El Darwinismo aplicado al fútbol argentino

Seguramente, usted conozca la famosa teoría de Charles Darwin, que fuera lanzada allí por el año 1959, y permitiera dar el salto de calidad a las ciencias naturales, para brindarles la supremacía por sobre las leyes divinas y los postulados filosóficos, que, hasta el momento, eran dominantes.
Ahora, y desde hace rato ya, podemos ver el darwinismo aplicado al fútbol argentino. En este caso, me voy a remitir de manera excluyente al Torneo Argentino “A”, pero está claro que no es, ni por asomo, la única categoría del fútbol del país en que se evidencia este fenómeno.
Darwin afirmó que las leyes de la naturaleza convertían indefectiblemente al juego entre especies, en un juego por la supervivencia. En el camino sinuoso que significaba la evolución, tan sólo sobreviviría el más apto, el más fuerte.
El tema se plantea ahora, cuando el evolucionismo lo aplica el hombre, en una lucha que tiene como único objetivo el poder. Es decir, ya no se trata de una selección “natural”, sino que es llevada a cabo enteramente por decisiones humanas.
Ya no hablamos de animales ni de especies. Se trata de equipos de fútbol pero, por sobre todas las cosas, de instituciones sociales de contención ciudadana. Y eso es lo más terrible. Que el hegemónico e inapelable poder del Consejo Federal se aplique contra los clubes del Argentino “A”, y no a favor de los mismos. Lo paradójico es que, el Consejo que debería intentar agrupar a los clubes, consensuar opiniones, y de esa forma protegerlos e intentar, equilibradamente, buscar soluciones económicas y deportivas, se convierta en un enemigo acérrimo de las instituciones que tienen la suerte – aunque a veces, cuando se hace el balance a fin de año, suene a desgracia – de disputar un torneo de tercera categoría nacional.
La manera en que el Consejo Federal actúa hace acordar al hombre guiando a un rebaño de ovejas, que no tienen manera de oponer su resistencia. Pareciera que trabaja al grito de “Sálvese quien pueda” o, emparentándolo con la teoría darwinista: “Aquellos clubes que no tengan lo necesario para jugar un campeonato de esta dimensión, que consigan dinero o se hagan a un lado, aquí sólo los más aptos sobreviven”.
El campeonato no tiene un formato definido ni mucho menos. Por el contrario, todos los años se lo cambia y, muchas veces, a falta de escasísimo tiempo para su inicio, nadie conoce de qué manera se jugará. Es más, es tan poco claro, que incluso los mismos clubes participantes malentendieron algunos pormenores de la intrincada manera de definirse, principalmente en cuanto a los pentagonales finales. También, podemos incluir la manera completamente totalitaria en la que el Consejo se manejó para cambiar la fecha de los partidos, cuando faltaban muy pocas horas para que comenzaran (por ejemplo, Huracán de Tres Arroyos debía visitar a Villa Mitre un domingo, y días antes le avisaron que tenía que estar el sábado para disputar el encuentro). Hablando de modificaciones sobre la marcha, que hacen pensar en la falta de claridad y transparencia del reglamento aplicado por quienes mandan, los clubes que disputan los pentagonales se enteraron hace tan sólo una semana que, si quieren ascender, deben jugar, de acá a un mes, al menos ocho encuentros. Hay que tener en cuenta, que los viajes son completamente largos y tediosos, no deben jugar ocho partidos en Capital Federal, sino a lo largo de todo el país. Prohibido olvidar que la economía de los clubes no permite viajar en avión. Así es que parece difícil imaginar a un equipo jugando los miércoles como local, y viajando de una punta del país a la otra, en micro, para jugar a la pelota los fines de semana. Sin embargo, esto es cierto.
Por otra parte, los aportes económicos prometidos a los clubes hace un tiempo atrás, no fueron tales, y eso complica bastante la situación institucional teniendo en cuenta que sí se tomaron medidas para profesionalizar la categoría, por ejemplo obligando a tener contratos profesionales para la mayor parte de jugadores del plantel profesional.
La televisión también dejó de lado nuestra querida categoría. Tan sólo se televisa un partido por semana (cuando se televisa) por América 24. Sin embargo, los clubes de la Primera “B” Metropolitana tienen ingresos por televisación mucho mayores, ya que los televisa de manera mucho más completa TyC Sports, siendo que son categorías hermanas.
Así, no siendo defendidos ni protegidos por el Consejo Federal, los clubes deben tomar medidas bastante drásticas para continuar disputando el torneo. Muchos buscan empresas sponsors que les permiten pagar, en parte, los ingresos destinados al fútbol. Otros, eligen un camino aún más complejo, que los lleva a dejar de lado su amor propio, ese amor propio que significa ser independiente, ser digno dueño de lo que te pertenece, de lo que tanto querés. Ese camino es el gerenciamiento por parte de grandes empresas que lucran con el dolor ajeno, tal como sucedió en Córdoba, y ahora pasará en San Luis. En estas condiciones, la venta de aquellos jugadores que comienzan a asomar la cabecita, aparece como uno de los caminos más fáciles.
Dicho esto, se puede llegar a una conclusión. Jugar el Argentino “A” debería significar un gran halago para cualquier institución. Sin embargo, en este contexto, para muchas entidades esto significa cargar una mochila demasiado pesada sobre sus espaldas.
Mi mayor deseo es que el respetado Consejo Federal comience a tomar sus decisiones de manera menos apresurada, y en consenso con los clubes o, al menos, teniendo una comunicación mucho más fluida con los mismos. Además, sería adecuado que revean la manera de disputa y los subsidios para los participantes. Tengo plena confianza en que esto tiene que cambiar, y cambiar para mejor.

Santiago Menichelli, www.Huracanta.es.tl

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