Hubo emociones, goles, mucha gente y buen fútbol. Y aunque sólo faltó la victoria albiceleste, el amistoso internacional entre los seleccionados sub 20 de Argentina y Paraguay se vivió como una gran fiesta en Villa Sarita.
El 3-3 que protagonizaron albicelestes y rojiblancos en el estadio Clemente Fernández de Oliveira conformó largamente a las casi 5 mil personas que llegaron a la cancha, aunque tras el pitazo final hubo un dejo de desazón porque la victoria local, que parecía historia juzgada con el 3-1 promediando el complemento, se escapó cerca del final.
Pero en definitiva la paridad premió a los dos. O mejor dicho, al espectáculo que intentaron plasmar en el impecable césped de Villa Sarita. Lo de “partido amistoso” fue más que nada una excusa, porque los paraguayos, fieles a su historia, salieron a jugar con el cuchillo entre los dientes. Y los pupilos de Walter Perazzo, con la premisa de jugar por abajo, intentaron dejar algo de su sello en su paso por la tierra colorada.
Lastimosamente el tiempo no colaboró con la fiesta, porque hasta una hora antes del inicio del juego aún caían algunas gotas molestas. Pero con el correr de los minutos desaparecieron las nubes, por momentos salió el sol y la gente decidió sumarse a la fiesta deportiva.
Buen espectáculo y justo empate
Sin nombres rutilantes, pero con la inagotable cantera de buenos valores que tiene cada club de Primera División, Argentina se encontró de entrada con un rival que, a diferencia de años anteriores, ahora evidencia un juego prolijo y a ras del suelo. Aunque a veces repite errores defensivos, como el que sucedió a los 4’, cuando Facundo Ferreyra mostró su categoría y definió abajo para el 1-0.
A partir de la apertura Leandro Chaparro y Lucas Rodríguez trataron de comandar las acciones nacionales, pero en reiteradas oportunidades chocaron con la fortaleza física de los mediocampistas visitantes.
Jorge Ortega, el atacante de Tacuary, fue el hombre más desequilibrante de la Albirroja, aunque su movilidad y picardía no encontraron un socio en los cuales apoyarse.
La gente, que aplaudió cada lujo argentino y sólo optó por silenciar cada acción destacable de la visita, se fue adaptando a lo que sucedía dentro del campo. Hasta que a los 35’ llegó el anticipo ofensivo del propio Ortega tras un córner y selló el 1-1.
Pero lo mejor estaba por venir. Ambos sabían que tenían argumentos como para mostrar algo mejor que el pobre 0-0 que protagonizaron en Resistencia el pasado lunes, en una cancha poco favorable.
Pero ayer el césped contribuyó, los dos se animaron y por eso las expectativas estuvieron a la orden del día.
Ferreyra otra vez se mostró más despierto que el resto en el inicio del complemento y a los 8’ adelantó a Argentina, que en una ráfaga de buen juego llegó al tercero a través de un golazo de Tagliafico.
Pero el amor propio de los paraguayos, sumado a un par de fallos nacionales, le dieron a Paraguay no sólo la chance de descontar, a los 25’, a través nuevamente de Ortega, sino de llegar a la paridad, a los 38’, por intermedio de un cabezazo de Gustavo Gómez. Así, lo que debía haber sido una fiesta completa quedó opacada sólo porque la Copa Voto Cataratas se la llevó Paraguay, según decidieron los organizadores.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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