“Qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada, soñar y nada más, con los ojos abiertos”. El reconocido cantautor Kevin Johansen plasmó en la memoria de los argentinos este estribillo en una de sus más populares canciones; la misma que invita a reflexionar profundamente.
Un estribillo que bien puede aplicarse a la jornada inolvidable que vivió este martes el público presente en el polideportivo del Consejo de Deportes con la selección argentina de futsal para ciegos, más reconocida como Los Murciélagos, que pisó la tierra colorada para dejar su huella. Y la manera de demostrarlo fue a través de una clínica y tres partidos de enorme categoría en la arena del Consejo.
Tan sólo bastó que pisaran el parqué, y las tribunas estallaron en aplausos de reconocimiento al esfuerzo y la capacidad de mirar el mundo como un discapacitado, sin la posibilidad de observar, pero con el enorme ímpetu de saber afrontar las adversidades.
La clínica ya era una realidad y los oídos se prestaron a escuchar. “Vengo de una familia humilde, donde compartíamos todo”, inauguró Diego Cereda, defensor del seleccionado bicampeón mundial. “Y en estos años aprendí bastante, por eso les puedo decir que los torneos que ganamos fueron para ustedes”, agregó, descomprimiendo un ambiente tenso hasta ese momento.
“Mis problemas de visión empezaron desde los seis meses de vida, ya a los nueve el ojo derecho se vio comprometido y a los 20 meses se deterioró definitivamente”, recordó el oriundo de Buenos Aires.

Diferencias. Los Murciélagos jugaron amistosos con los chicos de Crucero (Foto: Marcos Otaño, El Territorio)
“La pregunta, entonces, no fue por qué a mí, sino por qué no a mí; en estas condiciones me fui al instituto, me dieron herramientas y me invitaron a jugar al fútbol; pesaba más de 110 kilos y me era más fácil saltar que darme vuelta”, dijo entre risas, “pero me lo propuse, adelgacé, me disfracé de celeste y blanco y fui campeón”, remarcó. “Yo con la selección olvidé todo lo que me pasó”, finalizó, provocando gritos de euforia.

Digno de imitar. Las limitaciones visuales no son un impedimento para los futbolistas no videntes, y así lo hicieron notar en el parqué del Consejo de Deportes (Foto: Marcos Otaño, El Territorio)
En ese clima y a las palabras de Cereda se les sumaron las del atacante con más técnica de Los Murciélagos, Gustavo Maidana: “Siempre me gustó jugar al fútbol y cuando quedé ciego a los nueve años pensé que el mundo se me venía abajo, pero Dios tenía algo bueno que darme y fue representar a mi país”, destacó el joven de 18 años que en cada gol levanta su cabeza al cielo y lo dedica con sus manos al inventor de su realidad.
Otro ejemplo
El fútbol de salón para ciegos consiste en cinco jugadores por cada bando, como el futsal convencional, pero con dos particularidades: una pelota que al moverse produce sonidos y un arquero que tiene la posibilidad de ver.
Para la albiceleste, el encargado de esa fundamental tarea es Daniel Lencina. “Me inicié en el club bonaerense de Comunicaciones y descubrí este mundo de los bastones. Al principio me constaba aceptarlo, pero con el correr de los años ya había hecho mi juicio de valores y me di cuenta de que a pesar de no tener el sentido de la visión, ellos juegan como cualquier persona”, remarcó el arquero. “Entonces sentí que ya no había diferencias; eso sí, cuando llegó mi primer gol en contra casi me morí, no podía dormir”, agregó Lencina, apostando al humor que caracteriza sus vidas.
La clínica se cerró y los partidos despertaron la curiosidad de todos, hasta la del mismísimo gobernador de la provincia.
Los Murciélagos jugaron frente la selección posadeña de fustal para ciegos, reconocida como Los Magos, y el equipo liguero de Crucero del Norte. Partidos extraños para el público, aunque partidazos para los verdaderos entendidos en la materia.
Fue una tarde-noche inolvidable, que dejó recuerdos gratos en los presentes.
Quizás la frase “con los ojos abiertos”, de Johansen, no se refiera a lo físico, sino a lo que se puede alcanzar cuando la superación está a flor de piel. “Qué lindo que es soñar, y no te cuesta nada más que tiempo”.
Fuente: El Territorio.




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