Chita Ramos: fútbol y algo más

Luis Alberto RamosPasó de incógnito varios años, pero hoy quiere recuperar su lugar en el fútbol como técnico. Mandiyú, las historias de Colombia, su papá y sobre todo la esencia y táctica del deporte, en la voz del exdelantero misionero
Se había llamado a silencio. Aunque el propio protagonista no supiera bien por qué. Un cúmulo de sensaciones se presentaron desde la última vez que pisó un campo de juego y después, con un largo período posterior, la llama empezó a diluirse. Sin embargo, Luis Alberto Ramos está encendido otra vez, o quizás nunca se apagó. La etapa como futbolista de «Chita» quedó atrás y el presente lo encuentra con ganas de recuperar el idilio con la redonda, relación que nunca se enfrió cuando se escuchan sus conceptos.
“No juego más, a veces cuando faltaba, con los vagos allá, me paro de cinco”, sintetizó el exdelantero, quien brilló con los colores de Mandiyú de Corrientes y cerró el año como entrenador de los Profesores L en el certamen de los interprofesionales de la capital provincial.
La cancha de La Picada -su primer amor- sirvió como escenario para el diálogo; los nubarrones, un chaparrón y el sol también dijeron presente en la tarde calurosa, típica de esta estación en la provincia.
“A veces se complican por no simplificar las cosas, yo dirijo un equipo y tengo esta cancha (en referencia a la de La Picada) y voy a exigir que juegue, que juegue, que juegue. Mi charla dice ‘nunca renuncien a jugar al fútbol’, apunto a recuperar la esencia de este deporte, que es jugar. Cuando entrás a jugar, tenés más posibilidades de ganar”. Sin vueltas, Chita prioriza el Abc de este deporte. Y lo vuelca a su idea dentro de la cancha, como sucedió cada sábado del año que concluyó.
“Acá, venís a los partidos de liga o a los partidos de barrio y hacen llorar a la pelota, y a mí me da lástima. Vine a mirar partidos y me fui a los 30 minutos, porque no puede ser que hagan llorar a la pelota. Esta no muerde, y si la tratás bien te va a dar réditos, y si la hacés correr… no se cansa nunca. El fútbol es que esta circule, saber que tenés que hacer movimientos por tu compañero, la solidaridad de un equipo. Y ahí se empiezan a armar los buenos equipos. En el equipo la única estrella es el gol. Sólo no vas a poder. Yo necesito de vos, y vos de mí. Por más que tenga bronca con vos, esos son los famosos códigos del fútbol”.
Ramos profundizó en el concepto. Y se metió de lleno en el día a día del fútbol argentino, puntualmente en uno de los grandes del país… “eso pasa en Boca ahora, y creo que el problema es Riquelme. Yo he tenido peleas mal con compañeros, pero no lo vayas a llevar a la cancha. Y después en el vestuario he tenido muchos roces y después nadie supo nada”.
Hubo una historia que salió de inmediato; fue en un intento de partido arreglado entre Mandiyú -que se clasificaba a una liguilla- y Cipolletti, que se salvaba del descenso. La orden fue ‘juguemos a empatar’, “nos servía a ellos y nos servía a nosotros”. Aunque el misionero se sinceró… “pero no servía para entrar a la cancha a empatar. Los quince que estaban ahí dijeron que estaban de acuerdo, pero yo no. Ganó la mayoría, listo. El técnico me dijo, ‘Ramos, lo voy a tener que sacar’. Está bien, pero qué le digo a los periodistas -interrogó el 9-. ‘Dígale que estuvo descompuesto’”.
Luego de unos minutos, el misionero se acercó al vestuario y “vino uno de nuestros compañeros, que estaba negociando, y dijo ‘muchachos, no hay arreglo, jugamos a morir’. Entramos a jugar, atacaron ellos y él le hace a uno de ellos (gesticula un codazo) al lado del árbitro. Afuera. Se llevó la plata solo, pero te preguntás qué boludo que es… así también, jugó un año más y después no jugó nunca más. Fijate, el mismo fútbol lo sacó después; ese partido lo ganamos 2-1”.
Llegó a Mandiyú en 1986 para jugar la liga local: fueron once partidos con 18 goles. “Ahí llegó el viejo (Juan Manuel) Guerra y al tercer año ascendimos”.
El nubarrón amenazó por primera vez, mientras la charla se producía en la tribuna de cemento. La cabina de prensa de La Picada fue el plan A pero el portón con candado fue el primer obstáculo, hasta que el techito pegado a los vestuarios se convirtió en solución. Chita mantuvo la línea, mientras el chaparrón cobró protagonismo, “no sé por qué me pusieron Chita”, confió quien en Corrientes fue bautizado como Bichi, por un estilo similar al de Claudio Borghi.
“Cuando estaba allá -recién llegado- ellos decían ‘qué carajo hacés’; yo siempre estaba bien físicamente siempre, me cuidé, dormía temprano. Y Borghi decía que era mormón, que no tomaba, que no tenía novia… Y allá decían, ‘este es como el Borghi ese’. Ahora, Chita no sé, siempre fui vago y andaba por lo árboles, pero no sé si realmente fue eso”.
Nacido en la capital provincial, a los 15 debutó en la primera de La Picada, en la cancha por López y Planes y Jauretche. Allí se hacían campeonatos de barrio, “yo iba a jugar y ahí me hizo jugar en primera Aristi Barquinero. Me dijo’ te animás a jugar’. Siempre, a donde fui, dije que salí del Club Atlético La Picada, es la realidad”. Luego llegaron Ex Alumnos (jugó un Regional), Unión de Santa Fe (reserva, con Beto Acosta, Huevo Toresani, Passet, Negro Altamirano), y a los 21 surgió lo de Mandiyú -la consagración- “con grandes jugadores”.
“Hoy hay intereses, fortunas se manejan, pero es el fútbol de hoy, con un pase te salvás, y más si te mantenés, el beneficio va a ser mayor. Anteriormente se sentía más el tema de la camiseta… es importante lo que decís, no hice inferiores pero amo este deporte, nadie me formó pero me acuerdo que cuando jugaba en los barrios muchos se sorprendían cómo le pegaba, cómo definía o la gambeta… pero es algo natural que uno tiene incorporado. Si por ahí hubiera tenido una persona que me hubiese guiado o enseñado un poco más, tal vez hubiese sido un fenómeno, hubiese hecho más carrera. Por ejemplo, el gol que le hice a River, si hubiese estado en cualquier equipo de Buenos Aires la repercusión hubiese sido otra. Por ese gol, a lo mejor”.
Chita se detuvo en un hecho que no pasó desapercibido. Sucedió el 16 de septiembre del 90, por el Apertura de primera división, cuando le convirtió un golazo a River -en realidad fueron dos y ganaron 2-1-, tanto calificado hace escasos días por un periodista correntino como ‘una obra de arte’. “Fue el mejor de mi carrera, siempre lo dije, por la situación en la que estaba Mandiyú, porque veníamos mal por el tema del promedio, River venía con un equipazo, estaban Serrizuela, Higuaín, Basualdo, Astrada, Polillita Da Silva, el Mencho, lógicamente por el trayecto que uno tuvo que hacer para llegar al gol”.
Esa imagen quedó grabada, para contarla una y otra vez. “Recuerdo que Astrada tira a un costado y del rechazo, recibí en tres cuartos; encaré con Serrizuela al lado y por afuera me acompañaba el Vasco Olarticoechea. Pasé mitad de cancha y seguía… cuando llego al área grande, Serrizuela con el cruce me lleva, me caigo pero no pierdo el control de la pelota, giré hacia adentro y me salía Higuaín, engancho y le tiro de emboquillada a Miguel… Tenía la buena costumbre de mirar a los arqueros”.

Ciclo cerrado
“Uno trata de transmitir a los chicos -de los interprofesionales- porque en el fútbol encontrás diversas situaciones, o en tu vida misma, que tenés que superarla. Para saber manejarte dentro del grupo, ante un mal pase, un mal resultado, una mala actuación, tenés que tener cierto equilibrio…”
Eduardo Seferián, presidente de Mandiyú en ese entonces, lo iba a vender a México en trueque por Adolfino Cañete. La negociación se pinchó y surgió lo de Colombia, pero en ese momento la cabeza no estaba bien, “te encaprichás y no hacés, te calentás con vos mismo, entré a jugar -con Nelson Chabay de técnico- un partido en Corrientes y jugué mal; después, afuera y anduve mal, otra vez de local y la gente me silbaba. Chabay me sacó y en la semana me dice ‘qué te pasa’. Le dije, ‘te tienen como pelotudo, que te venden o no te venden, tengo una familia’. El DT lo retrucó: ‘Pensás que si jugás así te van a vender, no seas pelotudo. Te voy a sacar, ahora cuando querés jugar, me decís y te pongo’.
Pasó Lanús y llegaba San Lorenzo en la capital correntina. El viernes, Chita lo llamó a Chabay y fue claro: ‘Quiero jugar el domingo’. Después llegó el final de la historia: hizo el gol, ganaron 1-0 y empezó la remontada personal. Antes le prometió a su mujer: ‘Le voy a romper el c… a todos y nos vamos de acá’. “Por eso te digo, dentro del fútbol tenés que saber manejar las distintas situaciones. Me fui, se fue Chabay, llega Maradona y después, lo de Diego ya se sabe… que no fue bueno. Creo que vendieron la imagen de Maradona, porque creo que hasta hoy Diego no es técnico, sigue siendo jugador, piensa como técnico pero no lleva a la práctica”.

Esencia y táctica
“El sistema táctico de Bielsa me parece espectacular, era ofensivo pero el jugador mismo se adaptaba. El que no podía jugar fue el Burrito Ortega, porque te rompe cualquier sistema, él hace lo que siente, no se está acordando de lo que le pidió el técnico… Por ahí otro que rompía y se volvía a ordenar era Sorín. Cuando fui a Argentinos a él, de quinta lo subieron a primera, y no bajó nunca más”.
Entonces, el equipo cómo se construye? “Si arrancás de atrás, principal y primordial es el arquero, pero no arranquemos de los cuatro como juegan todos… Soy más de la forma de pensar, del sistema del Barcelona, qué se yo.
Pero el sistema pasa por tener la pelota, cuanto más tiempo la tenés, vas a tener más posibilidades. Y para lograrlo tenés que tener jugadores con buena capacidad técnica. Lógicamente, a veces se vuelve monótono tenerla y no lastimar, hay que tratar de complementar buen manejo de pelota y contundencia. En mi sistema, jugar con dos atrás está bárbaro y un doble cinco, más el arquero son cinco (para defender). No van a estar mal parados. El fútbol es para inteligentes, hay que pensar los movimientos que tenés que hacer y eso simplifica las cosas. No creo que se construya de atrás hacia adelante, creo que del medio hacia adelante están las capacidades para definir un partido. Pero insisto, no necesito poblar atrás para que mi equipo esté bien parado”.
Sin dudas que el mejor momento fue Mandiyú “porque fue el lugar donde más goles hice, donde me lanzó dentro del fútbol. Si mañana o pasado, cuando voy a Corrientes, me saludan, fue porque me gané en base a sacrificio, nunca nadie me regaló nada, aquello fue todo por propios medios. Y gracias a Dios lo supe llevar, Mandiyú me lanzó a tener un nombre en el fútbol profesional”. En primera división también pasó por Argentinos Juniors -llegó de la mano de Torneos y Competencias- cuando el Bichito hizo de local en Mendoza, pero antes se produjo la primera etapa en Colombia, con los colores del Independiente Santa Fe de Bogotá.

Tiros, el adiós y el renacer…
En el país cafetero hubo dos momentos complicados, “me fui cuando el técnico era Perfumo, no le fue muy bien. Me desgarré y nos querían echar a todos. Se firmaba contrato pero no tenía validez, no había un gremio que te respalde. Por eso Valderrama quería crear. Allá si querían te pagaban, pero me quedé igual y después empecé a jugar”.
Ya consolidado, “jugamos un clásico con Millonarios, veníamos casi últimos y ellos primeros. Para todos ganaban ellos, los dos hacíamos de locales en El Campín. Les ganamos 4-1 y yo hice tres goles. Me fui a mi casa y a la noche estábamos con mi señora y escuchamos un estruendo”. Algo se cayó del edificio de al lado, pensaron. “Allá no hay persianas en los edificios, vivíamos en el segundo piso y a la noche, cuando va a cerrar el ventiluz (su esposa) pegó un grito. Vidrios por todos lados, miramos… los agujeros en la pared… eran cuatro tiros. Le llamé al secretario que venga”. Lo insólito fue la respuesta de la Policía: “Habrá sido un tarado que pasó”. Para ellos “era normal”, confió Ramos, quien de inmediato exigió que quería dejar el país. Pasaron Argentinos, Platense, San Martín de Tucumán y cuando estaba en el Santo (1996) falleció su papá (Miguel Antonio). “Ahí dije ‘no juego más al fútbol’. Porque la historia de mi viejo, que nos crió a nosotros, fue bastante complicada. Mi viejo fue mi vida, fue lo máximo para mí. Desde que me desperté, las cosas que nos dio, nos enseñó…”
Chita se emocionó. Agachó la cabeza e hizo silencio por unos segundos. Hay una historia personal detrás. “Me dan ganas de llorar, pero es el recuerdo que siempre está, fue mi padre y mi madre (simultáneamente), nos enseñó todo, lo que le puedo enseñar a mi hijo es gracias a él”.
Intentó volver, entrenó pero costaba. No daba la cabeza, aunque a los diez meses le llamaron de Colombia, “queremos repatriarlo”. Le comenté mi situación y me dejaron la alternativa. “Piénselo Luis Alberto”, le dijeron.
Retornó a Colombia, jugó un año más -por el pase- y regresó a Estudiantes de Caseros un par de meses…hasta que rescindió.
En el Pincha de Caseros vivió en carne propia lo que encierra al fútbol desde hace años, “la barra brava, a mí me apretaron con armas. Me atravesaron el auto y me apretaron… ‘Che Ramos, por qué no jugás? Estás lesionado?’ No, por qué -respondió Chita-. ‘Dicen que estás lesionado, que viniste a robar’. Lógicamente no caía en el sistema y antes de evitar quilombo, me fui a Corrientes. A las dos semanas me llama Caruso Lombardi, que asumió, y me dijo que iba a contar conmigo. En ese momento mi representante era (Ricardo) Giusti… y al final me fui a San Martín de Mendoza, que fue donde terminé”.
Jugó una temporada en la B Nacional y dijo, “hasta acá llegué. Y me despedí (iba a cumplir 32), me dolió pero lo asimilé. Ojo, hoy podía seguir robando (lanzó una tibia sonrisa)”.
“Lo que hice mal fue alejarme del fútbol, no interiorizarme, me alejé completamente”, reflexionó con una pizca de lamento.
Hace 12 años está radicado en Posadas, con Jonatan (24), Paola (18) y Antonella (14), “los hijos son los valores de la vida”, los chicos son “muy apegados a mí”, confesó, quien predica el “respeto hacia ellos, los amo demasiado”.
Chita tiene un escape con su rol de DT en los interprofesionales, pero “sigo trabajando normal, manejo mis tiempos”, soltó quien maneja un remís, como él mismo lo dice… de acuerdo a sus tiempos.
“Mi objetivo realmente es el fútbol, Dios me va a dar la oportunidad de dirigir… porque el fútbol te mete dentro del fútbol. Sé que algún día se va a dar la posibilidad y tengo que estar preparado”. ¿Si un equipo te llama estás…? -indagó El Territorio-, “sí, con cuerpo técnico pero por sobre todas las cosas con lo que yo quiero”.

Los narcos
“Trato con ellos no tuve”, confesó Chita, aunque el por entonces presidente del Independiente Santa Fe estaba ligado al narcotráfico. “Sí tuve un trato con él pero como empleado, pero nunca tuve inconvenientes”, agregó.
“Me acuerdo el primer año, un día estaba en el departamento y mandó al chofer. Sube un señor uniformado y me dice ‘señor Luis Alberto, me dijo el señor César Villegas que lo invita a su mansión. Me dijo que lo pase a recoger’. ‘Dígale que la agradezco’ -respondió Chita-. ‘Pero el señor insiste’, agregó el chofer. Tres semanas después sucedió la misma escena. Y el misionero se negó, “no es que no me iba porque era el presidente. No iba porque no lo sentía. Eso un poco le molestó pero nunca me hizo saber”.
Villegas fue condenado a cinco años de prisión por vínculos con el cartel de Cali. En 2002 lo asesinaron en extrañas circunstancias.

Fuente: El Territorio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.