Cuestión de brujerías

Textil Mandiyú vive uno de los momentos más complicados en su vida institucional. Los resultados no acompañan pese a que en los últimos encuentros levantó su nivel y su permanencia en el Argentino B está en duda. En la recta final de la temporada tendrá la difícil misión de sumar los puntos necesarios para quedarse en la categoría, después habrá tiempo para los replanteos que son necesarios para llevar adelante una campaña que apunte a objetivos más elevados.
Luego de la derrota en el clásico contra For Ever, el titular de la entidad correntina, Jorge Abib, dejó traslucir que el pésimo desempeño durante todo el torneo 2011-12 estaría relacionado a un acto de “brujería”. “Las malas lenguas dicen que nos hicieron una maldad muy grande…”, “muchachos ustedes realmente tienen que atender porque alguien les hizo un mal”.
Expresiones que parecen un intento desesperado para explicar la actualidad de la institución que simplemente está cosechando lo que sembró en los últimos años.
Sin embargo, las justificaciones que esgrimió Abib no son nuevas en el fútbol argentino, cuando las cosas están lejos de lo planeado se utilizaron argumentos esotéricos.
Las “maldiciones” en la Argentina se vinculan incluso a la selección nacional, que después del título mundial logrado en 1986 no volvió a Tilcara (Jujuy) para cumplir con una promesa y eso afectaría al presente del equipo nacional. En los clubes, algunas de las historias más recordadas hablan de siete gatos enterrados en uno de los arcos del estadio de Racing o tijeras sepultadas en la cancha de Huracán de Parque Patricios.
Las más recientes hablan de sal desparramada en los vestuarios del estadio Unico de La Plata antes de cada clásico, o flores amarillas con las cuales era recibido el entrenador “Mostaza” Merlo.
Durante el 2011, causa una revolución en Santa Fe la desaparición de una imagen de la Virgen de Guadalupe del estadio de Colón después de una derrota contra el clásico rival, Unión. Muchas sombras rodearon al acontecimiento que derivaron en la legislatura y la propia Iglesia, hasta que se “salvó el error”.
Dentro del fútbol siempre se habló y se lo seguirá haciendo, de cábalas o “cosas ocultas” a la hora de justificar algunos resultados como una manera más sencilla de deslindar responsabilidades que hacen a la conducción o actuación de los protagonistas en cada juego.
La realidad de cada institución no es casual, mucho menos una cuestión de “brujerías”, es producto de los actos de gobierno que llevan adelante los dirigentes y las producciones de los futbolistas y entrenadores en cada encuentro.
El presente de Textil requiere de mayor trabajo y mejor planificación, lo “otro” solamente formará parte de otra fábula dentro del folklore deportivo.

Fuente: El Litoral.

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