Con la sola excepción de Atlético San Jorge que tiene otra política de manejo económico, para el resto de los clubes participantes de este certamen todo es déficit y si no fuese por el aporte de los estados provinciales se dudaría su participación.
El Argentino B, un torneo deficitario por donde se lo mire, lleva a que la gran mayoría de los clubes (dirigentes) deban recurrir a la búsqueda de “ayuda extra” para poder seguir solventando los gastos que representa su participación.
La conformación de un plantel más o menos competitivo, a los que hay que ofrecerles buenos sueldos, casa y comida; cuerpo técnico (entrenador, ayudante de campo, preparador físico y médico) y a todo ello los viajes, que en el caso de la zona D (en la que juega Mandiyú) tenés muchos kilómetros por recorrer, hacen que mensualmente los gastos estén por sobre los 100.000 pesos.
Esa suma ni por cerca está de llegarse con las recaudaciones, ni siquiera aquellos equipos con gran convocatoria lo logran, y entre ellos ya no está Mandiyú, que supo en otros tiempos de llevar un buen número de simpatizantes a la cancha, pero la pobre campaña de estos últimos tiempos no hizo más que alejar al hincha y por ende la plata en boleterías es cada vez más escasa, a tal punto que en muchas jornadas no se llegaron a cubrir los costos que en si representa la apertura de un estadio para la realización de un espectáculo deportivo.
Pero este no es sólo un problema de Mandiyú, lo padecen todos los clubes que militan en esta categoría, la cuarta del fútbol argentino, algunos con más historia que otros, pero con el mismo resultado al fin.
Hay instituciones como Guaraní Antonio Franco de Posadas, que se ha gerenciado, dejando su fútbol en manos de un empresario local, el ingeniero Roberto Enriquez, quien posee una empresa constructora y está muy ligado al gobierno de Misiones.
En Mandiyú se da una situación prácticamente similar, a pesar de que hay un presidente que maneja los destinos del club, pero todo gira en torno de Jorge Abib, el ex legislador provincial es quien hace y deshace todas las cuestiones, con él, sólo con él, jugadores y cuerpo técnico negocian sueldos, contratos y condiciones de vida durante su estada en esta capital.
En ambos casos, parte de los recursos económicos para solventar los costos que demanda la participación en el torneo Argentino B, provienen del Estado provincial, el resto llega de empresarios que por su amor a la camiseta destinan una suma determinada para apoyar a la causa.
Pero tanto en el caso de Mandiyú como en el de Guaraní, el mayor soporte económico proviene de afuera, no se generan recursos propios y por ende seguir compitiendo cada vez se hace más cuesta arriba.
Damos dos ejemplos, pero si seguimos mirando a quienes comparten zona, nos encontramos con que todos están en la misma.
Sportivo Patria, por ejemplo, participa solventado en un ciento por ciento por el Gobierno de la Provincia de Formosa, todos sus jugadores y cuerpo técnico pasan a conformar algo así como un sueldo más para la administración pública local.
Por el lado de For Ever, el mayor aporte económico llega de la mano del Senador Nacional Fabio Darío Biancalani, un hombre muy ligado al actual mandatario de Chaco, Jorge Capitanich y por consiguiente al Gobierno nacional de los Kirchner.
Aquí se da un hecho paradójico, ya que Capitanich fue presidente del Club Sarmiento de Resistencia y fue quien proyectó la construcción del nuevo estadio de la entidad decana del fútbol de la vecina provincia, pero como buen político no le retiró el apoyo estatal al rival deportivo.
Los clubes entrerrianos de Colegiales de Concordia y Juventud Unida de Gualeguaychú no son la excepción, también perciben su cuota parte del Estado provincial. El primero de ellos llegó a amenazar con no participar de esta edición del Argentino B, si el Gobierno que conduce Sergio Uribarri no destinaba una partida económica como para solventar los costos que representa su participación.
Hay un caso excepcional en la categoría, el de Atlético San Jorge, una institución modelo del interior santafesino desde donde se la mire, pero con una política de manejo económico totalmente diferente a todo lo mencionado anteriormente. Sólo dos jugadores de todo el plantel se puede decir que viven para el fútbol exclusivamente, que no trabajan en otra cosa, como si lo hacen el resto de sus compañeros.
Pero lo de Atlético San Jorge es la excepción, todos los demás clubes buscan en su Gobierno provincial el apoyo para seguir compitiendo de un torneo que año tras año se hace cada vez más deficitario.
Fuente: diario Época.




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