Un domingo sin fútbol no es domingo…

control remoto y teleUn domingo sin fútbol no es un domingo cualquiera. Al menos para nosotros. Para aquellos fanáticos y para los no tanto. Para aquellos que nos acostumbramos a vivir ese día de descanso con algo que nos recuerde que la pelota existe. Y que ese día, más que cualquier otro, no puede estar ausente.
Encender la televisión un domingo y que los distintos canales informativos no te bombardeen con noticias futboleras parece algo fuera de lo común.
Encender la radio y sólo escuchar música en las diferentes estaciones sin quedar aturdidos por al menos alguna transmisión deportiva también suena medio raro. Nuestros sentidos están tan acostumbrados que no aceptan esa indiferencia.
Nosotros, hombres apasionados por la redonda, más allá de si nuestro equipo preferido juega o no juega, sabemos que el domingo no es un día más de la semana.

Es un día en que todo gira alrededor de la pelota. Nos levantamos tarde, sobre todo si terminamos agitados en la noche anterior, armamos el protocolo semanal del suculento almuerzo y nos acomodamos, panchos, haciendo la sobremesa a la espera de que comience el show.
Ahora, con el Fútbol para Todos que nos permite ver todos los partidos de manera gratuita desde cualquier televisor, la sala de estar pasa a ser ese espacio que nos convoca domingo a domingo.
Hoy es domingo. Pero, a decir verdad, un domingo muerto. Triste. De duelo. Nublado aunque el sol brille radiante. NO HAY FÚTBOL. Así lo sentimos.
Y sólo nosotros somos capaces de sentir algo tan fuerte por ese simple hecho. Casi todas las mujeres, y algunos que otros hombres también, nos mirarán sorprendidos sin entender demasiado. ¿Y a este loco qué le pasa? Y aunque nos pregunten una y otra vez, seremos incapaces de responder… -Nada… Porque la ausencia de fútbol no tiene remedio.
Ojalá se curase tan fácil. El mejor asado del mundo no se disfruta igual un domingo si en el transcurso de la tarde no hay fútbol. No digamos acudir a la cancha, sino simplemente prender la TV o encender la radio para que otros nos permitan ver o transmitir lo que sucede en el verde césped.
Las pastas de la abuela, tan deliciosas al almuerzo, nos caerán pesadas si más tarde no se digieren con algo de fútbol.
ES DOMINGO SEÑORES. Seguimos sin aceptar la triste realidad que nos toca vivir. Qué hacemos. No importa. Cualquier cosa que hagamos seguramente la haremos con menos ganas. Tal vez mal predispuestos. Ya está. Nos sacaron nuestro juguete favorito. Haremos catarsis leyendo un diario del domingo anterior, qué se yo.
Insistiremos en la tele y nos encontraremos con algún programa que reedite la campaña de algún campeón. Y nos bancaremos frente a la TV aunque se trate del equipo rival de toda la vida. Pero qué va a ser. El fútbol nos convoca y sentimos esa necesidad de hacer contacto.
El fernet con coca, la cerveza o simplemente el mate tendrán otro gustito a la tarde si no gira la redonda en vivo y en directo. Y no sólo es la falta de fútbol lo que nos amargará el día. Eso se potenciará aún más porque sabemos que nuestras mujeres lo disfrutarán más que cualquier logro personal. No lo harán de mala leche, claro está, pero ellas también se acostumbraron a perder cada domingo el mano a mano con la pelota en las cuestiones del amor. Los domingos amamos más el fútbol que a nuestras mujeres, no jodamos.
Ni siquiera entendemos que son unos pocos domingos al año sin fútbol. UN DOMINGO SIN FÚTBOL NO ES DOMINGO. Es como un cielo sin estrellas. Como un circo sin payasos. Como un mariachi sin tequila. Como un corazón sin sangre. Feliz domingo.

Fuente: El Territorio.

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