Cuando unos amigos no enrolados en ningún equipo se disponen a jugar un picadito en el barrio, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos.
Generalmente, dos jugadores se enfrentan en un sorteo o en la tradicional ‘pisadita’ para elegir alternativamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros son elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los más ‘troncos’. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances.
En estos casos, el que está esperando ser elegido vive una angustiosa situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal e inequívoco en qué medida lo aceptan o lo rechazan en el grupo.
Casi siempre es así. Pero en el corazón de los barrios más humildes de Posadas, esta misma historia se construye de un modo diferente, más sentimental, pero también más estratégica. Los chicos entendieron -en realidad se los hicieron entender sus formadores- que siempre es mejor jugar con un amigo limitado con la pelota que con un desconocido bien dotado técnicamente.
Y a la hora de elegir con quién jugar, se inclinan por aquellos que están más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces con la redonda. Ellos serán generosos, los ayudarán, los perdonarán y los alentarán. Piensan, y con lógica razón, que vale más compartir una derrota con amigos que una victoria con extraños o indeseables.
Por eso, el torneo de Los Caras Sucias, que tiene como finalidad que los chicos de todos los barrios humildes de Posadas puedan encontrar un lugar donde practicar el deporte más popular del país, crece progresivamente año tras año.
Los populosos barrios de Villa Lanús, San Jorge, San Lorenzo, Parque Adam, Villa Poujade, Fátima, Villa Cariño, El Progreso, Villa Dolores, Santa Rosa, Las Vertientes, Sesquicentenario, A 3-2 y A4, entre otros, están muy bien representados en dicha competencia.
En cada distrito, hay un delegado/técnico que reúne a los chicos, les tira unos conceptos básicos y los llevan a un mundo de sueños del que ninguno quiere despertar. Darles una pelota es darles vida. Es alejarlos de la vagancia, de los malos hábitos. Es potenciar sus valores, sus actitudes, la forma de encarar el mundo que les espera. Es enseñarles el concepto de la amistad. De la solidaridad.
Los propios chicos, con la ayuda de sus padres, semanalmente venden rifas, pollos y empanadas para cubrir los gastos de mantenimiento del predio Santa Rosa, como ser corte de pasto, pintura de arcos y compra de materiales deportivos (red, pelotas, pecheras, etcétera), además de la mantención del baño y los vestuarios. Todo se hace a pulmón. Cada esfuerzo, por minúsculo que sea, tiene su premio. Todo es ad honorem, no se recauda un centavo y los 150 pesos de inscripción que cada equipo invierte previo a cada partido están destinados al arbitraje y a los planilleros.
En cuanto a los premios, afortunadamente siempre aparece alguna casa comercial deportiva o empresa amiga y ayuda a la causa con los trofeos.
Lucas Caballero (que actualmente juega en Crucero del Norte), Miguel Comes (estandarte y figura de Bartolomé Mitre), Mauro Gómez (pasó por Guaraní), Enzo Verón (Atlético Posadas) y Horacio Benítez (Brown) son algunas de las reconocidas caras que hoy están donde están gracias a sus inicios en el certamen de Santa Rosa.
Pero no todo es deportivo en la vida de Los Caras Sucias. Lo social tiene un papel incluso más importante. Los padres y vecinos trabajan de manera articulada en puntos muy complejos, como la drogadicción, la deserción escolar, la violencia familiar, el abuso infantil y la desnutrición. En este sentido, hay un equipo de profesionales que brinda asesoramiento de instituciones que llevan adelante dichas problemáticas.
Así, con la mente puesta en intentar cumplir los derechos establecidos en las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Liga de los Caras Sucias es una herramienta fundamental en la incansable tarea de contener a los chicos más carenciados.
¿Qué es y qué fines persigue la competencia?
El torneo de Los Caras Sucias es una liga de fútbol infantojuvenil comunitaria, creada en el año 1996 en el suburbio de Santa Rosa, que tiene como objetivo la inclusión y la contención de cientos de chicos de los barrios más pobres de la capital provincial.
La competencia está destinada a chicos de entre 6 y 16 años de edad, que juegan en cinco diferentes categorías (sub 8, sub 10, sub 12, sub 14 y sub 16). La liga está conformada por una Comisión Directiva integrada y elegida por los delegados de los diferentes equipos participantes. Cuenta con un reglamento interno de más de 27 reglas y 40 ítems de circulares.
Hay equipos de casi 20 barrios de Posadas y zonas aledañas que juegan tres competencias a lo largo de todo el año: torneo de Verano, Apertura y Clausura.
Fuente: Gustavo Hollmann
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En Miguel Lanús, se sueña con la redonda

Juan Cruz tiene siempre la pelota cerca y el arco entre ceja y ceja. Sueña todos los días con hacer goles (Foto: Facundo Correa)
El sueño del pibe es el que tiene la mayoría de los pibes: jugar al fútbol en Primera División y ponerse la camiseta de River, el club del que es hincha.
Por eso, desde los 4 años, Juan Cruz Zini va siempre al Club Social y Deportivo Atlético Belgrano a pasar sus tardes, a juntarse con sus amigos y a encontrarse en la canchita del barrio Miguel Lanús con la redonda, lo que más le gusta.
A sus 10 años, se imagina compartiendo una delantera con Sebastián Driussi, uno de sus ídolos, y espera poder convertirle a todos los equipos.
Juan Cruz, al igual que más de 100 chicos, es parte del club del barrio que participa del torneo Los Caras Sucias.
El fin de semana es el momento esperado para esos chicos que, como pueden, van hasta la cancha Santa Rosa para mostrar su potencial con jóvenes de otros barrios.
La pelota, claro está, es una excusa para compartir una mañana con los amigos del barrio, para demostrar que en esa canchita del barrio Miguel Lanús hay más como Juan Cruz con ganas de cumplir sus sueños.
El mejor lugar
Cuando es época de clases, apenas suena el timbre de salida, Juan Cruz se va para el club. Se cambia, se pone la camiseta de la Banda (como no podría ser de otra manera) y entrena junto a sus amigos, que cumplen el mismo ritual.
“Nunca falté, sólo un tiempo, porque me fui de vacaciones con mi papá”, contó el niño, mientras hace jueguitos con una pelota de esas viejas que andan dando vueltas por el Atlético Belgrano.
“Yo siempre vengo, porque vivo acá a la vuelta y acá siempre estoy con mis amigos mientras mis papás trabajan”, agregó quien sueña con poder jugar alguna vez “como Messi”.
Es que las instalaciones del club están a una cuadra de la avenida Perón y para muchos pibes son el mejor lugar para pasar las tardes. Durante toda el año, por las tardes y apenas terminan las clases, el lugar se llena. Los profes se dividen los grupos de las cuatro categorías que participan del torneo y entrenan.
Durante el verano, Belgrano también continúa con las puertas abiertas y sigue siendo el lugar preferido de los chicos. Rubén González, delegado del club y vicepresidente de Los Caras Sucias, logró habilitar una pileta y todas las mañanas antes que los chicos lleguen la limpia y la pone a punto para que todos puedan disfrutarla.
Diez minutos adentro de la pileta, diez minutos jugando al fútbol. Así se viven los días de calor en Belgrano.
Las complicaciones para poder ir los fines de semana durante el año a jugar el torneo son moneda corriente. Rubén González, junto a varios padres, vende pollos, organiza rifas y hace lo posible para que los chicos puedan seguir participando.
“A veces tenemos que dirigir nosotros porque no hay plata para los árbitros”, contó quien se encarga desde hace diez años de llevar a los chicos a Santa Rosa.
“Todo cuesta. A veces llegan chicos que no tienen con qué jugar, pero siempre tratamos de hacer el esfuerzo. Es muy importante que los chicos sigan jugando”, profundizó.
Es que Rubén tiene claro que el fútbol es más que sólo un deporte. A través de la redonda, pudo alejar a muchos chicos de los malos vicios que están en el barrio. “Acá a una cuadra está la plaza y si los chicos andan solos a la noche ahí no creo que terminen bien”, se lamentó.
“Ahora tenemos a uno de los profes con contactos en Crucero y ojalá pueda llevar a algunos chicos a probarse. Pero más allá de eso intentamos a través del fútbol de inculcarle valores para la vida. Si después les va bien será mucho gracias a ellos”, agregó González.
En Atlético Belgrano, la apuesta es doble: darle a los chicos un espacio para que se formen como personas y la posibilidad de seguir peleando por sus sueños.
Fuente: Diego Vain
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La oportunidad de retomar el camino

Cardozo (medio) junto a los jóvenes que llevan con orgullo la casaca amarilla de un equipo acostumbrado a batallar frente a las adversidades (Foto: Sixto Fariña)
Cuando la bocha empieza a rodar se terminan los problemas. Por un instante, Messi toma la posta en una modesta canchita del barrio Fátima y sus regates son disfrute de los presentes. Los aplausos bajan de las calles, de las tribunas montadas para la ocasión. Es la tarde soñada del pibe. Lo visten de galera y bastón y sin dudas está para triunfar.
La luna deja caer la noche poniendo fin al partido. Es el momento de despojarse de los botines prestados, devolver la camiseta y seguir soñando… porque esto es lo último que se pierde. El humilde Lionel de Fátima vuelve a su casa, esperando ser Messi otra vez.
El torneo de Los Caras Sucias es mucho más que una oportunidad de mostrarse. Es la posibilidad de aprender los valores importantes de la vida, pilares fundamentales para encarrilar el destino de los descuidados.
El equipo Real Sociedad ocupa un espacio importante en el barrio Fátima. Al final de una recta asfaltada, a la mano izquierda, se levanta la canchita del barrio, templo de culto necesario. Más de 50 chicos de todas las edades llegan de los alrededores para entrenarse, y es allí donde surgen historias.
Con 18 años, Wiliam Cardozo es el único técnico del lugar. Estudiante de profesorado en educación física, Willy tiene a su cargo todas las categorías del equipo. “Desde chico jugaba en este torneo y sé lo que se vive. A los 10 años pasé por esta etapa, el barrio está lleno de gurisada y decidí empaparme en el asunto”.
“Cuando jugué en Los Caras Sucias tuve la posibilidad de ganar, pero de fondo es un torneo que te saca de la vagancia. Jueves, viernes y sábados los chicos se comprometen a no salir por la noche. Lo importante es jugar, después ganar”, agregó.
Este año, Willy comandará las cinco categorías del equipo con la particularidad de no contar con asistentes. “En algunas oportunidades se acerca un padre a ayudar, pero nadie más se preocupa, están en otra. Soy el único técnico”.
“A veces se complica por el estudio y se me olvidan detalles importantes. Los chicos no tienen un método para jugar este tipo de torneos, uno tiene que estar ahí, porque ellos todavía no tienen los valores, tienen que aprender. Esa es la desventaja de estar solo. Si no estoy se pinchan y además tenemos una sola pelota para entrenar, que por cierto ya está algo desinflada”, señaló, dejando escapar una mueca.
Es que la realidad de Real Sociedad no es la mejor. Se sostiene con fuerza de voluntad y la falta de recursos dificulta la labor. De hecho, efectivamente el plantel completo cuenta con un solo esférico.
“A nosotros nos falta más entrenamiento a diferencia de otros equipos del torneo. Mi objetivo es formar una escuelita, tener un horario fijo, tener elementos para entrenar. Hoy hay una pelota y no se puede elaborar una rutina, entonces siempre se juegan partidos para incluirlos a todos”.
“Ya en el torneo tenemos que trasladarnos desde Fátima. Es otra historia porque los padres no se acercan a colaborar, a llevar a sus hijos a la cancha de Santa Rosa… entonces tengo que juntar a los 40 chicos para ir en colectivo de línea. Se complica porque siempre hay algunos que no pueden pagar su pasaje y hay que ayudarlos. Acá es donde se ve la solidaridad porque los propios chicos le pagan a sus compañeros”.
“No siempre fue color de rosas; hubo fechas, por ejemplo, que en todas las categorías jugábamos con ocho chicos en cancha y no con once. Así y todo llegábamos a la final. Siempre hay problemas: pasajes, falta de DNI (no se hacen) y nos arreglamos para completar, se hace lo imposible”, remarca Willy.
“Después de pagar el pasaje y la planilla a algunos les sobra 15 pesos para el pancho, pero eligen darle el dinero a sus compañeros. A eso me refiero de los valores que se ganan”, destacó.
La indumentaria también es un tema aparte. “Tenemos un juego de quince camisetas amarillas para todos los equipos. Nos turnamos para lavarlas porque hay que usarlas viernes, sábado y domingo. Si viene un equipo armado de Posadas, por ejemplo, ellos quieren un juego de camisetas y cortos para jugar, eso les motiva, pero por ahora nos manejamos así”.
El problema de fondo
Aunque las dificultades expuestas se sobrellevan, hay otras que vienen de casa, de una infancia complicada, entonces la familia pasa a ocupar un rol significativo.
“Sin dudas el problema más grande, que hasta involucra a mi hermano y en su momento a mí, son las malas influencias. Al ser familias numerosas hay hermanos mayores que están en la pesada y hay que lidiar. Yo pasé por eso y lo entiendo”, se animó Cardozo.
“Los chicos se expresan jugando al fútbol y hay que controlar el nivel de violencia. Yo no desvié el camino, no me dejé afectar. Una vez durmiendo me llegó la Policía por este asunto, si seguís la línea no sabes dónde vas a terminar. El torneo y los entrenamientos son un lugar para refugiarse”.
“Vivimos cerca y los cruzo por las calles, los chicos no me ven como uno más, soy una persona más cercana”, cerró.
Hoy, Real Sociedad entrena los lunes, miércoles y viernes en la canchita de siempre. Los arcos algo desnivelados lo sienten, la tierra y el pasto del rectángulo lo sienten, la pelota desgastada también, pero sobre todo el barrio. Una escuela para todos.
Desde calzados hasta carnavales
Anécdota color.
Una de las mayores falencias en Real Sociedad es la escasez de botines. Y así lo reflejó Willy en una de sus anécdotas: “Los chicos juegan con zapatillas y hasta con alpargatas. Una vez recuerdo que el goleador del equipo tenía que esperar afuera porque no tenía calzado. A mitad del partido uno de los suplentes le prestó los suyos y él entró… jugó cinco minutos, hizo el gol de la victoria y salió para que pueda jugar su compañero,
el dueño de los botines”.
Carnavalito querido.
Los carnavales de verano en Misiones reclutan personas de todas las edades. No discrimina. “Es otra forma de desconctarse. Mi hermanito entró en estos últimos. Muchos de los chicos tocan y participan en la comparsa del barrio, es otra forma de ganar valores”, señaló Cardozo.
“Si tenías un botín era mucho”
El torneo de Los Caras Sucias resulta ser la oportunidad de despegue para futbolistas de primer nivel dentro de Misiones y Argentina. Entre los destacados de la actualidad, el posadeño Miguel Ángel Comes (foto) se lleva la atención de los entendidos en la materia. El actual mediocamista y capitán de Bartolomé Mitre fue catalogado el año pasado como una de los destacados en el fútbol local. “El esfuerzo que uno hacía era grande por no tener nada, si tenías un botín era mucho”, señaló Beto. “Los chicos se divertían a pesar del resultado”, agregó el ex jugador de Diablos Rojos.
Otro de los baluartes es el medioacampista de Crucero del Norte, Lucas Caballero, hoy de gran presente en el Colectivero, integrante de la segunda categoría del fútbol argentino. Además, el delantero Mauro Gómez, ex Guaraní, también aparece en la lista.
Fuente: Cristian Avellaneda
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