Empezó el verdadero torneo para Crucero. Y por suerte las cosas arrancaron de la mejor manera. Porque el debut en el Pentagonal final del Argentino A fue con un claro como entusiasta triunfo 3-0 sobre Gimnasia de Ente Ríos. Con dosis de buen fútbol, personalidad y sobre todo ganas, el Colectivero superó su primer escollo en la segunda ronda del Clausura y ahora piensa en Brown, el miércoles en Puerto Madryn, para alimentar ese sueño de llegar a las finales del torneo.
Ayer le costó, es cierto, más que nada por el estado del terreno, pero en el segundo tiempo no perdonó lo que sí en la primera parte y terminó redondeando una muy buena actuación ante su gente.
Amplio dominador
El partido se jugó desde el minuto cero al 90 en campo entrerriano. El dominio del Colectivero jamás entró en tela de juicio. Pero este Crucero, se sabe, no es el mismo que el del año pasado. Este origina mucho más en el arco de enfrente, pero convierte mucho menos.
El reaparecido Franco Cabrera contó con dos clarísimas chances para abrir el marcador, pero en ambas se lució Rougier.
La persistencia de Raschle en mantener el 3-4-1-2 como local hizo que el partido tenga un solo dominador, cuestión valorable desde lo mental. Y fue esa valoración la que fue convenciendo a cada jugador del Colectivero de que las cosas venían bien.
Superior también en lo futbolístico, lo que más le costó al anfitrión fue traducir en gol todo lo que fabricó a partir de la elaboración de Brítez en el medio.
Pero no sólo Polaquito dejó escapar sus posibilidades frente al arco, ya que Martín Sánchez le ahogó increíblemente el grito a Yegros Tejada al despejar de cabeza un centro de Cabrera que tenía destino de red.
El Lobo entrerriano, que al igual que Crucero logró la clasificación al Pentagonal en la última fecha de la fase regular, mostró una liviandad sorprendente en el plano ofensivo, y la única que tuvo –un derechazo de Padilla que tapó Gaona- nació por un mal pase de Márquez hacia atrás.
Después de un primer tiempo que sólo por casualidad descansó en cero, la pregunta era saber si el complicado estado del campo de juego permitiría mantener la intensidad con la que se jugó en la primera parte.
Temor a lesiones, expulsiones y, sobre todo, la recarga física que significa jugar en un terreno tan pesado de cara al choque del miércoles en Puerto Madryn, seguramente habrán sido cuestiones que pensó Raschle para encarar el complemento.
Pero afortunadamente no hubo que esperar demasiado para ver cómo respondería la cabeza y también las piernas a las circunstancias, porque en su primer ataque profundo, Yegros Tejada conectó de volea un centro preciso de Mosevich y estableció el 1-0, esperado a esa altura de los acontecimientos.
El gol llegó en un momento justo, porque unos minutos más y los nervios seguramente se iban a hacer sentir.
Era un tanto como para bajarle la persiana al juego, controlar las acciones y manejar la desesperación rival. Y menos mal que Quiroga dejó su categoría de lado y definió muy mal un centro bajo de Padilla totalmente solo frente a Gaona, porque otra podría haber sido la historia.
Con el ingreso de Ferreyra el Lobo entrerriano creció, jugó más cerca del arquero misionero y no llegó a la igualdad sólo porque Andermatten le dio con alma y vida a una pelota que, definida de otra manera, podría haber inflado las redes del uno jardinense.
Pero así como Gimnasia no fue letal en el arco ajeno, sí lo fue Crucero, que definió el pleito a los 38’ después de una polémica jugada que creó Márquez y definió Yegros Tejada en soledad. El propio ex delantero de Guaraní hizo hat trick tras una gran maniobra previa del Cuqui que tuvo continuidad en el ingresado Duré ya en tiempo de descuento.
La solvencia de Semino en la última línea, el criterioso trabajo de Gamarra en el círculo central y las constantes exigencias de Romero y Mosevich por los laterales cimentaron las bases de un triunfo incuestionable.
Por la vuelta al triunfo, la diferencia de gol –que puede llegar a tener injerencia-, y también porque por momentos se volvió a las bases, Crucero tiene motivos para creer.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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