«Tito» Noguera fue un grande

Racing 1973. Ramón Noguera es el último de la derecha, abajo.Le decían Tito. Para nosotros era el Chueco. El zurdo de piernas torcidas de tanto hamacarse zigzagueando por la punta izquierda para dejar sentado a cuanto adversario le saliera al cruce y llegar a la línea de fondo como un relámpago.
Defendió los colores del grande de su barrio, donde supieron transitar su padre y sus hermanos.
Los potreros de Ángel Acuña y Riberas del Paraná hoy ya no están, pero los recuerdos de sus gambetas, sus corridas electrizantes, perduran en la memoria de los habitantes de aquel barrio de eximios futbolistas, cuna de ilusiones y cracks al final del camino.
Domingo Faustino Sarmiento, el hermano menor de la vecindad, también lo tuvo en sus filas, como correspondiendo al afecto y el respeto que los “mens sana” le demostraron por su personalidad y sus endiabladas gambetas.
Ramón Robero Noguera se destacó rápidamente en el Torneo Nacional de 197l, cuando integró aquella delantera junto a Patito Brítez o Corazón Lezcano, la Negra Brítez o Isidro Caballero.
Una noche de noviembre de la visera del Clemente Argentino Fernández de Oliveira bajaron aplausos envueltos en pasión y emoción por un puntero que hizo malabares pegado a la raya, encarando una y otra vez a Sinatra un experimentado defensor de Chacarita Juniors. Ese día la Franja ganó 1 a 0 , lo dirigió Aristóbulo Deambrossi y Duarte, Brauvano, Núñez, Jiménez Díaz, Villalba, Olivera, Bustos, Mateo Mendoza, Brítez, Caballero acompañaron al Chueco en la victoria.
Racing Club de Avellaneda lo adquirió y en los Albicelestes brilló junto a grandes jugadores del momento. Fillol, Scotta, Quique Wolff, Lámelza y tantos otros fueron testigos de aquellos encuentros televisados en blanco y negro por el viejo Canal 7 que nos traía la imagen de Tito y sus desbordes.
Una seria lesión interrumpió sus arranques en lo mejor de su carrera.
Volvió después y jugó en los celestes de Temperley, pero ya no era el mismo.
Compartí con él el curso de directores técnicos, supe de sus inquietudes, de sus anhelos, que después volcó en la enseñanza de los secretos del fútbol a cientos de chicos que escuchaban con atención los consejos del entrenador y compartía con ellos su experiencia como ex jugador profesional.
Dirigió al club Luz y Fuerza en el esplendor de esa entidad dentro del fútbol posadeño.
Alejado de su gran pasión, hace unos días me dijeron que te fuiste. Mentira. La huella que dejaste quedará como una impronta en cada niño o joven que recibió tus palabras, serias, sinceras, comprometidas. Como una señal para el futuro.
No importa el monumento, no importa el pedestal. Sigo divisando la estela, la magia, el dribling, el regate de esa zurda. Es la misma que pude ver cuando niño, una tarde en la cancha número 4 de Radioparque en los torneos de LIFAM. La que disfrutó Villa Sarita. La que vieron cientos de locos sueltos en el viejo Cilindro de Avellaneda. Y estoy celoso de los ángeles, que hoy pueden verlo desde el cielo.

Fuente: Edén Fernández, en El Territorio.

1 comentario

    • Daniel el 26 agosto 2010 a las 21:29

    Querido Noguera, si habré disfrutado tus desbordes y centros para los goles del Tola Scotta… Que manera de gambetear, que wing izquierdo, por Dios… Hoy estarás tirandole centros al mismo Tola allá arriba, gracias por todo lo que nos diste a los que eramos pibes hinchas de Racing en aquellos años… Hasta siempre…

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