Una araña eléctrica

Máximo Trinidad, el primero de abajo, a la derecha (Foto El Territorio)(Por Eden “Buby” Fernández). Era sólo un niño cuando con su familia dejó su Artigas natal para cruzar el Paraná y en un sitio histórico de Posadas, los valdíos del Cerro Pelón, comenzó a corretear detrás de la redonda y entreverarse en cuanto picado emergiera, para tejer y bordar paredes y como si fuera un rayo llegar hasta la raya final para entregar o servir aquel característico pase rasante de gol que enloquecía a sus rivales.
El Tiro Federal lo acunó más tarde, y en sus potreros, donde pasaron grandes futbolistas, fue diseñando su impronta como jugador.
Veloz, punzante, incisivo desde su aparición en General Paz de los hermanos Piró, dejaba zurcos sobre la punta izquierda con su andar diminuto, de pasitos cortos y de repente una explosión que sorpendía a sus marcadores.
Máximo Trinidad, conocido como “Araña”, tuvo una fugaz incursión en Gimnasia y Esgrima de la Plata, luego por el fútbol mendocino y sanjuanino para volver a la tierra colorada a defender los colores de Bartolomé Mitre, donde jugó muchos años junto a notables valores en distintos equipos como Arriola, Niveyro, Centurión, Carmelo y Daniel Villalba, Poroto Guenín, Peralta, Federico Horster, Encina, Centeno, Titín Rodríguez, Centurión, Bogado, Recalde, los hermanos Leiva, Orlando, Cucchiaroni, Martínez, Dos Santos, Catalino Suárez y tantos otros.
Integró también con gran suceso la selección posadeña de fútbol, siempre en el extremo izquierdo del ataque, en aquellas jornadas donde a nuestra ciudad llegaban los grandes equipos del fútbol nacional e inclusive la selección argentina.
Los aficionados, después de verlo en acción, comprendían inmediatamente aquel mote de “arañita”, cuando el escurridizo puntero lograba hilvanar acciones penetrantes para descolocar al defensor más avezado, como en aquella tarde que los diablos rojos de Avellaneda nos visitaron en cancha de Jorge Gibson Brown, y dos corridas de Trinidad terminaron en goles ante una última línea confundida. Los rojos después se llevaron la victoria por 3 a 2 con un golazo de Pavoni desde 35 metros que venció la resistencia del buen arquero Zamboni.
La excelente condición física fue su mejor arma, por eso a veces se empecinaba con su habilidad y rapidez cuando algún marcador le tomaba el tiempo en los primeros minutos de juego, para finalmente comenzar a prevalecer por su sector. Jugó, además, en Luz y Fuerza y Domingo Faustino Sarmiento.Ya retirado dirigió a Luz y Fuerza y hoy, pisando los 68 años, le sigue dando a la redonda en los torneos de la Asociación Deportiva Master.

Fuente: Edén «Buby» Fernández, en diario El Territorio.

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