demasiada ventaja. Porque el Federal A no se juega solamente con apellidos importantes o trayectoria internacional; se juega en canchas difíciles, con arbitrajes complejos, viajes eternos y contextos donde la experiencia pesa tanto como el talento.

La sensación es que Boca Unidos intentó construir un proyecto profesional mirando más el prestigio de los nombres que el conocimiento real del ascenso profundo.

Y para colmo, alrededor del equipo empiezan a circular versiones que preocupan todavía más. En el ambiente futbolero ya es voz populi que el entrenador prácticamente no habla en los entretiempos. Un dato difícil de comprender y aún más difícil de aceptar en un momento donde el equipo necesita liderazgo, reacción y conducción. Según comentan muchos de los que siguen de cerca al plantel, las indicaciones terminan siendo dadas por los preparadores físicos. Algo inadmisible para cualquier estructura seria de conducción futbolística.

Porque un técnico no es solamente quien arma un equipo durante la semana. También debe ser quien lea el partido, corrija, motive y conduzca emocionalmente al grupo en los momentos críticos. Y Boca Unidos hoy parece un equipo sin esa voz de mando.

El último domingo dejó además una escena casi simbólica del momento institucional.
Uno de los sponsors principales de Boca Unidos es justamente una empresa de transporte vinculada a quienes toman decisiones dentro de la institución. Sin embargo, el visitante estacionó su micro detrás del arco y durante toda la transmisión internacional la publicidad que apareció en pantalla fue la del transporte que trajo a los formoseños.

Sí, Boca Unidos perdió hasta en el marketing.

Parece un detalle menor, pero no lo es. Habla de desatención, de falta de control, de ausencia de esa famosa “viveza criolla” que durante años hizo competitivos a muchos clubes argentinos aun en contextos difíciles. Mientras tanto, las publicidades estáticas del club son ilegibles para la televisión, salvo en planos cortos laterales. Los sponsors importantes —Banco y Gobierno— seguramente deberían empezar a preguntarse si su inversión está siendo correctamente aprovechada.

Porque hoy el problema excede al resultado del domingo.

La sensación es que el crédito se consumió demasiado rápido. En lo futbolístico y también en lo dirigencial. El proyecto que nació rodeado de expectativa empieza a mostrar señales de fragilidad estructural. Y el fútbol argentino tiene poca memoria para las promesas y mucha crudeza para las tablas de posiciones.

Quedan 180 minutos decisivos.

Dos partidos para saber si Boca Unidos todavía tiene señales de vida o si volverá a caer en el mismo laberinto del año pasado. Ese lugar incómodo donde la ilusión se transforma en resignación y donde la tribuna termina levantando otra vez la bandera más dolorosa de todas: “Perdón Gordo… perdón Negro.”

Fuente: gentileza Roberto Fretes.

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