En una clara muestra de censura a la prensa, el Club Crucero del Norte le prohibió anoche a este periodista el acceso a la cancha para la cobertura del partido entre el Colectivero y Racing de Córdoba, válido por la 3ª fecha del Undecagonal final del torneo Argentino A.
El mencionado club hizo llegar a este medio el pasado viernes un comunicado afirmando que “el Club resolvió aplicar el derecho de admisión contra el señor Gustavo Hollmann”, por “motivos extra deportivos y extra periodísticos”.
El comunicado, que figura a continuación, señala que quien suscribe esta nota, “en su afán de investigar (…) le exigió explicaciones a un integrante del cuerpo técnico que nada tienen que ver con el fútbol ni los proyectos sociales del club”.
Es cierto que estuve en la práctica que el equipo profesional llevó a cabo el pasado miércoles. Y off the record mantuve una conversación con un integrante del cuerpo técnico, como miles de charlas informales que se dan en este contexto.
Desmiento categóricamente, primero, haberle “exigido” explicaciones respecto de la vida privada del señor Koropeski. Segundo, dichas preguntas, que están directamente relacionadas con la cotidaneidad del plantel y que inciden en el rendimiento o el ánimo de los jugadores, jamás causaron “asombro” en el interlocutor, quien incluso asintió la consulta aunque sin precisar en las respuestas.
¿Qué hay de cierto en que los jugadores sufrirán un recorte en los sueldos en caso de no ganarle a Racing de Córdoba? Esta fue la primera de las preguntas, que intentó ratificar o rectificar un rumor que tenía en la previa, y que tiene relación directa con el aspecto deportivo y que puede incidir claramente en el rendimiento de los jugadores.
¿Koropeski tomó medidas dirigenciales en los últimos días que pueden incidir en el ánimo de los futbolistas? Esa fue la segunda pregunta, que, considero, también incluye a la faceta deportiva del club.
Desconozco totalmente lo que llegó a oídos de Koropeski, pero está claro que se dejó llevar por un falso y malintencionado testimonio.
Ese integrante del cuerpo técnico, cuyo nombre por ahora se mantendrá en reserva, fue con la única persona con la que mantuve contacto personal off the record ese miércoles de tardecita, mientras se desarrollaba una sesión de entrenamientos.
Considero que ninguna de estas dos preguntas tiene algo que ver con la vida privada del señor Koropeski. Ese interrogatorio, producido a las 20 del pasado miércoles, evidentemente no tardó en circular, envuelto en una clara mala intención, por los pasillos del club. Porque sólo algunas horas más tarde, antes del mediodía del jueves, el encargado de prensa del club se comunicó telefónicamente conmigo para darme la notificación.
Y 24 horas más tarde, el comunicado con el “derecho de admisión”, estipulado para los barrabravas y no para los periodistas, llegó a la redacción.
Por otra parte, una vez finalizado el ensayo en la cancha auxiliar del predio de Santa Inés, y como parte de la tarea, tomé contacto directo con el mediocampista Pablo Motta, cuyo testimonio salió publicado en las páginas del Más Deportivo del día viernes.
Considero haber realizado siempre mi trabajo con el máximo profesionalismo, con aciertos y errores, pero jamás actuando de manera malintencionada. Siempre publiqué lo que vi, escuché e interpreté, pero con la mayor objetividad posible. Jamás, desde que cubro la campaña del equipo, en 2005, escribí en las páginas de El Territorio ni hice alusión alguna a la vida privada de Koropeski ni de ningún otro integrante de la familia colectivera. No me compete y no me interesa.
Fui testigo directo de la renuncia y llegada de cada entrenador a lo largo de estos siete años, siempre en el lugar de los hechos y hablando personalmente con cada actor involucrado en el asunto.
El destino quiso que la censura llegara un 24 de marzo. Justo ese día, que tantos y dolorosos recuerdos trae. Lastimosamente, los lectores no podrán encontrar en las páginas de hoy una cobertura completa y profesional del partido como lo requiere la participación del equipo en el Argentino A. Pero hay límites que no se pueden pasar.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




Comentarios recientes