Sergio Romero se restrega la nariz porque un resfrío lo tiene algo molesto. Suelta alguna sonrisa, porque su naturaleza lo empuja. Es enérgico en sus afirmaciones e igual de intenso cuando habla del amor que siente por la selección argentina. Se toca el escudo de la AFA, como representación de lo que le pasa internamente vestido de celeste y blanco. Y allí su tono de voz se eleva al punto de que se advierte un eco en el inmenso salón del cuarto piso del hotel Westin, donde habló de muchos temas, en la previa al juego con Perú, por las Eliminatorias Rusia 2018.
Algunas luces lo molestan y entrecierra los ojos. Juega con sus ojotas celestes sobre las mullidas alfombras. Mira de reojo como para indicar que no quieren que lo interrumpa cuando habla de Ubaldo Matildo Fillol, de Gustavo Campagnulo o de sus ilusiones hacia el futuro. Es el arquero con más presencias en la historia del seleccionado, con 81 participaciones (con 55 goles en contra), lleva ocho años como el guardián argentino, pero dice que esas cuestiones estadísticas no le «mueven la aguja». Y por cómo lo dice, es imposible no creerle.
-¿Te sigue generando cosas estar acá?
-Sin duda. Estoy feliz de haber sido convocado nuevamente. Siempre me pasa. Ahora sólo pienso en llevar los tres puntos para la Argentina. No es fácil, pero las eliminatorias son así.
–¿Qué implica para vos tener el récord de presencias en el arco de la Argentina?
-No me gusta mucho mirar eso de los números. Por ahí mis amigos me lo recuerdan o mi señora me pregunta. Pero no estoy pendiente. Ahora, bien, cuando lo pienso es algo increíble. El estar tanto tiempo en el arco de la selección. Uno sabe que no se puede dormir en los laureles. Y cuando me dicen que antes lo tenía el Pato. ¿Qué te puedo decir? Es un grande, le tengo un cariño especial. Fue la persona que me dio el empujón en Racing. Cuando todos me decían que subía por 15 días a la primera para experimentar lo que era estar con los profesionales, el loco me palmeó el hombro y me dijo «vos de acá no te movés» ¿Sabés lo que era para mí con 17 años estar en la primera de Racing? Me llevó a la Sub 20 de Pancho Ferraro, además habló muy bien de mí cuando me llamó el Coco Basile para la selección mayor. Me gustaría que por cada partido que yo sume acá, él también lo haga para que el Pato siga teniendo el récord.
-No pensás en los números, ¿para no desenfocarte?
-Mi foco es muy claro. No me importa estar jugando en el Manchester United, yo quiero jugar en la selección Argentina. Es lógico que si juego en el Manchester es mucho mejor, porque todo se simplifica. Yo tengo un solo objetivo en la vida que es defender el arco de la selección Argentina hasta que no sé, venga el entrenador me toque el hombro y me diga «se acabó tu tiempo», que venga el siguiente. Trabajo y me esfuerzo por lo que es este escudo (se toca con vehemencia el pecho), por lo que es mi país.
-Cuando Messi renunció a la selección, eras el más optimista acerca de su vuelta. ¿Por qué?
-La sensación que tenía era que Leo tenía la calentura del momento, de las finales perdidas, de decir no es para mí, no vengo más ¿Cómo no va a ser para él esta camiseta? ¿Cómo no va a tener el de arriba algo guardado para él con esta camiseta?
-Eso sentís, ¿Que Dios algo tiene guardado para Messi?
-Sí, para él y Dios quiera que estemos nosotros ayudándolo. Y si llega ese momento, tenemos que disfrutarlo.
-¿Sos tan hincha de la selección como de Racing?
-Sí, sin duda. Tengo el mismo amor. No recuerdo ya cuánto hace que me fui de Racing, pero te aseguro que me sigo quedando hasta la tres o cuatro de la mañana para ver los partidos en vivo de la Academia. Ahí, en la pensión de Racing, aprendí muchas cosas. Tuve claro que ya no estaba más en mi casa y no podía tomar el fútbol como un hobbie. Ahí me planteé mis objetivos y uno de esos era llegar a la selección. Y hoy, después de tanto tiempo acá, sigo pendiente de saber antes si está mi nombre entre los convocados y sigo esperando que el entrenador me diga que juego. Tengo unas cosquillas en el estómago que me hacen sentir de una manera especial a la selección.
-Ahora también te toca reencontrarte con Campagnulo, otro hombre que conociste en Racing.
-Es un fenómeno. Lo conocí cuando volvió a Racing, era el ídolo. Era el arquero que todos querían tener. Desde el día uno, Campa, era quien me daba los guantes a mí. Yo se los sacaba o él me traía guantes nuevos. Tenemos una gran relación. Haber encontrado una persona como la que es Gustavo, es un hallazgo en mi vida.
-¿Qué implica para vos que la gente te identifique como un jugador de la selección?
-Una alegría inmensa. Me hubiera gustado que digan que soy jugador de un club y que soy titular indiscutido, algo a lo que todos apuntamos cuando jugamos al fútbol. Pero sé que no es fácil. En 2013, cuando fui a Mónaco, todos pensaban que iba a jugar, pero Subasic (Danije) ese año tapó todo y fuimos a la preliminar de Champions porque el loco tapó todo. Y uno sabe que cuando aparecen esas situaciones, no queda otra que esperar el momento. Se me hizo muy difícil en los últimos años, más allá de que todos los entrenadores confiaron en mí. Por suerte Alejandro (Sabella) me dio el empujón que necesitaba. Y me dio el arco de la selección a toda costa, un poco encaprichado casi. Con todos los técnicos sé que tengo que dar un poco más para estar en este lugar, por el hecho de no jugar en mi club.
-Te duele eso, ¿no?
-Tal cual. Pero porque así nadie pondría en duda mi nombre en la selección. Se me criticó porque no jugaba en mi club, no porque no lo hacía bien acá. Lo que me da alegría es haber revertido esa mirada con buenas actuaciones acá.
-¿Cómo manejás la ansiedad de no jugar en tu club?
-No tengo ansiedad. Tengo objetivos, que es diferente. Trato de entrenarme al máximo, incluso, más fuerte que el titular. Pero lo hago porque tengo mis metas. Sé que quiero estar acá, que quiero jugar contra Perú y hacerlo bien.
-Y ese trabajo, ¿es interno o recurrís a algún especialista?
-Mi señora es la que se banca todo. Es como mi psicóloga. Vuelvo a casa y le cuento lo mucho o lo poco que trabajé y ella sabe qué decirme porque conoce cuáles son mis objetivos. Tengo una mujer de fierro, que se banca a dos chicos en la casa y tiene un marido que cuando vuelve del club rayado, sabe cómo bajarlo a tierra y le dice que siga trabajando. Esa es mi realidad.
-¿Cómo se están adaptando al nuevo ciclo?
-Estamos tratando de asumir todos esos mensajes que el Patón nos manda. Con Uruguay salió todo redondo. Con Venezuela fue un partido aparte, todo nos costó, el piso, el ambiente, la pelota.
-Bauza confesó que sueña con llegar a Ezeiza con la Copa del Mundo, ¿eso potencia las esperanzas?
-Es el sueño de todos. Pero no pensamos nada más que en Rusia, queremos ganar todo… La próxima Copa América, todo. Es una realidad. Pero hay que poner los pies sobre la tierra, porque la idea aún está creciendo. Nos estamos adaptando a lo que él nos pide. Buscamos que la selección vuelva a estar en un Mundial. Después hay otros objetivos más grandes. Pero el primer paso es estar y llegar de la mejor manera a Rusia.
Fuente: La Nación.



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