Dante Pigerl, un símbolo futbolístico de festejos

Dante Pigerl, el último gran referente del fútbol misionero, está cumpliendo 50 años

Dante Pigerl, el último gran referente del fútbol misionero, está cumpliendo 50 años

En la continuidad de la 5ª fecha del torneo Clausura posadeño, Tigre y Sporting protagonizarán el clásico de Santo Pipó, el cual no será uno más.
Dicho encuentro será una buena ocasión para homenajear al inoxidable Dante Pigerl, el símbolo del Felino que hoy cumplirá 50 años, 36 de ellos jugando en la primera división.
Además, Luz y Fuerza se medirá con Atlético Itatí en el marco de la zona A, Candelaria chocará con Guacurarí por el grupo B y Ágil se verá las caras con Corpus en la zona C.

Hermanos que marcaron una época gloriosa

En Misiones en general, y en Santo Pipó en particular, el apellido Pigerl es sinónimo de fútbol. Y más aún, sinónimo de familia.
Referentes de un equipo que marcó un hito en el deporte de la tierra colorada, los hermanos Alan, Dante y Heno se hicieron conocidos en la década del 90’, pero fue en el torneo Argentino B de 1999, cuando el equipo quedó en las puertas de un histórico ascenso al Nacional B, cuando sus nombres definitivamente ingresaron en los libros del deporte colorado.Dante Pigerl, un símbolo futbolístico de festejos
Alan, el mayor de los hermanos con 49 años, Dante, el de medio con 47, y Heno, el más ‘pibe’ con 45, nacieron, se criaron, disfrutaron y sufrieron en un ambiente exclusivamente futbolero. De hecho, los últimos dos aún juegan el torneo de la Liga Posadeña de Fútbol en lo que significa un verdadero récord, aunque aclaran que “ahora los golpes y los roces realmente se sienten”.
Con más de 35 años jugando al fútbol, Dante y Heno señalan que “seguimos jugando porque no podemos estar sin el fútbol”, pero a coro y sonrisas mediante coinciden en que “cada día se hace más difícil”.
¿Pero cómo fueron aquellos primeros años de convivencia? “Aunque no lo creas, nosotros jamás tuvimos una discusión y siempre nos llevamos de la mejor manera”, anticipa cual marcador central Dante. “En la familia siempre se inculcó amor y cariño, en cada cosita nunca faltó el amor”, agrega.
“Me acuerdo que desde chiquitos volvíamos juntos de la escuela, nos cambiábamos en casa, nos íbamos juntos a jugar y volvíamos embarrados”, relata el actual presidente del Consejo Provincial de Deportes.
“Un día estábamos jugando, faltaba uno y entró a jugar papá (Otto Pigerl) como central, armamos un buen equipo y a partir de ese día nació lo que luego fue Tigre”, añade Alan, con la claridad mental de todo médico anestesiólogo.
“Al poco tiempo papá fue electo presidente, nosotros empezamos a jugar en la reserva y después en Primera y ahí nos empezamos a entusiasmar bastante”, cierra la idea el mayor de los hermanos Pigerl, una familia descendiente de la ciudad alemana de Baviera.
“El fútbol se nos metió en la piel y desde que empezamos a jugar jamás existió otra idea un domingo de no ir a la cancha; eso era algo sagrado”, acota Heno.
En el fútbol, se sabe, reclamar una salida en falso, una maniobra individual de más, un penal errado o simplemente dirigir una frase a un compañero puede derivar en un fuerte cruce de palabras. No obstante, los hermanos juran y perjuran por todos los dioses que “nunca nos cuestionamos”, y aseguran que “siempre nos llevamos muy bien”.
“Nosotros nos amamos de una manera muy particular y siempre hablamos bien antes de cualquier circunstancia”, aclara Dante.
¿Qué les pasa por la cabeza cuando un hermano es víctima de una infracción o una acción malintencionada del rival?
“Ahí sí que saltamos, porque cuando le hacen algo a un hermano es diferente al resto”, reconoce el dirigente deportivo.
Y Heno, médico generalista, agrega: “Yo siempre fui el más chico y doy fe; a mí me defendían a muerte, siempre me cuidaron”.
Ese Tigre, que en 1999 reventó de gente la cancha de Guaraní, fue ni más ni menos que un grupo humano excepcional cuya humildad y simpleza contagió cada rincón de la tierra colorada.
“Nuestra máxima alegría eran los domingos, porque sabíamos que mucha gente terminaba el día feliz; y con el paso del tiempo nos dimos cuenta que el fútbol se adueñó de nuestras familias”, se suma Heno.
“Acá nunca hubo envidia, nunca competimos entre nosotros y nunca miramos la tabla de los goleadores a ver quién hacía más o menos goles, lo importante era el grupo”, explica Alan.
Y salta Dante a cortar con tanta dulzura. “Lo jodido era cuando te agarraba papá con las puteadas; a veces llegaba a casa y salía de nuevo para que no me diga nada, sobre todo cuando me expulsaban; que te agarre tu papá es lo peor que te puede pasar”, dijo un poco en broma y bastante en serio.
¿Y quién elegía los números de las camisetas? “El 6, el 9 y el 10 ya estaban reservados, el resto se repartía”, dijo antes de la risa generalizada el mayor de la familia. “Nadie te discutía por qué jugabas con tal o cual número porque nunca faltábamos a un entrenamiento; cada uno sabía qué lugar tenía que ocupar”, aclara.
“A nosotros nos mantiene unidos, además del fútbol, la medicina, porque es un respaldo saber que los otros compañeros están atendidos y tienen cobertura, la medicina nos permite tener un vinculo más directo entre nosotros y también con la gente”, aporta Heno, el goleador del equipo.
Y Dante retoma la cuestión de los lazos: “Yo no hay día que no hable con mis viejos y mis hermanos, cuando podemos estamos juntos, siempre es así, no hay fin de semana que no pasemos juntos, sí o sí y todo el tiempo”.
¿Hay algún proyecto que tengan en común? “Nuestro proyecto consiste en seguir estando juntos” dice sin titubear Alan, y adelanta que “siempre pensamos que los tres vamos a volver a jugar juntos”. “Con Heno estamos más cerca de estar con Alan que él de estar con nosotros”, interrumpe en plena carcajada Dante, anticipando su inminente retiro.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio y redacción Deportes Misiones.

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