Brown marcó diferencias y se queda en el «B»

Jorge Gibson Brown derrotó a River de Embarcación 4 a 3 y mantuvo la categoría en el Argentino “B”, ya que había igualado 1 a 1 en la ida disputada en Tartagal.
El resultado es ajustado teniendo en cuenta que el Verdirrojo fue claramente superior y tuvo una gran cantidad de chances para aumentar la cuenta. Faltó solo puntada final para que el resultado fuera aún más amplio.
El conjunto salteño, sobre el final, tuvo una reacción que lo puso a tiro del empate, pero la diferencia lograda por el equipo de Carlos Suirezs fue irremontable. La visión salteña del juego disputado en el «Clemente Argentino Fernández de Oliveira».

Lo llora todo el Bermejo
Con una estocada tras otra, así dejó de latir el corazón del equipo del pueblo. Porque River de Embarcación es orgullosamente del pueblo. Llegó a Posadas sabiendo que ni el empate lo favorecía y lucho, peleó palmo a palmo, no se rindió pero también se equivocó y allí la explicación del 4 a 3 que favoreció a Jorge Gibson Brown.
Por eso se terminó la última ilusión que tenía el fútbol salteño.
No obstante, River fue un ejemplo de lucha, de valor, de sacrificio. Desde aquel 22 de enero, cuando inició este camino, escribió la historia del humilde; del que lucha casi siempre en desventaja, del que recibe poco y entrega todo.
River fue el reflejo de los que se hacen fuertes desde la adversidad y se volvió a la provincia tal como había llegado a Posadas. Sin nada.
El regreso al anonimato sea tal vez lo que más duela. Por eso las lágrimas de los jugadores que ya no querían jugar en la liga local (la del Bermejo). La ilusión por jugar el Argentino B era muy grande y creció mientras superaban las etapas. Para River, la eliminación es como volver al ostracismo, volver a ser prisionero de una localidad que también pelea día a día para superarse, volver a ser fácilmente olvidado.
Por lo menos la institución norteña podrá contar que estuvo cerca, como casi ningún otro equipo salteño. Que luchó dignamente con un grupo de jugadores limitados por sus trabajos, que no pudieron dedicarse solo a esto y que no siempre llegaron a tiempo a los entrenamientos.
Futbolísticamente tuvo sus falencias, las lógicas de un equipo que no siempre pudo prepararse como debería haberlo hecho. Falencias que el delantero Julio Cáceres desnudó ayer desde temprano. River defendió muy mal en las pelotas detenidas pero fue de temer desde el medio hacia adelante cada vez que Quiroga llevaba la pelota y se juntaba con Cardozo y Palavecino. Ellos mantuvieron la ilusión. La mantuvieron hasta el final, con el apoyo y la voluntad también de sus compañeros.
River mantuvo el fuego sagrado encendido en su corazón hasta los últimos minutos de este torneo. Porque no bajó los brazos cuando le marcaron el segundo gol, tampoco se rindió con el tercero y el cuarto, los tantos que llegaron por la desesperación del empate. Palavecino nuevamente y un golazo de Herman, de tiro libre, fueron los últimos latidos. Todo el Bermejo llora su eliminación.
Pero vale agregar que la participación del equipo tripero en un torneo de estas características marca un hecho sin precedentes, porque ningún equipo salteño llegó a jugar una instancia tan decisiva de una competencias que organiza el Consejo Federal.
Este puñado de jugadores con sacrificio y humildad supo mantener una identidad en su juego y así fue superando etapa por etapa durante el Torneo del Interior y se ganó el respeto de sus ocasionales adversarios.
Ahora comenzará otra etapa. El desafío será nuevamente buscar la clasificación, aunque digerir el golpe por no haber conseguido el ascenso, será muy duro.

Un padre dentro de la cancha
Oscar Domingo Cardozo fue como un padre para sus compañeros. Y justo en un día tan especial como el de ayer, fue él quién buscó a uno por uno y los levantó del suelo, no les permitió que se ahogaran en el llanto. Su arenga fue tremendamente emotiva para con Palavecino, el delantero que buscó en el tripero lo que en el santo se le negó.
“Hay que levantar la cabeza”, dijo el Huracán, “estas son cosas del fútbol y tenemos que estar tranquilos porque ellos no fueron superiores, perdimos por errores nuestros”.
“Fuimos un ejemplo para el interior, somos un club muy humilde que ahora ganó prestigio y estuvimos orgullosos de vestir esta camiseta”, finalizó.

Una arenga emotiva en el vestuario visitante
El vestuario de River fue puro silencio y dolor. Y la emoción creció cuando entró el presidente Caram y pidió con énfasis: “Somos un equipo de liga y llegamos hasta acá, con honestidad, con honor, con el corazón, no tienen que llorar nada, estoy orgulloso de todos y todo el pueblo está orgulloso de ustedes; pusieron todo lo que tenían que poner, no hay que llorar por lo que no se tiene, sino por lo que se ha hecho, hicieron miles de kilómetros para jugar con el corazón, así que, por favor, no quiero más lágrimas”. El dirigente, que también mostraba dolor por la derrota de sus equipo en manos de los misioneros, estaba orgulloso.
En diálogo con El Tribuno, Caram reiteró su orgullo por el equipo y sostuvo que River deberá aprender de este fracaso. “Una de las cosas que hemos aprendido es que para pelear en estas instancias necesitaremos profesionalizarnos un poco más, para no dar más ventajas”, dijo el dirigente en el sentido del trabajo y la preparación del equipo.
“Ya está. Sabíamos que esto podía pasar, pero nos vamos con la frente en alto después de haber hecho un gran campeonato”, finalizó el presidente, que encabezó la delegación tripera junto al vice Julio Chávez, entre otros dirigentes, quienes realizaron las gestiones pertinentes para el cambio de cancha.

Lezcano: “Da gusto dirigir un equipo así”
La ilusión del técnico Ernesto Lezcano también era grande. Y no la sentía desde su época de jugador, cuando brilló en Deportivo Cali o en San José de Oruro. El ascenso iba a ser su mayor logró como entrenador, pero ayer no se concretó.
Lezcano se mostró igual de dolido que el resto, no obstante levantó la cabeza para remarcar su orgullo de haber estado al frente de un equipo que entregó todo.
“Se peleó hasta donde se pudo; este grupo fue muy sacrificado, casi nunca pudieron entrenar todos juntos y llegaron hasta acá, por eso estoy muy orgulloso, porque se brindaron entero y da mucho gusto dirigir un equipo así”, sostuvo el entrenador, en declaraciones para El Tribuno.
El DT reconoció que “a veces cuesta jugar en otro nivel, llega un momento en que lo físico ya no te alcanza después de muchos viajes, partidos duros, pero siempre salimos adelante solo hoy (por ayer) no se nos dio; el fútbol es así, tiene estos momentos duros pero hay que aceptarlo”.
Lezcano pidió el reconocimiento no solo de Embarcación, sino de toda la provincia. “La gente tiene que reconocer lo que hizo este equipo y si se llegó hasta acá no fue de suerte, fue con mucho esfuerzo, los muchachos no se entregaron fácilmente y terminaron de pie”, reflexionó.

El patrón sería suspendido
Para entender mejor las lágrimas de los jugadores de River, basta repetir la historia de Roberto Ruiz, por ejemplo. El defensor, patrón en la última línea del tripero, vive en Apolinario Saravia, entrenó todos los días por su cuenta y viajó todos los fines de semana para jugar en Embarcación. Pidió tantos permisos en su trabajo (una empresa de cítricos en la que hace control de calidad) que antes de emprender este último viaje a Posadas fue advertido de una posible suspensión. Ruiz, que se ilusionó tanto con el ascenso, se las jugó por River y viajó sin importar las consecuencias. “Es difícil para mí aceptar este momento”, le dijo el defensor a El Tribuno. “Fueron muchos meses de estar mentalizados en el ascenso y en lo personal hubiera sido grandioso”, agregó.
Ruiz sostuvo luego: “El dolor es para todos, porque todos hicimos sacrificios para poder entrenar y jugar, lamentablemente uno labura y trata de darse tiempo para esto”.

Fuente: El Tribuno.

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