«Pumpi», el batallador

Ramón "Pumpi" Acuña (Foto El Territorio)Por Edén “Buby” Fernández
Cae la noche en el Chaquito. Los niños duermen. Al laberinto lo envuelve el silencio y los pasillos salen a dar una vuelta, como para proteger la quietud a orillas del río.
Cientos de gurises descansan de una larga jornada futbolera en un verde césped cual si fuera una estancia con dos arcos allá a lo lejos.
Uno de ellos retacón, de pies descalzos, de fuerte temperamento, va templando su carácter mientras descose la redonda, desafiando a la escarcha que no se anima a quemar sus plantas y al torito travieso que se rinde a su paso.
Mientras las garzas espían, los pájaros del lugar salen a entonar sus mejores melodías cuando algún remate potente lleva destino de red.
Ágil, fuerte, batallador, Ramón Antonio “Pumpi” Acuña comenzó a destacarse en aquel inmenso baldío y muy pronto los ojeadores del fútbol vieron sus cualidades.
Fichó en el Club Atlético Independiente y debutó rápidamente en la primera división de la Liga Posadeña de Fútbol bajo las órdenes de Juan José Chávez a los 14 años.
Varias temporadas defendió los colores del rojo para jugar luego en el Club Atlético Posadas del barrio Tajamar.
Su próximo destino fue Bartolomé Mitre cuando la entidad auriazul con Carlos Boede recorrió media Argentina en maratónicos certámenes.
Jugó también en Sportivo Eldorado y conquistó títulos con Jorge Gibson Brown y la Mutual del Banco Provincia que por ese entonces participaba en la Liga local.
Guaraní Antonio Franco logró tenerlo en sus filas en 1992 y luego de más de 20 años de carrera se despidió jugando los últimos años para Mitre.
Excepcional mediocampista mixto, que sabía cumplir con creces tanto la función de quite y apoyo como la de gestación y finalización en ataque. A favor de su gran remate de media distancia y su capacidad para el juego aéreo a pesar de su baja estatura llegaba seguido al gol.
Inclaudicable cuando la mano venía fulera, salía a mostrar su mejor faceta, el alma y corazón para raspar si era necesario y llegar al área en la misma jugada.
Amigo fiel y cabal, amante del folcklore, suele aún hoy entreverarse en algún recitado, una zamba, una chacarera o algún chamamé que cuente historias de su infancia costera.
Los Villalba, los Comelli, los Armúa, los Acosta, orgullos del barrio, no están.
Ya no están los niños. Montículos de arena se divisan esperando ansiosos las lenguas asfálticas que no cesan. Controles migratorios. Las garzas forman un manto blanco en el pantanal. Los gorriones entristecidos se reúnen para hacer equilibrio en las ramas secas de un árbol que quedó.
Una pelota pica de repente entre unos pastitos tiernos que crecen entre los adoquines, y un par de gurises intentan jugar en la calle, emulando a Pumpi tratando de apoderarse de aquel espacio que el progreso se llevó.

Fuente: territoriodigital.com

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