De la evolución a la involución. Así sin escala, de un extremo al otro pasó Mandiyú en su visita a Colegiales, donde dejó algo más que la pérdida del invicto que ostentaba, sino también una gran posibilidad de pasar a ser el líder del grupo.
Pero Mandiyú jugó mal y ello lo terminó pagando con la derrota, como no podía ser de otra manera. Colegiales no fue mucho más, pero supo asestar el golpe preciso en el momento en que su rival deambulaba por la cancha, como fueron los 30 minutos iniciales del equipo correntino.
“Hey despiértense, están dormidos”, se lo escuchó decir en reiteradas oportunidades al técnico de Mandiyú, Alfredo Villegas, en ese lapso. Es que realmente esos minutos fueron de lo peor que se le vio hacer al elenco “textil”.
A los 13 minutos de juego recibió un gol, de esos que te hacen sólo cuando estás dormido o desatento. Todo eso aconteció en la jugada previa, que nació de un tiro de esquina desde la derecha ejecutado por Gustavo Trinidad para Pablo Varcellino que estaba parado casi junto a la línea del área grande y el volante, totalmente libre de marcas, sacó un remate que se metió junto al segundo palo de Federico Moscatelli, que pese a arrojarse nada pudo hacer por evitar la caída de su valla.
Lo lógico era de esperar que Mandiyú acuse el impacto de estar abajo en el marcador, pero nada de eso sucedió, porque Colegiales siguió manteniendo el control del juego, y si bien Mandiyú pudo haber alcanzado el empate, en una jugada confusa dentro del área y con un balón que luego de varios rebotes le terminó cayendo en los pies a Vidal que sacó un remate fuerte que se estrelló en el travesaño y el rebote le terminó cayendo a un jugador del elenco local para que despeje el peligro.
Esta fue la única situación clara de gol que tuvo Mandiyú en los 45 minutos, sin embargo padeció cada vez que sobre su área caían centros de derecha o izquierda, o cuando Del Vecchio o Molina intentaban salir a anticipar a Muñoz o López Vartar, los dos hombres más adelantados de Colegiales.
Esta versión de Mandiyú que se vio en Concordia lejos estuvo de aquellas que se le vio en los tres partidos anteriores. No tuvo manejo ni dominio en la mitad de cancha, porque Vidal, a pesar de que lo intentó varias veces, no fue aquel jugador gravitante de tardes atrás; tampoco apareció Altamirano, un jugador que se había mostrado como un buen socio del “Pelado” santiagueño, lo mismo aconteció con Vallejos y a todos ellos se sumó después Héctor Echagüe, cuando en la segunda etapa ingresó en lugar de un Fernando González, que en el tiempo que estuvo en cancha no hizo más que sumarse a la confusión de sus compañeros.
Colegiales, por lo que se vio, no es el “gran” equipo, sólo tuvo la virtud de ahogar el juego de su adversario, apretar sobre los que, sabiendo, son los jugadores que desequilibran en Mandiyú. Y una vez que no dejó jugar a los que saben de su rival, pensó en el arco de Moscatelli.
Y Mandiyú sin sus hombres que manejen los hilos, principalmente Vidal, ya demostró antes y ahora lo ratificó, todo le cuesta el doble, porque ni siquiera cuando “se despertó”, en los últimos 15 minutos, pudo arrimarle mayor riesgo a la valla defendida por Serrano. Porque todo lo hacían a una velocidad tal que no había uno que pare la pelota y piense.
El campo de juego en mal estado fue una de las cosas que cuestionó Villegas cuando habló pos partido. Es cierto, es muy desparejo el terreno de Libertad, pero lo es para los dos equipos, y hubo uno que supo hacer las cosas pese a esa dificultad.
El segundo tiempo fue otra historia, porque como era de esperarse, Mandiyú salió decidido a conseguir la igualdad, y para ello Villegas dispuso el ingreso de Echagüe por Fernando González, buscando que el ex Independiente se convierta en el socio de Vidal, pero del “dicho al hecho, hay un buen trecho”, dice el refrán, y mucho de cierto tiene, porque demostró nuevamente que todavía no termina de adaptarse al juego de la categoría y a que en el Argentino B no va a encontrar campos de juego como el “Libertadores de América” del “rojo” de Avellaneda.
El técnico correntino siguió buscando con variantes desde el recambio poder alcanzar la igualdad, fue así como mandó a la cancha a Juan Miérez en lugar de Vallejos y luego a Raúl Gómez Aquino en reemplazo de García, ideando que “Juana” desborde por la izquierda y Echagüe por la derecha, para las dos “torres” que tenía en cancha, el paraguayo y Toledo, pero éstos nunca recibieron un centro.
Mandiyú no encontraba el arco de Serrano, sin embargo el local desperdició un par de situaciones claras como para ampliar la cuenta. Primero cuando Muñoz le ganó el balón a Molina y remate ante un Moscatelli que amagó salir, se arrepintió, y quedó a mitad de camino, pero la fortuna estaba del lado correntino porque el remate bombeado del delantero con todo el arco libre, picó y salió por sobre el horizontal.
El partido transcurrió con Mandiyú dueño del terreno y del balón, tenía todo, pero le faltaba ideas. Mientras Colegiales volvió a desperdiciar otra situación más como para aumentar la cuenta, una vez más la fortuna estuvo del lado de Moscatelli cuando “hizo vista” ante un remate cruzado de Romero que se fue rozando el segundo palo del arquero correntino.
Pero la última “bola” de la tarde fue para Mandiyú. Raúl Gómez Aquino recibió un balón casi en el punto del penal, encaró y sacó el remate que terminó quedando en las manos del arquero Serrano.
Fue lo último, Mandiyú tuvo un par de situaciones como para marcar, una en cada tiempo, en la primera el travesaño le jugó en contra, en la segunda fue Serrano, como síntesis es muy poco para 90 minutos de juego.
Ahora vendrá el tiempo del replanteo, aquel de pensar en que cosas se hicieron bien y que no, el próximo compromiso es el clásico ante For Ever, y jugadores y cuerpo técnico ya están mentalizados en que lo de esta tarde entrerriana rápidamente hay que dejarlo atrás para comenzar a pensar en lo que viene.
Fuente: diario Época.



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