El Rojo jugó mejor que su rival en el primer tiempo y contó con las situaciones más claras. El arquero Sebastián Saja tuvo tres atajadas fantásticas (a Miranda, al posadeño Martín Benítez y Montenegro) y mantuvo la paridad. Después, lo ayudó el travesaño tras un toque del propio Benítez.
El de Independiente, le tapó un mano a mano a Sand y un cabezazo a Ortiz. Al final fue 0-0.
Nunca andan a la par. Ni que hablar de ponerse una mano en el hombro. Se desafían y, si los dejan, serían capaces de darse mordiscos. Marchan por caminos separados. En los colores, en la idiosincrasia y hasta en el juego. Cambian. Mutan. Tratan de reinventarse según los objetivos. Independiente no es el mismo cuando tiene enfrente la camiseta celeste y blanca. Racing, como un toro, modifica los gestos cuando queda nariz con nariz con el color rojo. Por eso son capaces de entretener, incluso, en una amistoso de verano y con tribunas a medio poblar. Ellos, los que se miran de reojo, llevan ese condimento extra que hace que un 0-0 pueda dejar cierto picor en el paladar.
Independiente se habrá llevado una mejor sensación. Avivó la esperanza en el comienzo del año en el que luchará por la permanencia. De Racing se espera más. No es que haya sido un desastre, pero fue superado y mantuvo el resultado de la mano de Saja, la figura.
Podrán sacarse distintas conclusiones. Claro que una saltará primero a la vista: las reacciones respecto de los primeros partidos fueron inversas. A diferencia del 0-2 con River, y esta vez con más titulares y con , Independiente tuvo otras inquietudes, una aceleración diferente. Se notó la mejoría. Y Racing, que entusiasmó con el 2-1 frente a Boca, pareció con las piernas pesadas. Camoranesi no asumió el liderazgo. Villar no acertó demasiado. Hauche se quedó a mitad de camino. Sand no se conectó. En síntesis, sin conceptos apresurados, el equipo dirigido por Luis Zubeldía retrocedió un paso.
Saja puso un vidrio blindado en el arco de Racing. De su elasticidad y reflejos dependió la rabieta de Independiente. La Academia avanzó sin demasiada fuerza en los primeros momentos. Y los Rojos patearon desde lejos y llevaron peligro. Primero, Miranda, de 19 años, de halagüeño debut. Respondió el N° 1. Después, Benítez. Sí, otra vez el guardavalla. Más tarde, con un tiro libre, Montenegro, que pareció intacto en el comienzo de la cuarta etapa en el club. A estas alturas, ¿adivinó? Claro: el asunto se resolvió con otra volada de Saja. Sus manos sostuvieron la igualdad, pero no disimularon el estatismo de Racing. Eso sin contar una emboquilla de Benítez que rebotó en el travesaño.
La única señal negativa para Américo Gallego fue la molestia de Santana en el muslo izquierdo. Apenas duró 20 minutos en la cancha. Fue cuando revivieron los viejos fantasmas de las lesiones que lo perturbaron durante buena parte del torneo Inicial, sobre todo en los jugadores más experimentados. Monserrat, de todos modos, entró bien y se adaptó rápido al circuito en el medio campo. Independiente nunca soltó la batuta del desarrollo, más allá que, por momentos, reguló el ritmo y evitó el cansancio prematuro.
Racing pareció despabilarse después de un rato. No estuvo tan sincronizado como su rival, pero, al menos, llevó peligro con un tiro desde lejos de Zuculini y con un centro cruzado de Hauche. Y hasta puso en apuros a Diego Rodríguez, que supo hacerse fuerte ante un tiro violento de Camoranesi y un cabezazo de Ortiz. Tuvieron sus momentos. Se despidieron con un empate. Aunque Independiente se llevó un pulgar para arriba.
Ene 18



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