En cuestión de segundos los estados de ánimo se manifiestan de manera contraria. De la decepción, el desencanto y el fastidio se pasa al éxtasis, al goce y la algarabía. Sólo en cuestión de segundos. Y con el pitazo final, todos se van contentos; por el triunfo y ese paso más que se dio camino a la próxima instancia del torneo.
Así está Guaraní hoy. Con vaivenes y en la búsqueda de la mejor receta que le de un sostén para afrontar la próxima etapa, en los duelos mano a mano. Porque tendría que pasar una catástrofe para que la Franja no se clasifique. Algo difícil de imaginar. Y el 1-0 de ayer sobre Colegiales marca que tan lejos no está de cumplir con el primer objetivo.
De todas maneras hay algo que no se puede soslayar. El nivel del equipo todavía está en veremos y el técnico lo sabe, ya que fue él mismo quien manifestó su preocupación en la previa a esta novena fecha.
Sorprendió Castillo con la línea de cuatro. Más si se tiene en cuenta que cuando actúa como local presenta un esquema más vertical. Aunque no quiso sorpresas y ubicó a Albarracín como lateral derecho y a Chipi Vera como carrilero izquierdo. Se mantuvo el orden, aunque faltó “punch” arriba.
En consecuencia, Godoy y Velázquez pelearon con los cuatro defensores rivales, muchas veces en soledad. Así Colegiales controló los intentos del local. Primero con los lungos Boraglio y Russo, quienes sacaron todo de arriba. Y después con el despliegue del medio y algún arranque del zurdo Muñoz por izquierda (por su presencia, Albarracín estuvo atado en el lateral).
Y más allá de que el paraguayo Gómez Aquino le dio trabajo a Beto Valdez y compañía, al visitante le faltó mayor presencia en ofensiva.
Estaba claro que Guaraní necesitaba contagiar del medio hacia arriba. Así, primero saltó a la cancha Gutiérrez por el resistido Alonso. Y luego Bichi López García suplantó a Godoy, con intenciones de lastimar en el uno contra uno.
Lentamente quedó evidenciado que Colegiales se partió físicamente y Guaraní -también desgastado- fue al frente, en la mayoría de las ocasiones contagiado por la desesperación del público. A los 9’ avisó Romero con un derechazo, 12 segundos después Serrano le tapó un cabezazo a Carrizo y a los 10’ Godoy -completamente solo- la mandó por arriba, también de testa.
Arriesgar también significó quedar desprotegido. Y en el único intento claro del equipo de Concordia (contraataque que finalizó con un remate de Vercellino) Ponzio se encargó de que las cosas estén en su lugar.
No perder la cabeza era casi imposible. Y jugar al límite, el común denominador.
Corrían 41 y el árbitro rosarino Sosa sancionó falta a Carrizo. De ese tiro libre llegó el cabezazo de Gutiérrez que se coló en el ángulo y significó el triunfo. Fue una descarga para el delantero que venía de estrellar una bomba en el caño. Y un ataque de ira para el técnico visitante Acosta, quien ingresó al campo de juego y le apuntó al árbitro hasta que ingresaron los agentes de seguridad.
Guaraní sostuvo el triunfo ante un rival herido y terminó sonriendo. Sabe que debe mejorar, pero también que hoy por hoy la punta le pertenece y la clasificación quedó más cerca.
Fuente: diario El Territorio.




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