De mal en peor. Ése es el presente de Mandiyú, que cayó por uno a cero ante Guaraní Antonio Franco en su estadio de Villa Sarita, y con ello bajó al último lugar de la tabla de posiciones del grupo, al completarse ayer la octava fecha – primera de la segunda fase – del torneo Argentino B.
Hugo Ariel Andrusyzsyn, a los 2 minutos de iniciada la segunda etapa, selló la victoria del elenco misionero, que mientras ve como su clásico rival se hunde en el fondo de las posiciones, como contrapartida, él se sube a lo más alto de tabla.
Mandiyú volvió a jugar mal. Pero esta vez más mal de lo que venía haciéndolo hasta aquí en estas últimas fechas. Y no todo pasa porque perdió, sino que esta vez se vio la peor versión del equipo correntino en la era Alfredo Villegas, director técnico.
No hubo nada de lo poco que se alcanzó a ver siete días atrás en La Banda, lo que demuestra una involución en todos los aspectos.
Y como siempre se dice, “para muestra sólo basta un botón”; el ejemplo más claro de lo expuesto por Mandiyú en Posadas se dio en el segundo tiempo, cuando ya estaba obligado a ir a buscar como mínimo el empate, pero su primera incursión de riesgo para el arco de Gonzalo Ponzio la tuvo a los 18 minutos con un remate de media distancia de Leandro Altamirano que se fue desviado.
Esto fue lo que expuso Mandiyú cuando estaba en desventaja, por lo que fue mucho menos lo que se vio cuando el partido estaba igualado en cero.
En los apuntes sólo quedan un tiro libre de Gerónimo Vallejos a poco de comenzado el partido que se fue por sobre el horizontal y luego una combinación, la única en 90 minutos, que nació de un pase de Julio García para Vallejos, éste puso un pelotazo cruzado para Fernando González y el volante remate totalmente desviado.
Casi se puede decir que esto fue todo lo de Mandiyú ayer en Villa Sarita, porque ni siquiera en los últimos minutos, cuando Guaraní sacó el pie del acelerador y le cedió a la visita campo y pelota, ésta pudo llevarle algún dolor de cabeza al arquero Ponzio.
Por ende la ubicación que hoy Mandiyú tiene en la tabla de posiciones del grupo 6 es una consecuencia lógica de lo que expone en la cancha. Juega mal, a nada, ya lo hizo en Concordia, cuando también perdió por la mínima diferencia, sucedió en el empate ante For Ever y lo repitió con Sarmiento. Aunque en este último caso algunas pocas cosas quedaron para rescatar, lo que no se puede decir de este partido frente a Guaraní.
Son muchas las cosas que tendrán que replantearse el cuerpo técnico -si es que siguen éstos (ver aparte) – y jugadores de cara al futuro. Porque hoy este Mandiyú no es ni la sombra de aquel que arrancó el torneo.
Este Mandiyú, no sólo pierde puntos sino que, y lo más grave, ha perdido su fútbol, ese que entusiasmó e invitó a soñar, más allá de que por ese entonces recién se estaban dando los primeros pasos.
Pero en ese momento se veía una propuesta de juego, un estilo, tenía una identidad, pero todo ello de la noche a la mañana se perdió.
Largo y tendido se podrían hablar de los cambios que hizo el entrenador y se los podría mirar como causales de esta situación. Pero también convengamos que la lesión de Hugo Herrera le trajo el primer dolor de cabeza a Villegas, porque nunca terminó de encontrar a su reemplazante, probó con Mauricio Molina y Luis Alfonzo, ninguno les convenció -expulsiones tontas de ambos al margen- por lo que terminó corriendo a Esteban Valenzuela a la posición de segundo marcador central, sacándolo del puesto de lateral por derecha donde venía cumpliendo una aceptable tarea. Esta variante trajo el ingreso del joven paraguayo Axel Aguirre.
Pero ésta no fue la única modificación en la defensa; a Villegas, por lo visto, tampoco le convenció el trabajo de Jorge Alegre González, por lo que apostó por David Valdez, quien por lo visto hasta ahora no le trajo la solución esperada, el lateral izquierdo es uno de los puntos más flojos del equipo.
Estas modificaciones llevaron a que tanto Fernando González como Héctor Echagüe, en los partidos que le tocó jugar, estuviesen más pendientes de la marca que de pensar en soltarse. Lo mismo sucede por el sector izquierdo, donde Vallejos es más un marcador que aquel jugador de buen manejo y buena llegada que se supo ver. También quedará para replantearse el técnico la posición de Matías Aspitia.
Está visto que el marplatense no siente la función de doble cinco. Y bastará con recordar cuáles fueron los mejores partidos de Aspitia para ver que allí no anda, lo suyo pasa por la velocidad, moviéndose por izquierda, donde puede desbordar para meter el centro. Hoy no quita, y sus pases la mayoría de las veces terminan en los pies del contrario.
Es una frase trillada, pero siempre vigente. “Es tiempo de barajar y dar de nuevo”.
Fuente: Luis Reinaldo Gómez, enviado especial a Posadas de diario Época.



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