Era un duelo de necesitados. De equipos golpeados. Y había que cambiar la imagen. Pero la responsabilidad la tenía Crucero, que era local. Y a la hora de responder, respondió.
Por la segunda fecha de la zona B de la ronda Clausura del Argentino, el Colectivero derrotó a Racing de Córdoba 1-0, se recuperó de la caída en el debut y ahora espera con marcado optimismo el partido de este miércoles ante el líder Talleres de Córdoba.
Después de un arranque con susto (antes del minuto de juego Gaona le tapó un remate a quemarropa a Herrera), el equipo misionero comenzó a marcar diferencias sobre su rival. Con los regresos del uno jardinense y Cabrera y la presentación de Márquez en el ataque, el Colectivero dejó en claro que aún conserva esa chapa que le dio el pasado Apertura. Racing quiso jugar de igual a igual, pero con el correr de los minutos se dio cuenta que la ecuación no era lo más conveniente.
Duré, ante la falta de Soto y Brítez se vistió de conductor, y con él manejando los hilos, Crucero originó, en pocos minutos, al menos cinco chances clarísimas de gol, pero la eficaz tarea de primer línea (le anuló un gol al propio Duré y otro a Matto) la buena tarea del “suplente” Antonio en el arco cordobés y hasta el palo impidieron que el conjunto misionero encuentre la apertura.
Activo Gamarra en el círculo central, Marczuk desbordando por derecha y con un Semino muy animado a la hora de encarar rivales, Crucero necesitó sólo segundos para transformarse en el dueño absoluto de las acciones.
La Academia cordobesa, lejos de ser ese equipo respetado de años anteriores se mostró como un rival endeble, errático y hasta temeroso. Excepto Bergesse, que intentó transmitir tranquilidad, el resto fue pura confusión.
Pero como suele sucederle con frecuencia, Crucero no supo concretar aquello que originó. Y por eso el primer tiempo durmió sin novedades en los arcos.
Acá estoy
La superioridad que había evidenciado el Colectivero durante 30 minutos en la primera parte tuvo su merecido premio en el inicio mismo del complemento. Iban sólo dos minutos cuando Cabrera, tras una de esas proyecciones picantes como productivas, metió un pase perfecto en cortada para Márquez, y el atacante con toda la tranquilidad del mundo, la puso abajocontra un palo para comenzar a responderle a un equipo hambriento de goles.
Ese gol, más la inmediata expulsión de Fernández, comenzaron a otorgarle el triunfo al local. Aparecieron los espacios, con ellos nuevas ocasiones de gol, pero la impericia de los atacantes y alguna que otra individual de más, mantuvieron a Crucero arriba sólo por la mínima.
Racing se había resignado, y lo único que quedaba era esperar el pitazo final para volver a ganar en casa. Para volver a ser protagonista. Para volver a soñar.




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