«Los de atrás siempre vamos a quedar expuestos»

Pese a la falta de continuidad en Mónaco, Romero fue decisivo hasta ahora (Foto La Nación)

Pese a la falta de continuidad en Mónaco, Romero fue decisivo hasta ahora (Foto La Nación)

Si algo siente el misionero Sergio Romero en esta Copa del Mundo es que creció en confianza. Que cada vez que los rivales lo exigieron en los partidos de este Mundial, salió a escena el futbolista de los tiempos en que se apoderó del arco argentino, aquel 8 de septiembre de 2009, frente a Paraguay, en Asunción; cuando Diego Maradona era el técnico y el seleccionado penaba por alcanzar la clasificación a Sudáfrica. Sabe que no se puede dormir en los laureles ni permitirse la autocomplacencia. El equipo dirigido por Alejandro Sabella necesita de su firmeza, ya que el aspecto defensivo no es justamente el punto fuerte del seleccionado.
La falta de continuidad en Mónaco lo intranquilizaba a él y al cuerpo técnico. Apenas tres partidos en la temporada pasada aumentaban los interrogantes en un puesto en el que la experiencia y el rodaje es lo que da el respaldo. Aunque admite que los últimos años fueron duros en su vida profesional, siempre mantuvo la calma, no se desesperó por los comentarios que generaba su situación. Se apoyó en en su familia -su mujer, Eliana Guercio, y sus hijas, Jazmín y Chloé-, en sus compañeros del seleccionado y en el cuerpo técnico. «Sentí un respaldo muy grande de Alejandro y de mis compañeros, que son unos fenómenos conmigo. ¡Cómo no me voy a matar por ellos en cada pelota! Yo quería ser el arquero de la selección en Brasil y si hoy estoy cumpliendo ese sueño es por ellos», cuenta este joven de 27 años, nacido en Misiones y criado en Chubut, donde lo llamaban «Checho» y que de pequeño dudaba entre ser arquero o jugar de N° 9, o entre ser futbolista o basquetbolista.

– Si hace cinco años te decían que ibas a ser el arquero de la selección en dos mundiales consecutivos, ¿qué contestabas?
-Te preguntaba qué tomaste (risas). Pensaba que estabas loco. Ojo, desde los tiempos que estuve en los juveniles siempre tuve fe, pero la verdad es que lo que vino después superó todos los sueños. Pero reconozco que en ese tiempo quizá me podía imaginar como tercer arquero. Defender el arco de la selección supera cualquier sueño que uno puede tener como futbolista.

-Con Suiza, como en casi todos los partidos del Mundial, fueron unos fieles exponentes de la angustia trasladada al juego. ¿Cómo lo vivís?
-En todo el Mundial nos tocó sufrir. Con Suiza fueron 120 minutos de mucha tensión, pero fue muy rescatable el trabajo de mis compañeros, que nunca se entregaron y que siempre corrieron y dejaron todo en la cancha. Por suerte, nos llevamos la victoria. Fue un gran desahogo. Este grupo se lo merecía.

-Fuiste un testigo privilegiado de la última jugada ante los suizos, donde la pelota impactó en el palo, después rebotó en un rival y terminó afuera. ¿Cómo fueron tus pulsaciones?
-Sinceramente, nunca pensé que pegaba en el palo. Pensé que mi ubicación estaba más cerca del palo e intuí que se iba afuera. En un segundo me pasaron sensaciones encontradas. Era el momento justo para caer de rodillas y agradecer a Dios por la suerte. El fútbol es cuestión de táctica, de talento, pero también de suerte a veces. Ahora que la vi varias veces por televisión es de no creer.

-¿Por qué se le hacen tan difíciles todos los partidos a la Argentina?
-No nos pasa a nosotros solos, a otros equipos también les pasó. Desde que arrancó el Mundial, nosotros sabíamos que en cualquier momento los muchachos. los monstruos que tenemos arriba podían definir las historias. Ya lo demostraron contra Irán, cuando en el último minuto vino el 1 a 0. Contra Suiza también. Si el resto mantiene el cero en nuestro arco, ellos van a destrabar el juego. Las características de nuestros jugadores así lo determinan.

-Entonces es cosa juzgada: será así hasta el final…
-Es que jamás se puede poner en la misma balanza el ataque y al resto de las líneas. Es la realidad, la Argentina en ofensiva tiene a jugadores que son de otro nivel: contra Messi, el mejor del mundo, y por quienes jueguen a su lado, los de atrás siempre vamos a quedar expuestos. Sí tendremos que pararnos mejor para que la Argentina no sufra tanto atrás y despliegue su ataque. Hay que limar las cosas que nos faltan. Tiempo para trabajar no sobra, pero hay que hacerlo. Lo más importante es que sigamos trabajando y entregando el ciento por ciento como lo venimos haciendo. Todos estamos muy comprometidos con nuestro sueño. Esperemos seguir en carrera.

-Antes del Mundial, ¿pensaste que podías dejar de ser titular en la selección?
-Que el entrenador te brinde confianza y tranquilidad es lo más importante. Nunca te podés dormir sin ese cosquilleo por vestir el buzo de la selección y por superarte. Siempre creí en mis condiciones y nunca quise perder este puesto, porque es algo que me emociona, me moviliza. Amo estar en la selección. Somos casi como una familia, porque somos más que amigos acá adentro. Por eso lo bueno es estar, compartir y sacar los partidos adelante. Así vamos a llegar lejos.

-¿Este Mundial representaba una revancha para vos?
-Para nada. No es una revancha por lo que se dijo de mí. Gracias a Dios les puedo dar una mano a mis compañeros cuando me toca y con eso me alcanza.

Fuente: Cancha Llena.

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