Gimnasia y Tiro ganó la Copa Salta

La Copa Salta, el triangular de los grandes, se fue derecho para Gimnasia y Tiro, como un presagio de lo que los hinchas sueñan: el ascenso y una vuelta olímpica de verdad.
El obtener el trofeo agranda aún más la ilusión del albo, porque enfrente, y vale la pena aclararlo una vez más, tuvo a dos equipos de una categoría mayor (Central Norte y Juventud Antoniana), pero demostró que no le pesa esa inferioridad a la hora de salir y plantarse en la cancha.
Y el último clásico del verano regaló algo de fútbol, muy poco por cierto, mucho de lucha, piernas fuertes, y estiletazos de aquellos que acarician la pelota por su juego dúctil.
El que tomó las riendas en los primeros minutos fue Gimnasia y Tiro. El equipo de Salvador Ragusa sorprendió de entrada con un juego atildado, abriendo bien la cancha para que Víctor Beraldi y Juan Carlos Cartello desborden y hagan jugar a Diego Núñez y Leonardo Pérez. Y contó con varias chances, pero en algunas ocasiones Mariano Maino y, en otras, la mala puntería de sus jugadores hizo que el albo no llegara a la red. El calor pegaba fuerte, el sol era insoportable, pero los dos equipos jugaban la final dejando bien en claro que en un clásico no se debe regalar nada.
Central Norte, de a poco, le fue tomando la mano al encuentro, Sergio Oga se soltó un poco más, Pablo Motta se mostró como la alternativa más viable por izquierda para atacar, ya que Diego Magno, por derecha, estaba desaparecido. Y de una jugada parada llegó el gol cuervo. El Mago Oga frotó la lámpara y sacó un exquisito tiro libre que encontró a Carlos Fretes sólo, sin marcas, para poner la testa y dejar a José Valdiviezo sin reacción (PT 25’).

Llega el empate
El cuervo se animó, comenzó a jugar, pero Arturo Villasanti lo bajó a Víctor Beraldi y vio la roja. Con un hombre menos, Central le achicó los espacios a Gimnasia, se escalonó y presionó para no darle un centímetro de ventaja. Pero de otra pelota parada llegó el empate. Juan Carlos Cartello metió un tiro libre con mucha rosca, la pelota sobró a todos, incluso a César Albornoz, quien le obstaculizó la visión a Mariano Maino, que a puro reflejo tapó el disparo. El balón quedó en el área chica y Franco Zambrano, de zurda, igualó cuando se jugaba el primer minuto de adición.
Las cosas en el complemento se desvirtuaron a partir de los innumerables cambios hechos por Gustavo Coleoni y Salvador Ragusa, todo se hizo monótono, chato, aburrido. Sólo se salía de ese terreno cuando Denis Caputo (uno de los ingresados) dibujaba algo diferente con su zurda. Gimnasia y Tiro y Central Norte jugaron una final en la que ninguno de los dos quiso regalar nada, y que le sirvió a ambos entrenadores para darles minutos de fútbol a los planteles. Dicen que los clásicos no se pierden, se ganan o se empatan, y se dio esto último, por eso la fiesta se trasladó hacia la tribuna sur. Gimnasia fue el más grande entre los grandes.

Fuente: El Tribuno.

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