Fileppi volvió a sonreir en Córdoba

Fileppi volvió a sonreir en CórdobaClaudio Fileppi dejó atrás la dura etapa en Mendoza, donde la pasó mal con los barras, y priorizó la familia; hoy es pieza clave de Instituto, el líder de la Primera B Nacional.
La sombra se convierte en refugio indispensable para la charla. Despegarse del calor es el desafío cuando todavía es momento de la siesta misionera. En eso, irrumpe un pequeño de apenas dos años que exclama “hola” y vocifera con seguridad cuando se lo consulta por el nombre del papá: “Instituto”, esgrime con la inocencia a cuestas.
Bautista es testigo directo, mientras su papá, Claudio Fileppi, comienza a desmenuzar lo que fue “el comentario” del barrio hace escasas semanas, cuando dio el sí junto a su flamante esposa Aimé, la compañera desde hace seis años. “Hicimos acá, con unas mesas y decoraron toda la casa, estuvo lindo”, confía el futbolista, quien le agregó una sonrisa cuando se le consultó si era cierto que la parrilla con el asado cubría toda la vereda de la casa paterna.
“Supuestamente iba a ser el año que viene, pero decidimos hacerlo ahora, lo que nos pasó en Mendoza nos fortaleció bastante y ahora nos está yendo bien en Córdoba, así que estamos re bien”, sintetiza el Caio.
Nuevamente Bautista interviene, como si fuera un clamor de cualquier cancha de fútbol: “Caio, Caio, Caio…”, expresa el pequeño, como si bancara este momento después de las malas que se vivieron durante el primer semestre en Independiente Rivadavia de Mendoza. “Fue durísimo, todo el quilombo que pasó en Mendoza y rescindí contrato. Tuve quilombo con los barras, y en Córdoba todo lo contrario”, recuerda el futbolista.
Claudio profundiza acerca de lo que sucedió: “Como no nos iba bien, la barra iba casi siempre, y a lo último se metían en el vestuario con fierros. No se podía entrenar, estaba insoportable. Y después se agarraron conmigo, porque era el que más había jugado y por ahí uno de los más grandes. Y en el último partido que jugué (derrota con Deportivo Merlo), cuando iba con mi señora en el auto, me quisieron pegar y después, al otro día me enviaron mensajes amenazándome”.
El relato es sin casete. Fileppi confió que ningún dirigente se acercó a pedirle que continúe y que le iban a otorgar seguridad, entonces “más que nada decidí por la familia, ellos sabían dónde vivía, fue duro, pero bueno, después de algo malo, lo bueno”.
El mediocampista por izquierda contextualiza acerca de lo que se presentó en la segunda mitad del año. Hubo un sondeo con All Boys, pero como no se dio, su representante le comunicó que Instituto lo quería; es más, hasta el DT Darío Franco lo llamó. “La verdad no esperaba que salieran las cosas tan bien, se formó un buen grupo. Y el cuerpo técnico es muy bueno”.
“A veces llegás a un club y el técnico te dice que no te pidió. Y en este caso, me llamó él y me dijo que necesitaba un jugador de mis características. Los partidos que no jugué fueron por lesión o cinco amarillas. Me da mucha confianza, la pelota parada la manejo yo, habla mucho conmigo, me usa en tres posiciones: enganche, doble cinco o volante por izquierda, y me siento cómodo”, destaca respecto de qué le pide el entrenador.
El Caio cuenta que no esperaba que el equipo se convierta en uno de los protagonistas de manera tan rápida, pero sí “notaba el trabajo del técnico, cómo quería que juguemos. A él no le gusta que los defensores tiren por arriba; que salgan jugando, igual que el arquero, que juguemos a uno o dos toques siempre por abajo. Y eso me sorprendió. Pensaba en la pretemporada, que si laburábamos como él quería las cosas iban a salir como hasta ahora. De a poquito le fuimos agarrando la mano y para nosotros es más cómodo. Hay equipos que nos hacen partido un tiempo, porque estamos bien físicamente, terminamos enteros”, precisa.
Fileppi insiste en que la mano del DT es clave: “Al que no juega siempre los tiene bien, si tiene que sacar a algún grande lo hace, a los chicos que pone los banca, como pasó con Dybala (Paulo, uno de los goleadores del torneo)”, aunque también aclara que la competencia no es sencilla, “tenemos un plantel corto”, se ataja el zurdo, quien argumenta: “El torneo es duro, es largo, estamos bien pero falta una rueda. Después tenés a los equipos grandes que te hacen difícil, tenemos partidos duros en cancha de River, Huracán, con Ferro. Pero estamos confiados, tenemos para pelear entre los cuatro”.
A partir de 5 de enero retomarán los trabajos de pretemporada y el 4 del mes siguiente se reiniciará el certamen, ante Ferro, en Caballito. “Los dos primeros partidos son claves, de visitante hay que tratar de no perder y como local ganar sí o sí. Eso es clave para aspirar al ascenso”.
El posadeño, quien lleva tres goles en el torneo de la B Nacional, cree que la paridad entre la segunda división y la primera la “hicieron River, Central, todos los de primera que bajaron. Creo que ahora se juega bastante bien en la B Nacional, parecido a la primera”, y recuerda cuando al principio no tenía la seguridad de aceptar un ofrecimiento de B Nacional: “Necesitaba continuidad, porque en primera no la tuve. Pero es difícil bajar a la B y después subir, ahora estoy bien, me siento cómodo, sé que el algún momento me va a tocar volver a primera”.
A los 27 años mantiene la tranquilidad de sus comienzos, como lo explica el propio protagonista, “ahora juego más tranquilo”, mientras espera qué puede suceder a mitad de año, cuando expire la temporada. Con el pase en su poder, Instituto tiene la opción de compra, “estoy cómodo, es un club ordenado, muy lindo para jugar”.
Luego de Racing, llegaron Gimnasia de Jujuy -también en primera- y los dos años en Independiente Rivadavia de Mendoza, donde lo tuvo como presidente al empresario Daniel Vila, el principal opositor a Julio Grondona. “Iba siempre a los partidos de local y de visitante estaba también, me llevaba bien, no hablaba siempre pero hasta ahí nomás”, confió el jugador acerca del dirigente.
A punto de bajarse el telón del 2011, Instituto está dos puntos arriba de River en el campeonato (con 18 de las 38 fechas jugadas), todavía con un largo recorrido. “Seduce el exterior, pero si ascendemos me gustaría quedarme para jugar en primera. Aunque si sale algo del exterior, obvio que lo económico no es lo mismo que acá”.

¿Y la Gloria sube?
Esperemos, ojalá que sí. Hay buen plantel, el torneo es duro, tenés equipos fuertes, grandes. Si mejoramos los errores de la primera parte podemos dar pelea.

Fuente; territoriodigital.com

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