
La gran fiesta que desató en muchos lugares del país donde existe un hincha «pincharrata», tras la notable victoria alcanzada este miércoles en Belo Horizonte, de la mano de Juan Sebastián Verón, tuvo un comienzo que vincula a un futbolista misionero, joven y casi desconocido aún, pero autor de una «hazaña» que nadie podrá olvidar y, fundamentalmente, que adquirirá mayor relevancia a medida que se recuerde la conquista de la Copa Libertadores.
Ramón Lentini, un misionero próximo a cumplir 21 años, consiguió el gol que lo metió a Estudiantes en la fase de Grupos.
Ocurrió el pasado 4 de febrero, en el estadio Ciudad de La Plata. El partido se encaminaba hacia un empate en cero, cuando el posadeño ingresó por el uruguayo Salgueiro y, de cabeza, marcó el gol del triunfo.
La crónica del día que el fútbol lo conoció a Lentini
El objetivo se cumplió: Estudiantes derrotó 1 a 0 a Sporting Cristal de Perú, en La Plata, remontó el 1-2 del partido de ida (de la mano del valor extra del gol de visitante), e ingresó al grupo 5 de la Libertadores.
Ahora participará en el Grupo 5 con Universitario de Sucre (Bolivia), Cruzeiro y Deportivo Quito.
Pero los hinchas no olvidarán el susto: hasta los 76 minutos, el Pincha, impotencia pura, quedaba afuera. Ramón Lentini, goleador de las inferiores, resultó el héroe, ante un rival que terminó siendo más duro de lo que prometía antes de jugar el repechaje.
Leo Astrada apeló al manual del técnico: para dar vuelta la derrota de la ida, puso tres en el fondo, metió cambios ofensivos –ingresos del cabeceador Alayes y los delanteros Boselli y Salgueiro; la Gata Fernández de enganche para juntarse con Verón–, y a quemar las naves. Claro que del manual al hecho hay un largo trecho. Y el Pincha avasallador que se come a los peruanos duró apenas veinte minutos. Ahí llegó la más clara: una pelota detenida de Verón que dio en el palo derecho de Heredia, a los 11.
Así fue hasta los 21, cuando el Cristal les recordó a los hinchas locales cuál fue la fórmula del triunfo en Perú: la vieja y querida contra, siempre tan ingrata, porque castiga al que más trabaja. Hurtado, en una escapada que cortó Cellay, dio una advertencia. Aliberti, figura en el partido de ida, la reiteró sobre el final, aprovechando una subida del lateral Fernández; no tuvo puntería.
A los 8 del complemento, pudo haber llegado el gol necesario para el local: fue cuando Alayes se anticipó a su compañero Desábato y Heredia intervino de nuevo. Dos de los tres defensores del equipo estaban en el área rival al mismo tiempo. No quedaba otra, claro; no era momento de especular. Excepto para los peruanos, que se relamían con cada hueco aprovechado. Para salud del pueblo pincha, el 0-1 jamás llegó.

Tampoco llegaba el 1 a 0, en realidad. Así que Astrada apeló otra vez a su librito y renovó el ataque: delantero por delantero (Lentini por Salgueiro) y delantero por volante ofensivo (Calderón por la Gata), y después no digan que no lo intenté. La entrada de Galván por Enzo Pérez –volante por volante– terminó siendo la llave. Porque el ex Olimpo y River resultó la descarga perfecta para Verón, que recuperó trascendencia apoyado en su socio. Galván terminó un par de intentos con malas decisiones, pero en la del gol la pegó. La armaron Verón y Galván; el centro de Diego fue perfecto, y el salto de Lentini, fabuloso: el juvenil se elevó a la perfección y, de cabeza, metió al Pincha en la Copa. Para saber gozar hay que saber sufrir y, si de Copa Libertadores se trata, pocos equipos conocen esta máxima mejor que Estudiantes.




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