Símbolo de temperamento

Símbolo de temperamentoSalta y Roque Sáenz Peña. Los niños juegan en la siesta posadeña. Un barrio fraternal los acoge. Allá abajo se escucha el rechinar de las ruedas sobre las vías de viejos trenes que van y vienen. Las calles se llenan de orificios donde las bolitas irán mansamente a descansar al menos por un instante, para renovar después la puntería en una trolla prolija. Una pelota de fútbol comienza a meterse bajo los brazos cada tarde, hay pasión, piruetas que se van vistiendo en formas lúdicas para trasladarse a una nueva ilusión: Villa Urquiza, barrio futbolero, de gurises descalzos, de travesuras en el arroyo Vicario.
Algunas diabluras junto a las lavanderas en aquel lavadero público de la avenida Marconi, donde cientos de mujeres de manos enjabonadas se rendían bajo las gastadas canillas de bronce, o el guiso con alguna gallina sustraída del criadero que las monjas tenían al fondo del Hospital Madariaga.
Y el jugador que se va formando, en el baby o en la cancha escorada de 1° de Mayo, entre piedras y ortigas, en el reducto donde comenzaron a darle a la redonda Cuervo Núñez, Méndez o el Gato Godoy.
Esteban Armando “Piky” Casino: fuerte, rudo, temperamental, con raza de villano, nunca escatimó esfuerzos en los distintos equipos que actuaba. Empezó su peregrinar en la zaga de Racing Club de la mano de aquel buen dirigente que tuvo la entidad de la cantera, don Alberto Delpiano.
Pasó por la quinta campeona de Guaraní Antonio Franco de Panqui Delgado, enorme jugador. Después la clásica recorrida aeróbica desde la cancha de los curas hasta El Laurel defendiendo los colores de Luz y Fuerza junto a Mateo Mendoza, Kaczuk, la Chancha Fernández, Peroni, Mario González, entre otros, campeones en la Liga Apostoleña.
Luego se sucedieron el Club Atlético Villa Lanús, Villa Urquiza en el equipo que se recitaba de memoria: Toro Álvarez, Cuchilla Amarilla, Dutra, Casino y Melgarejo, Quico Caballero, Nene Bordón y Cárdenas, Alarcón, Juan Manuel Benítez y Fafi Díaz.
Pasó también por Atlético Candelaria jugando en dupla central con Palanca Cabrera, después el Globito de Rocamora lo tuvo en sus filas, Libertad de Oberá, Jorge Gibson Brown en 1987; allí ascendieron a la división superior y junto a Mario Domingo Pasalagua y Martín Petterson eran la voz de la experiencia cuando el Verdirrojo venció a Garupá con dos goles de aquel tremendo goleador, Víctor Morcillo.
En aquella oportunidad formando la pareja de centrales con Ernesto Enrique Schilder o Humberto Feliciano Martínez. En el final de su prolongada carrera jugó en San Pablo, Brasil, representando a un combinado Misionero.
Atlético, rápido, feroz en los cruces, batallador. Este verdadero gitano del fútbol, de firmes convicciones religiosas, respetado por sus adversarios, también supo ser criterioso con el balón en sus pies y a menudo sorprendía en ataque con gran decisión y entereza, logrando así varias conquistas.

Fuente: Edén Fernández, El Territorio.

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