El tiempo se consumía, el cero no se rompía y la paciencia iba llegando a su límite. Y explotó con el pitazo final. Central Córdoba comprometió su clasificación a la ronda final del Argentino A con el empate en casa de ayer ante Crucero del Norte y su gente no ocultó su disconformismo con el equipo. Hubo insultos de todo tipo y uno de los blancos preferidos fue el entrenador Daniel Córdoba, quien en la semana anticipó que dejará su cargo por problemas personales.
La tensión en el Oeste se percibía desde temprano. Y se fue potenciando con el correr de los minutos. Para colmo, Central desperdició una oportunidad inmejorable con el penal que malogró Silvio Giovenale, a los 42 minutos del primer tiempo.
Al final del cotejo, un grupo de hinchas se reunió en la plaza del frente del club y repartió insultos para los dirigentes.
El partido
Central intentó tomar el protagonismo de arranque, con un González Tapia parado de enganche y haciéndose dueño del equipo. Pero Crucero del Norte, más relajado con su clasificación, comenzó de a poco a tener más la pelota ante un Central que no tenía salida por izquierda, centralizó su juego y careció de sorpresa. Cerca del cuarto de hora final, cuando la impaciencia ya se sentía mucho en el estadio, el Ferro comenzó a despertarse. A los 28’, un tiro libre desde la izquierda de González Tapia, al segundo palo, encontró la cabeza de Barreto y Abadie respondió de gran forma para rechazar. Tras el rebote, Chmil no la pudo empujar.
El arquero visitante comenzó a transformarse en figura ya que le tapó un remate a Pereyra y un mano a mano a Salvatierra. A los 40’, Castaño recuperó por derecha y la cruzó para Barreto. Cuando se quiso acomodar, Juan Cabrera se le cayó encima y el árbitro cobró penal (el uruguayo estaba en la línea del área).
Tras las protestas, Giovenale se hizo cargo, pero lo ejecutó muy mal: su derechazo cruzado se fue desviado. Allí la gente hizo notar con más fuerza su impaciencia, algo que logró aplacar en parte el final de la primera etapa.
A los 30 segundos del complemento, Barreto combinó con Salvatierra que remató a colocar, pero otra vez respondió bien Abadie.
Central tenía la pelota, buscaba llegar tocando, pero Crucero estaba firme atrás y cortaba todo en tres cuartos de cancha.
Central buscó casi con desesperación, esa que también tuvo la gente. Pero sufrió a un Abadie impenetrable. El arquero visitante se quedó con una chilena de Barreto, un remate de Suárez y otro de Pailós. Y hasta la fortuna le sonrió cuando un disparo de Diego Suárez, que tenía destino de gol, rozó en un defensor y se desvió.
También una jugada muy fina que pareció penal sobre Barreto, pero el árbitro amonestó al uruguayo por una supuesta simulación.
Con el final del partido, Córdoba juntó a sus jugadores en la mitad de la cancha, los habló y salieron todos juntos. La gente, se descargó. Pero todavía queda una final más.
Fuente: El Liberal.




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