«A los gobiernos que usan el fútbol nunca les va bien»

«La gente no se engaña», dice el politólogo francés, especialista en geopolítica del deporte.

«A los gobiernos que quieren usar el fútbol en provecho propio nunca les va bien», sostiene Pascal Boniface, uno de los politólogos más reconocidos de Francia.

Boniface es director del Instituto de las Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS, por sus siglas en francés), pero dice que el fútbol es su verdadera especialidad. «Yo pienso que el fútbol es la última etapa de la mundialización. No hay nada que esté más globalizado», dice Boniface (de 53 años), secretario general de la Fundación del Fútbol, una entidad que promueve este deporte en el nivel amateur para reforzar la integración social en Francia.

Boniface, caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia, dice que el fútbol puede definirse como un «fenómeno globalizador específico», suerte de punta de lanza de un orden mundial en ciernes. «Los símbolos de la globalización son Internet, la economía de mercado y la democracia, pero el fútbol tiene una dimensión mayor que todo eso. Y además tiene otras particularidades: primero, no está dominado por Estados Unidos. La multipolaridad existe en el fútbol desde hace mucho tiempo. Segundo, se acusa a la globalización de borrar las identidades nacionales y, en cambio, el fútbol las acentúa», explica.

Añade Boniface que cuando juega una selección nacional cualquier país se transforma en un estadio y que sus habitantes coinciden en el apoyo al equipo, sean cuales fueren sus diferencias étnicas, religiosas y políticas. «Y eso pasa tanto en los viejos Estados nación, como la Argentina y Francia, como en los Estados jóvenes, como los resultantes del desmembramiento de la URSS y de Yugoslavia, que pidieron al mismo tiempo la adhesión a la ONU y a la FIFA, porque el equipo de fútbol es más visible que una embajada.»

En la teoría clásica del derecho internacional, un país es un Estado, una población y un gobierno. «Pero hay un cuarto elemento, que es el equipo nacional de fútbol, que federa a todo un país», señala Boniface.

-¿Pero no cree que el fútbol también puede promover rivalidades artificiales y que estas rivalidades pueden desembocar en la violencia?

-No hay que confundir. Siempre hay hooligans y siempre hay rivalidades: entre Boca y River, entre París y Marsella. Pero ¿andarían mejor las sociedades argentina y francesa sin el fútbol? Si se observan todos los vínculos sociales que genera el fútbol, el querer vivir juntos en ese sentimiento, uno se puede preguntar qué harían los millones de personas que juegan al fútbol el fin de semana si no lo hicieran. ¿Jugarían al polo? ¿Al bridge? No. En ciertos medios muy desfavorecidos, el fútbol sigue estructurando a la sociedad. Los jóvenes se encuentran, y hay una disciplina que no tienen en otros lugares. Y los días lunes, el tema en las escuelas, la oficina o la universidad ¿cuál es? El fútbol…

-En la Argentina, últimamente se decidió que el fútbol se viera gratis por televisión. ¿Cree que hay una utilización política del Gobierno?

-Siempre existe esa acusación de que el fútbol es el opio de los pueblos. Pero la gente no se engaña. A los regímenes que quisieron utilizar en provecho propio el fútbol finalmente nunca les fue bien. Vuelvo a recuerdos dolorosos: el Mundial del 78 no sirvió a los fines del gobierno militar argentino. En Francia, mucha gente decía que había que boicotear ese Mundial porque lo había organizado una dictadura militar. Pero nunca hubo tantos artículos sobre la dictadura militar y la represión como en esa época. En 1998, cuando Irán se clasificó para el Mundial, mujeres y hombres se manifestaron en la calle, vivando al equipo. Y eso es algo que no se podía hacer. El estadio es el lugar en el que la gente se puede expresar en los países en los que no se permiten las manifestaciones callejeras. Se puede reprimir una manifestación en la calle, pero es imposible hacer callar a todo un estadio.

-Pero ¿no hubo una guerra provocada por el fútbol?

-En realidad, en 1969, antes de la Copa del Mundo de México, había una tensión extremadamente fuerte entre Honduras y El Salvador, y ese partido por la clasificación fue la chispa que encendió un barril de pólvora que ya estaba. Es algo similar al asesinato del archiduque de Austria antes de la Primera Guerra Mundial. También ocurre lo opuesto: el presidente turco fue a Armenia el año pasado porque jugaban las selecciones de ambos países. Los militares turcos eran reticentes a la visita, pero no podían impedirle que fuera a apoyar al equipo nacional, incluso a un país sin relaciones con el suyo. Y ese hecho puso en marcha un proceso diplomático que ahora va a llegar a instancias de paz.

-Dejemos por un momento el fútbol. ¿Cuál es su opinión sobre el presidente Obama?

-Por su trayectoria y su recorrido personal, Obama es un producto del multilateralismo. En sus relaciones con muchos países, Estados Unidos no está ya en esa actitud tradicional del maestro que les enseña a sus alumnos. Por ejemplo, el nuevo premier japonés dijo que tomará distancia de la diplomacia norteamericana, y eso no fue un problema para Obama. Tampoco es visto como un gesto de antinorteamericanismo que los países latinoamericanos se organicen política y económicamente.

-¿No cree que este enfoque multilateral de Obama no se percibe en su decisión de que tropas norteamericanas operen en Colombia?

-Esa decisión parece ir en sentido contrario al de las demás. Fue muy mal recibida por todos los países de América latina, con excepción de Colombia, y sin embargo Obama la mantiene. Es más una decisión tomada en relación con la política interior que con la política exterior.

El personaje
PASCAL BONIFACE
Politólogo francés
Nació en: París, en 1956.
Cargos: es director del Instituto de las Relaciones Internacionales y Estratégicas y secretario general de la Fundación del Fútbol.
Distinciones: es caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia y de la Orden Nacional de la Legión de Honor.
Ensayos: ha escrito unos 40 libros sobre política exterior y geopolítica del deporte.

Fuente: diario La Nación.

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