La de Exequiel Flores es una de esas historias de vida que demuestran que de las adversidades, por más duras que parezcan, se puede salir adelante y buscar un futuro mejor. Ni la separación de sus padres cuando era tan solo un niño, ni la muerte de su hermano en plena adolescencia, le impidieron a este joven posadeño de 19 años seguir luchando por un sueño que tuvo desde chico: ser futbolista profesional.
Hace poco más de un mes que Exequiel, quien se desempeña en el puesto de arquero, se encuentra entrenando bajo las órdenes del reconocido exfutbolista Gabriel Milito con la reserva del Club Atlético Independiente de Avellaneda.
Pero este logro, el más importante de su corta carrera como deportista, lo consiguió luego de pasar por innumerables momentos difíciles que tanto él como su familia supieron transformarlos en un aprendizaje para salir adelante.
Siempre apoyado por su fe en Dios, Exequiel fue saltando con perseverancia cada barrera que se le presentó tanto en el plano deportivo como en la vida misma.
Nacido en el populoso barrio de Villa Cabello el 18 de septiembre de 1994, esta promesa del fútbol misionero dio sus primeros pasos como jugador en el ex club Rowing (actual CAPRI). Allí fue donde se formó y descubrió su pasión por el fútbol, esa pasión que hoy lo llevó a estar en la reserva de uno de los clubes más importantes del mundo como Independiente.
A diferencia de lo que sucede con muchos chicos que sueñan con llegar algún día a la elite del fútbol argentino -que son incentivados por sus padres-, quienes apoyaron y apoyan a Exequiel para alcanzar su sueño fueron su mamá Noemí y su tía Hilda.
“La que siempre me dio fuerzas para soportar los momentos complicados fue mi mamá. Ella fue madre y padre a la vez”, aseguró Exequiel en diálogo con El Territorio desde la localidad bonaerense de Wilde, donde vive actualmente junto con otros compañeros de la reserva del Rojo.
Pero su tía Hilda también lo alentó y acompañó para que siguiera adelante, brindándole su apoyo moral y hasta algunas veces económico.
A fines de 2011, y con 17 años recién cumplidos, a Exequiel le llegó la oportunidad de probarse en Colón de Santa Fe gracias a la ayuda de Héctor Luis De Olivera, el padre de Jorge, actual arquero de Guaraní Antonio Franco.
“Estuve dos meses a prueba en Colón pero no quedé y volví a Posadas. Pero a fin de año Héctor me consiguió para hacer una prueba en Independiente. Yo fui pensando que no iba a quedar en un club tan grande, pero tuve la suerte de andar bien durante la prueba y me llamaron para hacer la pretemporada con la 5ª división”, recordó.
Un año antes de esa experiencia a los Flores les tocó atravesar el momento más triste de sus vidas por el fallecimiento de Leonardo, el hermano mayor de Exequiel, quien se ahogó en el arroyo Mártires.
“Justo ese día yo estaba entrenando ahí en el Rowing cuando me enteré. Estábamos destruidos, pero mi mamá siempre nos alentó en seguir adelante”, valoró. Y con el peso de tener que dejar a su mamá y hermanos en Posadas, Exequiel se trasladó a Buenos Aires para atajar en inferiores de Independiente bajo las órdenes de dos históricos jugadores del fútbol argentino como José “Pepé” Santoro y Ricardo “Chivo” Pavoni y, a pesar de que durante mucho tiempo estuvo tapado por otros compañeros, perseveró hasta que le llegó la chance de atajar.
“En 5ª estuve casi seis meses sin atajar, sólo entrenaba, pero yo quería jugar y comencé a perder la paciencia. Tenía ganas de largar todo y volver a estar con mi familia en Posadas. Pero mi mamá me decía que no. Que luche por mi sueño. Así fue que un día por la lesión del arquero titular me tocó atajar contra Banfield y me fue muy bien. Me gané la titularidad y mantuve el arco invicto durante cinco fechas. Ahí se produjo un gran cambio para mí”, manifestó.
Ese golpe de suerte le cambió la cabeza a Exequiel, quien comenzó a entrenar más duro y de a poco fue ganándose un lugar en la consideración de Pepé Santoro y el Chivo Pavoni. Fueron ellos quienes durante las vacaciones de julio de este año, cuando él se encontraba en Posadas, le avisaron que Gabriel Milito lo tenía entre sus planes y pensaba llevarlo a entrenar con el plantel de reserva.
Noticia que se terminó confirmando a principios de agosto, cuando el ex defensor de la selección argentina lo incluyó entre sus jugadores. “Si bien todavía no logré nada, para mí es una emoción que me entrene un gigante del fútbol como Milito. Todo esto no hubiese sido posible sin el apoyo de toda las personas que estuvieron conmigo a lo largo de mi vida, como mis amigos del barrio, mis familiares, la gente del CAPRI, que me había dado una beca ya que no podía pagar la cuota, mi primer entrenador José “Palo” Ortega y todos los que me ayudaron”, agradeció Exequiel.
Fuente: El Territorio.



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