“Candelaria me enseñó a vivir en familia”

Roberto Pili GonzálezPara Roberto “Pili” González, Candelaria no es sólo la antigua capital provincial. No es simplemente la tierra donde forjó su destino. Candé es todo. El experimentado defensor inició su carrera futbolística justamente frente a Candelaria, y a partir de ahí, desde hace más de dos décadas comenzó a sentir un cosquilleo interno por los colores rojo y blanco.
Referente de aquel humilde e histórico equipo de Candelaria que logró el ascenso al torneo Argentino A a fines de mayo de 2004, el polifuncional jugador, surgido de Jorge Gibson Brown y que pasó por casi todos los equipos de fútbol de la Liga Posadeña de Fútbol, le puso punto final a su carrera el pasado 1 de diciembre, en el triunfo de su equipo 3-1 ante Huracán.
Nacido el 17 de julio de 1975, Pili le dijo basta al fútbol a los 40 años. Había colgado los botines hace un año, pero volvió a Candé a dar una mano y, después de pensarlo y meditarlo junto a su círculo de confianza, decidió despedirse a lo grande: en una cancha de fútbol, jugando a la par de los pibes, en su propia casa Candelaria y ante el reconocimiento de aquellos que conocen su historia.
“Si es por mí que no se retire nunca”, se escuchó decir a uno de los empleados históricos de Candé cuando Pili saltó a la cancha para jugar su último partido.

El Rojiblanco tenía una mínima chance de clasificar a semifinales del torneo Clausura si ganaba y no lo hacía Corpus, pero el Tricolor le ganó su partido a La Picada en Villa Cabello en el cierre de la fase regular y de esa manera se terminó el sueño de Candelaria. Y, por ende, también el de Pili, que ya había adelantado previamente que estaba viviendo sus últimas horas como futbolista.
Tapicero de profesión, cultor del perfil bajo y padre de cuatro hijos, Pili aguantó hasta donde pudo la emoción ‘post retiro’ en la cancha, donde recibió el saludo afectuoso no sólo de sus compañeros sino también de sus circunstanciales rivales, pero finalmente hizo un balance de lo que fue su trayectoria adentro de las canchas.
Si bien para muchos futbolistas el momento de decidir colgar los botines no es tan sencillo (algunos hasta se apoyan en psicólogos), Pili lo tomó con madurez y conciencia. “Es difícil dejar tantas cosas que uno vivió durante tanto tiempo”, señaló, y reconoció que “físicamente no me siento como antes”.
“Hay jugadores más jóvenes y veo que es la hora de retirarme y dejarle la posibilidad a otros chicos que tengan más para dar”, reflexionó.
“Yo había dejado de jugar, pero vine a Candelaria para dar una mano porque en un momento se fueron varios jugadores; decidí seguir hasta este año, pero ya venía bajando el nivel de entrenamiento y decidí dar un paso al costado”, se sinceró.
“Desde afuera puede parecer que físicamente estoy bastante bien, pero adentro de la cancha uno lo siente, los chicos te lo hacen ver; el nivel de la Liga Posadeña es muy bueno, muy competitivo, y ya veo la necesidad de dejar”, explicó González.
“Ahora quiero incursionar en otras cuestiones, capacitarme y hacer mi carrera como técnico”, adelantó.
“Tengo la escuela con los chicos desde hace un tiempo en Candelaria y es algo que me gusta, pero por momentos es cansador, por eso ahora me quiero tomar una licencia, hacer un balance y ver la posibilidad de agarrar algún club”, aclaró.
En este sentido, el zaguero aseguró que “dirigir es uno de mis sueños, formar gente y sacar jugadores es algo realmente placentero; hay mucho potencial en Candelaria y este es un club muy bueno para aprender a jugar al fútbol”.
Adelantándose tal vez al tiempo, aclaró que “la dirigencia de Candelaria sabe cómo trabajo, yo hablo mucho con el actual técnico y coincidimos en muchas cosas, me encantaría que Candelaria vuelva a estar en los primeros planos”.

Lo que le dejó el fútbol
“El fútbol me dejó muchas cosas buenas, muchos amigos, gente que me dio una mano en las etapas más difíciles que me tocaron vivir, tanto fuera como dentro de la cancha”, ponderó, y valoró lo que le dio el club de la antigua capital provincial: “Candelaria me enseñó a vivir en familia, porque acá siempre hay alguien que te tiende una mano, Candelaria tiene eso, que es algo que me llena de satisfacción, saber que existe gente así es realmente una bendición”.
“El fútbol también me permitió compartir una cancha o enfrentar a muchos futbolistas que pasaron por Boca, River y varios clubes grandes, y gracias a todo eso aprendí mucho e incorporé conocimientos que me van a ayudar cuando sea técnico”, destacó.
A la hora de rememorar sus mejores momentos en el verde césped, el defensor no dudó en afirmar que “lo más emotivo que viví fue con el ascenso de Candelaria en Villa María (NdR: el 30 de mayo del año 2004, pese a perder 1-0 ante Alumni, el Rojiblanco ascendió al torneo Argentino A), vi a tanta gente que viajó a vernos allá que me sorprendió, gente a la que se le rompió el camión a mitad de camino y no pudo estar, gente que tuvo que hacer muchas cosas para pagarse el viaje, por toda esa gente yo decidí jugar siempre en este club, y ahora que me retiro quiero seguir haciendo cosas por esa gente, pero desde otro lado”.
Mientras intenta alejarse definitivamente de ese mundo tan placentero que siempre le brindó la redonda, Pili González planea sus próximos pasos. El fútbol de la tierra colorada despide a un baluarte defensivo, un hombre incluadicable tanto adentro como afuera de la cancha, que supo ganarse el respeto y el reconocimiento de todos.

Conceptos para tener en cuenta
• El fútbol como medio de vida
“No es fácil vivir del fútbol, pero si uno cree en uno mismo creo que se puede, pero hay que dedicarse exclusivamente a jugar, entrenar y entrenar, cuidarse y alimentarse bien. A mí el fútbol me dio de comer durante muchos años, pero
es clave llevar una vida sana y sin vicios. Es lindo vivir del fútbol y para llegar lejos hay que cuidarse, yo siempre le inculco eso a los chicos, esa es la base de todo; el futbolista vive de su cuerpo y por ende debe cuidarlo”

• Candelaria, una vidriera
“Tal vez no estemos de la mejor manera en Candelaria, porque en otros clubes seguramente hay mayores comodidades, pero en Candelaria vi jugadores que realmente juegan por la camiseta y que dejaron una marca; por esa gente tenemos que seguir trabajando. Candelaria hoy
no es más que una vidriera, porque acá no se pueden pagar sueldos, pero los chicos pueden aprovechar esa vidriera, mostrarse y después tener posibilidades en los torneos nacionales, sobre todo ahora que tenemos dos equipos en el fútbol grande. Hay mucha gente que ve el esfuerzo y lo valora y uno debe pelear por esa gente”

Fuente: El Territorio.

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