Claudio González: «El fútbol me dio muchas alegrías»

Claudio González: "El fútbol me dio muchas alegrías"Se siente que Claudio González tiene ganas de hablar del otro lado del teléfono, después de tantos amagos, como en sus mejores épocas en una cancha de fútbol, para la entrevista. “Estuve esperando tu llamado”, confía el Ñato ex delantero de Mitre, Yerbatero, Huracán (de Tres Arroyos), Patronato, Independiente, Talleres de Córdoba, Rosario Central, Cobreloa (Chile) y el cordobés General Paz Juniors.
Radicado hace escasos meses en la localidad de Villa María y con 34 años recién cumplidos -el último domingo- hoy aprovecha para acompañar el crecimiento de Juan Ignacio -de un año y medio- y reflexiona: “El fútbol me dio muchas alegrías”.

¿Cuál fue tu último partido?
Con Paz Juniors en Tucumán (por el Argentino B, en octubre del 2007), con un equipo de Morteros (Concepción). Después esa semana, es algo extraño que siempre escuchaba y lo pude comprobar. Me levanté, me miré frente al espejo y dije: ‘hasta acá llegué’. Fui al club, hablé con el presidente, todo bien y ya no tenía las ganas de antes y dejé. Ahí no jugué nunca más, ni un picado y hace dos meses empecé a jugar de nuevo.

¿La lesión incidió?
Sí, tuvo mucho que ver (sufrió fractura de tibia y peroné). Estuve un año sin hacer nada y viste que en el fútbol parás un mes y te cuesta una eternidad volver. Y siempre me gustó entrenar y acá no podía ni caminar y al forzar los músculos me vivía desgarrando. Fue un montón de cosas que uno analizó y si el fútbol me dio tantas cosas lindas, hoy que puedo dejar, bueno lo decidimos con mi mujer. Por lo poco o mucho que hemos hecho en el fútbol hoy uno puede vivir bien.

¿Y hoy de qué vivís?
Tengo propiedades en Córdoba, también la casa y mi mujer también. Estamos bien, gracias a Dios, disfrutando de la familia.

¿Creés que pudiste haber hecho una carrera más extensa?
Por el estado físico que tenía podía haber jugado hasta los 35. Pero como te dije, uno empezó muy de abajo, me costó un montón porque siempre jugué Argentino A, Argentino B, Torneo del Interior y en primera división jugué a los 25 años recién en Independiente. Entonces uno evalúa todas esas cosas, yo me junto a comer asados y cuento esa historia y me dicen ‘qué mala suerte tuviste’. Y no, yo he pasado cosas muy lindas en el fútbol. Que te compre Independiente con 25 años de un equipo del Argentino A es muy difícil. Entonces, el fútbol me ha dado más alegrías que tristezas.

¿Cuál fue tu mejor momento?
El año que estuve en Cobreloa, estuve muy bien, había jugado catorce partidos y había hecho 10 goles, la gente me quería. Pasa que acá la gente se acuerda de Talleres porque ahí exploté.

¿Y el peor?
En Central, por más que hemos llegado a cuartos de final en Libertadores, he jugado varios partidos, pero no fue lo esperado. Pasa que a mí me llevan cuando lo venden a Luciano Figueroa y éramos distintos, él era nueve y había salido goleador. Y me tiraron mucha presión encima y nunca me caractericé por ser goleador. Y me costó un montón porque Rosario es una ciudad futbolera, hubo momentos en que se me negaba el gol y no podía salir ni a la esquina.

¿Y el gol que más gritaste?
Y por lo que significó, todavía la gente se acuerda, el que la ganamos a Boca (fue 3-1) que venía campeón del mundo en el Chateau. Fue en 2003, venía puntero y aparte porque toda mi familia es hincha de Boca y le ganamos y me querían matar (risas).

¿Qué técnico te marcó?
Siempre digo que marcaron el Pato (José Omar Pastoriza) y el Checho (Sergio Batista). Por ejemplo, con la confianza que jugábamos con el Checho Batista. Daba la charla, iba jugador por jugador y te decía: ‘¿cómo te levantaste hoy? Si te levantaste bien estamos tranquilos’. También el Pato Pastoriza, un fenómeno.

¿Y aquel que no te dejó nada?
Con el que tuve un problema fue con (Luis) Cubilla, que está en Olimpia ahora. Tuve una agarrada fuerte y uno de los dos tenía que irse. Y la dirigencia decidió que se vaya el técnico, porque ése era mi mejor momento.

¿Te jugaron mala leche alguna vez?
Dios me iluminó… No es que me jugaron mala pasada, por ejemplo. La Vieja (Gerardo) Reinoso fue muy importante en lo futbolístico. Éramos compañeros en Patronato y después fue mi representante, él me llevó a Independiente. Cuando me venden a Central, me jugó una mala pasada y a mí me dolió, porque éramos amigos. Por el porcentaje de la venta él le estaba pasando al contador de Central una cuenta en Estados Unidos para que deposite ahí, viste. Y vi de reojo y eso me dejó marcado de lo malo del fútbol, pero más me dolió. Y después nos separamos.

Se rompió un código humano…Sí, sí, te digo la verdad. La diferencia económica había hecho cuando me compra Central. Imaginate que si se portaba mal conmigo me iba a quedar sin nada. Yo tenía un contrato firmado de representaciones, pero para ser representante tenés que ser agente Fifa. Qué significa? Tenés que tener una garantía de 300 mil dólares. Ahí todos los contratos que firmás con un jugador tienen validez. Pero yo le reconocía porque él siempre estuvo bien conmigo. Pero cuando me fui a Chile me quiso reclamar y ahí me puse firme y no pudo reclamar nada. Pero lo hice porque había actuado de mala manera.

¿Salías mucho de noche?
No, no tranquilo. Obviamente, yo era soltero, jugaba en un club importante. No te voy a decir que no salía, pero en una ciudad como Rosario no podés hacer nada. Entonces buscan cosas… y Córdoba es una ciudad donde descansan sólo el lunes. Es la ciudad donde más noche hay. Nunca se dijo nada porque anduve bien, y como Central había invertido tanta plata y no anduve bien empezaron a decir cosas. Viste como es.

¿Existe la incentivación?
Sí, sí. Ese partido que te dije de Boca (que ganaron con Talleres), River nos había ofrecido 150 mil pesos por sacar un empate. Imaginate, hacía tres meses que no cobrábamos en Talleres, fijate como salimos en ese partido. A los quince minutos ganábamos 3 a 0. Yo estoy de acuerdo siempre y cuando sea para adelante, lo que pasa es que en el fútbol se sabe todo, entonces ir para atrás no existe. Yo pongo las manos en el fuego por cualquier jugador que nadie va para atrás pero la incentivación para ganar un partido, para mí está bien.
Entonces te duele cuando se recuerda ese partido con Yerbatero ante Huracán de Tres Arroyos y que digan que no diste todo (NdeR: fue expulsado y después pasó a Huracán).
Lo que pasa es que después aparecí jugando en Huracán. Siempre fui de temperamento fuerte, estaba llena la cancha y son circunstancias. Pero uno se acostumbra a eso y juega al límite.

¿A qué le atribuís lo que lograste?
Principalmente al sacrificio. Siempre me acuerdo de los técnicos de ahí, del profesor (Carlos) Boede, me acuerdo del equipo humilde que teníamos y que llegamos lejos. Y después, uno tiene el destino marcado, las cosas pasan por algo. Uno en la vida tiene su premio y gracias a Dios tengo un nombre en el fútbol por el sacrificio.

Fuente: territoriodigital.com

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