Es domingo en las orillas. El río viaja silencioso. Los aromas del mate cocido y tortas fritas se enredan en las casas. Las escuelas descansan prolijas y se agregan a la quietud, para recibir mañana a cientos de gurises con sueños dorados y carozos en los bolsillos, que esperan el “capichuá” del recreo.
Un morenito prepara la tarrafa en el barrio San Cayetano, la pesca es un ritual que nadie rehuye. Gooool!! Se escucha en el baby de la Capilla o un poco más allá en la inmensa cancha de San Lorenzo, señal que el relámpago ya empezó. Para allá van Julio, Tuní, Cambalata, León, José, la docena de hermanos Osorio, Elvio Pereyra y dos inseparables: Juan y “Caícho” Armúa. Habilidoso, pícaro, con todo el atrevimiento del potrero, modelaba a su antojo una jornada placentera de fútbol y mostraba su chapa llevándola atada a sus pies una pelota casi rendida.
Ramón Donato “Caícho” Armúa fue crack desde siempre; ya a los 14 años la Candela de Boca Juniors acunó sus gambetas que quedaron truncas por un contratiempo familiar.
Un extraordinario marcador central de la zona, Galletita Acosta, lo llevó a Guaraní Antonio Franco a los 16 años y un año después Julián Noguera hace debutar a Caícho, contra Villa Urquiza, de wing derecho. La Franja ganó 3 a 1 y el morenito autor de un gol a Bonifacio “Cacique” Núñez, un gran arquero, continuó así su larga relación con las redes.
José Carlos Freaza era el presidente del club; el intendente, don Atanacio Bossi; y Armúa, junto a Daniel Villalba, Joaquín Barreto, Toti Olivera, Tamalito Ramírez, Rogelio Acosta, Andrés Avelino y tantos otros, compartían sus habitaciones debajo de la tribuna.
Después llegaron Tono Pérez, los regionales, los nacionales. Tantos partidos, golazos, como aquel que le hiciera a Wanderer’s de Entre Ríos para adjudicarse la zona y enfrentar a For Ever en definiciones para participar en los antiguos campeonatos nacionales de AFA.
Una grave lesión en la rodilla lo postergó por un tiempo. Volvió para jugar en Vialidad Provincial a fines de los ochenta y de mediocampista.
Caícho no solo dejó su impronta en el fútbol posadeño por sus condiciones técnicas, su remate, su capacidad para resolver sobre la marcha con gran velocidad de ejecución y repentización -pese a los defensores que lo acosaban-, sino que también supo ganarse el afecto de quienes lo conocieron por sus inolvidables ocurrencias, cuentos, anécdotas, sucesos, que hicieron reír a cada uno de los compañeros que tuvo ocasionalmente en el fútbol o en la vida.
Una de ellas, cuando Guaraní concentraba en el Hotel de Radioparque, se daba los domingos cuando llegaban desde El Territorio los diarios sin cargo para los jugadores, -unos 20 periódicos-; Caícho madrugaba, los recibía, se paraba en Santa Catalina y Andresito y los vendía! Cuando sus compañeros de equipo se despertaban y pedían el diario, él con total desparpajo les decía: “Hoy no salió” (Relatado por un jugador que compartió mas de diez años con él).
Hoy comparte sus historietas con sus camaradas del Sitravim, donde cumple las funciones de secretario de deportes.
Fuente: Edén Fernández, El territorio.




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