El primer pedido de refuerzos de Falcioni para el próximo campeonato ya se concretó: el misionero Diego Rivero. En la noche del lunes, los clubes se pusieron de acuerdo y Boca compró su pase antes de la fecha de vencimiento del préstamo, así no ocupa una de las dos plazas que habrá en el receso veraniego.
El Burrito llegó a Boca a principio de año junto con Falcioni. Si bien el técnico no lo puso entre sus prioridades, en cuanto se lo ofrecieron no dudó ni un segundo. De hecho, por esta razón, el jugador de 30 años se manifestó agradecido con el DT en más de una oportunidad. Y desde ya hace unos meses el propio JC venía insistiendo con la compra del pase. El negocio se cerró a cambio de 1.350.000 dólares para San Lorenzo y no incluye ningún jugador a préstamo (se había mencionado la chance de que fuera cedido Jesús Méndez).
De esta manera, Rivero no llenará ninguna de las dos plazas de refuerzos para el próximo receso y, Falcioni o el técnico que sea, podrá pensar en traer dos jugadores nuevos para disputar el torneo local, la Libertadores y la Copa Argentina.
Un gran campeonato
El volante Xeneize tuvo un buen nivel durante el torneo y logró sobreponerse a algunas lesiones. Se ganó un lugar en el esquema del Emperador y derrochó garra en cada partido. El Burrito quiere ganar la Libertadores y quedarse con un trofeo internacional en el último tramo de su carrera.
Hace treinta años Diego Rivero no tenía la menor idea de su futuro. En esos tiempos Misiones se preparaba como cuna para ver nacer al Burrito. Desde Puerto Esperanza a Buenos Aires, desde el Bajo Flores a La Boca el volante derecho arribó al equipo de Falcioni en búsqueda de un lugar y de continuidad en el juego. Se acomodó en el lugar que le sienta bien y se puso la camiseta número ocho para quedarse plantado en el equipo titular.
Rivero se encargó de aportar marca, ida y vuelta, y presión en el medio campo. Se complementó a la perfección con Somoza y Erviti, y junto a ellos generó un esquema veloz, preciso y aceitado para cumplir con los relevos de los laterales y quitarle la pelota al rival. Los tres se movieron en bloque y buscaron complementarse en el ataque, cuando el equipo lo necesitaba, o en la defensa, cuando los rivales buscaban penetrar y herir el área de Orión.
El pueblo Xeneize lo aprendió a querer durante el Apertura y lo despidió con un masivo aplauso cuando se retiró de la cancha el último partido. El club decidió comprarle el pase a San Lorenzo y ahora es cien por ciento jugador de Boca. Rivero llegó para quedarse y ahora buscará aportar su experiencia y potencia para lograr su primer título internacional.




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