La pesadilla de los futbolistas

La pesadilla de los futbolistasAsustan, meten miedo. Se convirtieron en la peor de las pesadillas. Las lesiones por rotura de ligamentos se tornaron frecuentes en la práctica deportiva. Y en particular, entre los futbolistas. Esta lesión ligamentosa tan frecuente, según los expertos, involucra en quienes la padecen fuerzas de desaceleración, hiperextensión y rotación. Estudios recientes indican que la rotura aislada del ligamentos cruzado anterior (LCA) representa casi la mitad de las lesiones ligamentosas.
El tratamiento de la rotura del LCA es de resorte quirúrgico en la gran mayoría de los casos. Pero el avance de la ciencia hoy permite que con un tratamiento y rehabilitación rigurosa puedan volver a la práctica deportiva. En otros tiempos el futbolista que sufría este tipo de lesión debía comenzar a despedirse de su práctica profesional.
El traumatólogo Avelino Neffa se desempeñó durante 20 años al frente del departamento médico de Atlético Tucumán. También es un profesional muy consultado al respecto en el noroeste argentino. Con él dialogó LG Deportiva para conocer detalles de esta lesión y su recuperación.

-¿Qué es el ligamento cruzadoanterior?

– Es una estructura intraarticular de la rodilla que evita la traslación anterior de la tibia. En otras palabras, impide que esta se desplace hacia adelante. También existe un ligamento cruzado posterior que cumple una función inversa. Pero las lesiones que se sufren en el ligamento cruzado anterior son más frecuentes.

-¿A qué se debe que esta lesión sea tan habitual?

– Una estadística resalta que el 90 % de estas lesiones en la rodilla se producen solas y el otro 10% es por traumatismo directo en la cara externa de la rodilla. Cuando ésta se abre, produce una lesión del ligamento cruzado. Y son espontáneas, por un mecanismo de rotación interna del fémur y de rotación externa de la tibia. Claro está que con la pierna abierta hacia afuera. Esto hace que el pie se clave, rote el cuerpo y se produzca la rotura del ligamento. Lo cual le ocasiona al jugador no sólo impotencia funcional y dolor, sino también una sensación de inestabilidad. Asimismo, al transcurrir las horas, colecciona sangre, se edematiza y le provoca una hermatrosis.

-¿Es accesible para un profesional realizar un diagnóstico claro en el mismo momento de ocurrir la lesión?

– Un médico avezado tiene más posibilidades de efectuar el diagnóstico en ese instante. Pero con el advenimiento de nuevas técnicas de diagnóstico, como la resonancia magnética nuclear, se confirma o descarta cualquier duda para diagnosticar dicha lesión. Este tipo de estudio nos permite certificar en un 99% la lesión de este ligamento y otras lesiones asociadas.

-¿Una vez que se comprueba la lesión qué pasos deben seguirse?

– Establecida la lesión, hecho el diagnóstico, el médico debe abocarse al tratamiento. Efectuar una «plástica de reconstrucción del ligamento cruzado anterior. Es decir, reemplazar ese ligamento por otra estructura (injerto), que le devuelva la estabilidad a la rodilla. Ese es el objetivo primordial que nos lleva a operar la rodilla. Con esto podemos prevenir artrosis futuras, lesiones asociadas meniscales, y un desgaste prematuro de la articulación.

-¿Por qué hoy son más frecuentes este tipo de lesiones?

– Este tipo de lesiones siempre existieron. Ahora trascienden más los casos porque antes eran 10.000 personas las que practicaba deporte y ahora son un millón, por decirlo de alguna manera. La diferencia es que antes se rompían, no se hacía el diagnóstico, lo operaban de meniscos y no podía jugar más. Esas eran roturas de ligamentos cruzados anteriores que no eran diagnosticadas. Esto se debía a que en esos tiempos no se hacía correctamente la semiología y no había lo que hoy tiene un médico para hacer un diagnóstico a partir de un examen complementario como es una resonancia magnética. Aquellos pacientes terminaban con artrosis terribles en la rodilla y nunca sabían que en realidad lo que se les había roto era el ligamento.

-¿Cómo se lleva adelante el tratamiento de recuperación?

– En esto, el médico debe ser cauto y darle al paciente las indicaciones precisas de que la incorporación de un injerto dura de seis a ocho meses. Nunca se debe intentar que el jugador, sobre todos aquellos de alto rendimiento, vuelva antes a un campo de juego. Si esto se produce corremos el riesgo que el injerto se rompa, porque lleva un período biológico de incorporación hasta que eso revasculariza y tiene vida propia, adquiriendo resistencia.

-Existen otros estudios que indican que el injerto que proviene del propio paciente termina siendo el más eficiente ¿Es así?

– Los libros dicen que es lo más aconsejable. Esto es porque el injerto tiene vida propia y se incorpora al organismo más rápidamente. Además tenés menos posibilidades de ruptura.

– ¿Hay factores que amplían los riesgos en estas clases de lesiones?

– Sí… De la mano van dos factores que influyen para que ello ocurra: los malos campos de juego y los calzados que hoy usan los jugadores. Esto predispone a un esguince o que se clave el pie. Esto hace que el cuerpo siga hacia delante, con el pie fijo y rompa el ligamento cruzado anterior. También tenemos que mencionar la intensidad de cargas que hoy tienen los trabajos. Antes, un futbolista jugaba parado, porque se tocaba y se tocaba constantemente. Ahora se corre mucho. Son verdaderos atletas y eso los hace tener mayor predisposición a poder romperse la rodilla, porque la práctica es más intensa. En lo que se refiere a los botines, ahora vienen con menos tapones. Esto aumenta el riesgo a que el pie se clave en el piso, al tener menos puntos de apoyo.

-¿Por qué antes el jugador sufría mas lesiones en el tobillo que en la rodilla?

– Todo tiene que ver con los cambios que se producen tanto en el estado de los campos de juego, como en el modelo de los calzados, la intensidad de los entrenamientos y el roce físico que se produce en los partidos.

-¿Quienes sufrieron este tipo de lesiones están propensos a repetirlas?

– Manejo un lema que dice que lo que hace Dios es perfecto. El ligamento cruzado anterior lo hace Dios y se rompe. Con esto quiero decir que existen posibilidades que vuelva a romperse. Pero lo que sí puedo asegurar es que es más resistente el injerto que el ligamento que traemos desde que nacemos. Eso no es algo que lo digo yo, sino que está en los libros.

Fuente: La Gaceta.

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