«Bichi» López García, el malabarista

El malabarista. Su habilidad lo llevó a jugar en distintas canchas del mundo. Tras su explosión en Guaraní en el 2009, Lucas “Bichi” López García recayó en Corea del Sur, Alemania, Rumania y ahora sus sueños se forjan en Finlandia (Foto Marcelo Rodríguez, El Territorio)

El malabarista. Su habilidad lo llevó a jugar en distintas canchas del mundo. Tras su explosión en Guaraní en el 2009, Lucas “Bichi” López García recayó en Corea del Sur, Alemania, Rumania y ahora sus sueños se forjan en Finlandia (Foto Marcelo Rodríguez, El Territorio)

La pelota es su juguete. Su amiga. Su presente. Desde que era un gurisito que correteaba por su 25 de Mayo natal, en su inconsciente tomaba forma lo que le iba a deparar el fútbol: un estilo de vida, un sostén y un colectivo de historias buenas y malas que lo fortalecieron para llegar a estos días en los que transita con seguridad.
Pasó la frustración cuando tenía apenas 15 años y había sido seleccionado para formar parte de las inferiores de Boca, situación que no se concretó por irregularidades de los responsables xeneizes. Luego llegó la etapa en las inferiores de Estudiantes de La Plata, que sumaron en la formación y contribuyeron en las amistades, como la que forjó con Pablo Piatti, hoy en el Valencia español. Hasta que recaló en Guaraní Antonio Franco en junio del 2006, y allí Lucas Gabriel López García se ganó un lugar en la sociedad futbolera misionera y entabló un romance con el club franjeado.
Fueron cinco años en Guaraní, en los que fue paciente hasta que Telmo Gómez tomó el mando del equipo en el primer semestre del 2009 y le dio la confianza necesaria para explotar. En un partido contra Sportivo Patria se terminó soltando, “ahí hice el gol, ganamos 2-0 y clasificamos nosotros. Y con Sol (de América) fue un cañazo a Suligoy, que levantó a la gente”, recordó el zurdo -en el mano a mano con Más Deportivo en el microcentro capitalino-, que se desempeña como enganche o media punta y de quien siempre la gente esperaba algo distinto cuando agarraba la pelota.

Su explosión en la Franja inevitablemente lo obligó a buscar nuevos aires. Y en la oportunidad en que Guaraní enfrentó a Vélez en un amistoso (se inauguraron las nuevas torres lumínicas), un emisario coreano quedó maravillado.
En Corea del Sur, donde estuvo un mes (a mitad del 2011), “no me pudo haber ido mejor”. Aunque no podía fichar debido a que “había un brasileño que estaba en el final de su carrera y tenía un contrato como de 60 mil euros por mes”. Como no se liberaba el cupo, “me dijeron que vuelva a Guaraní por seis meses y que en seis meses iban resolver todo. Jugué seis partidos, sin contrato. Hasta once partidos podés jugar, pero te hacen firmar un documento antes de los partidos en el que ellos no se hacen responsables. Pero fue una linda experiencia”, resumió.
De ahí el vuelo hizo escala en Alemania. Frankfurt fue el club elegido, “entrené, hice goles en los amistosos y le convertí al equipo rumano. Ahí empezó el interés y tenía la opción de firmar con los dos. La plata era más o menos la misma, pero en Rumania era primera. Decidí jugar en primera (en el Ceahlaul) y apostar a pasar a un equipo más fuerte, pero tuve la mala suerte que me rompí”.
La lesión de principios de 2012 marcó un antes y un después en su carrera. Lo golpeó de manera muy profunda, le dejó una herida que fue difícil de cicatrizar y sólo el acompañamiento del círculo íntimo disolvió esa idea que se le cruzó desde un principio: dejar de jugar.
“Me fui de pretemporada y quedaron negociando (su club con el Steaua de Bucarest, que lo quería comprar) y ahí me rompo. Fue duro, muy duro… me sale la tibia, fue una luxación de tobillo. Ahí estuve dos meses en 25 de Mayo, con mis viejos, sin ellos no volvía a jugar. Pasás de una pretemporada a que te saquen de una cancha. estuve dos meses y medio sin apoyar el pie en el piso. Me contuvieron mi mamá, papá, mis hermanos, mis amigos (ambos se llaman Darío), primos. Cuando llegué no quería saber más nada”.
De vuelta en Europa luchó para realizar la recuperación en Bologna -Italia-, “está el doctor Nanni, que es uno de los mejores del mundo. Él le recuperó a Baggio, Maradona. Ahí iban Ibrahimovic, Kaká, Pato, todos los monstruos. Baggio hablaba de Maradona, contaba anécdotas, fuimos a comer, un crack”, resumió.
“Ellos (por su club) me pagaban todo en Rumania, pero no tenía la confianza de que me iba a recuperar. La verdad no me arrepiento de nada, si no fuera eso sería difícil”, sintetizó.
Aunque no todas fueron malas. Al principio, en Rumania, “fueron meses espectaculares, comparado a la primera parte de este año. Tal vez fue uno de los mejores momentos de mi carrera. Era todo motivación, la gente, los estadios… Aparte, como en un primer momento hablaron de mí, que Messi, que Messi… Al principio no me gustaba, pero me daba el nombre. Los chicos me pedían fotos, la gente cantaba mi nombre. Cuando me rompí, mi viejo fue para allá, y cuando comenzaron a cantarme en el estadio se puso a llorar”.
El 2012 prácticamente pasó en blanco. Volvió en diciembre de ese año en un partido de copa y al año siguiente costó después de estar tanto tiempo inactivo. “No era lo mismo, me costaba lo físico, volver a ser lo que era”, recordó. Hizo una buena pretemporada a mitad de año, “me entrenó Seba Scattolaro (ex preparador físico de Guaraní, Mitre, Ex Alumnos), hicimos una preparación buena acá, después volví al club, iniciamos la pretemporada, hicimos los amistosos, ahí sentí que volví a ser lo que era. Desde julio de 2013 volví a jugar como antes”.
Con el nivel ideal, Bichi recuperó el cartel. Tuvo un par de ofertas -a mediados de año-, “no me dejaron ir y a los dos meses se va el dueño y quedo libre. Allá todos los presidentes son millonarios, no hay un club que tenga sponsors, como acá. Después de lo que pasó en el club, ahora está por descender. El presidente nunca quiso venderme, decía ‘vendo a todos menos a Lucas’”.

Extrañar pero disfrutar lo soñado
Se lo ve maduro a Bichi. Más pensante, suelto… A los 26 años ya no se sorprende con la convocatoria que se producía en Rumania, que fue “lo que más me atrajo; de repente te encontrás con diez periodistas, la gente, ese primer contacto”. También asume esa sensación amarga de no tener a la familia. “De repente no poder verlos a ellos. O jugar domingo, que te aplaudan y cuando llegás a tu casa estás solo. Principalmente mi viejo, que es el más fanático. Eso costó pero era un sueño que teníamos todos”.
Vivía a 300 kilómetros de Bucarest, rodeado de montañas “espectacular, eran 40 mil personas para un equipo. La ciudad era linda, iba a comer y la gente te pagaba la comida. Sacando la lesión, en Rumania me fue bárbaro”.
Sin embargo, al momento de socializar, “la persona rumana es rara, un poco desconfiada”, pero consolidó grandes amistades, “con un español, con los brasileños”.
¿Si encontró similitudes con Latinoamérica? “En Rumania hay problemas como en todos lados, querían tumbar a un presidente, hay problemas económicos, la familia trabaja todo el día”. Ahora forma parte del Honka de Finlandia, país totalmente “distinto, no ves gente en la calle, no ves basura, las reglas se cumplen”. Vive en Helsinki, aunque “no sabía si seguía, después me desgarré y el club me dijo que quería que siga, ahora respondí que sí y la pretemporada arrancamos el 8 de enero, porque el 22 tenemos copa”.
La imagen retro congela el cañazo que le hizo a Suligoy con los colores de Guaraní. Ese zurdito atrevido sólo quería jugar, tener su chance, sentirse alegre dentro de una cancha. Y generarle una sonrisa a papá Odilo, mamá Teresa, los hermanos Pablo, Diego y Bianca y a su novia -también de 25 de Mayo- que lo banca. El ídolo al que los papás fanáticos de la Franja invitaban a los cumpleaños de sus hijos para que sea regalo sorpresa seguirá siendo Bichi. O un Bicho de ciudad. El mismo que regala fútbol. Un cacho de fútbol.

Joni: ese amigo, ese espejo
Esa primera parte en Guaraní no fue sencilla. El salario todavía no reconfortaba y había que hacer malabares. Por eso Lucas apela a la memoria y no se olvida de quiénes lo ayudaron.
“Quiero agradecer el apoyo de Polaco Franco, Hugo Castillo, Manuel Dutto, Pitu Balmaceda, que siempre me hablaron para bien y Joni Schunke, que fue siempre mi espejo. (Con Schunke) Tenemos una gran amistad y es una persona que admiro, me demostró que se podía. Lo tengo como un gran ejemplo para mí”, confesó.

PING PONG FÚTBOL
Un jugador
El tatuate del Diego (Maradona) me hice después de ir a montón de países y que me vean el pasaporte y vean que soy argentino; y lo primero que me decían es Maradona.
El más grande de todos los tiempos. De ahora, un jugador Lionel Messi.

Un momento positivo
Ganar el premio al mejor gambeteador de la liga rumana 2011/12, habiendo jugado sólo la primera ronda, porque la fractura me dejó sin jugar la segunda rueda.

Un momento negativo
La fractura de tobillo.

Telmo Gómez
El mejor entrenador de mi carrera; por confianza, por creer en mí y apostar por mí cuando nadie lo hizo. Y por ser la persona que hizo un click en mi cabeza, aparte de la amistad que nos une.

Una anécdota de Europa
En Rumania, cuando llegué, me dijeron que tenga cuidado con los taxis, que son medios gitanos. Y que si me conocían me podían robar. Y a los días me tomo uno para ir a entrenar y el taxista sólo me miraba por el espejito. No paraba de mirarme y me empecé a asustar un poco. Me doy cuenta que cambia el trayecto que siempre hacía de mi casa al club y pensé que me quería robar. Me habla en rumano, yo no entendía y era que esperara en el auto. Estacionó, entra y saca al hijo de la escuela para que se saque una foto conmigo. Y pasé de un estado de nervios total a sentirme un privilegiado de poder ser jugador de fútbol y vivir esas cosas.

Fuente: Gilberto Pérez, El Territorio.

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