A los 3 años, Nicolás Padilla comenzó a experimentar los primeros encantos por el fútbol. Siguiendo los pasos de su padre, con el pasar de los años la pasión se afianzó y el anhelo de convertirse en un futbolista de Primera se convirtió en su mayor sueño.
Hace cinco meses la perseverancia tuvo su fruto y desde San Pedro fue convocado para formar parte del club Camioneros -de Esteban Echeverría, provincia de Buenos Aires- club en el cual es titular en la categoría 1994, la 9ª división. Con el apoyo de su familia puede afrontar los costos que conlleva seguir luchando por conseguir su sueño de llegar a integrar el plantel de Primera del club.
Nicolás proviene de una familia humilde, luchadora y trabajadora del barrio Irrazabal de la Capital de la Araucaria. Es el menor de ocho hijos de Juan Padilla y Argentina Machado.
El clan Padilla es pilar, fortaleza y fuente de recursos económicos para que el adolescente de 14 años haya llegado al club, lo que resulta muy difícil para los jóvenes del interior, que de no ser por el acompañamiento de la familia y ante la falta de recursos económicos, muchas veces deben abandonar el sueño a medio camino.
Padilla estuvo intentando llegar a este nivel durante más de un año, hasta que uno de los representantes del equipo, Ezequiel Da Silva, observó su gran desempeño en el campo de juego.
El joven, en uno de sus momentos libres, accedió a una entrevista con El Territorio para compartir su historia.
“Desde muy chico me llamó la atención el fútbol y a medida que crecí se convirtió en mi deporte favorito. Llegar hasta acá es algo más que importante para mí, mi deseo es seguir adelante, superando las etapas. Desde que llegué hace cinco meses soy titular, tuve la suerte de pasar la primera prueba, me va muy bien y puedo avanzar gracias al esfuerzo que hace mi familia para pagar la pensión en la que vivo”, contó el misionero.
Luego de la evaluación durante una semana, Nicolás recibió la aprobación en Camioneros y se convirtió en el volante por izquierda titular.
La adaptación a nuevos compañeros, entrenamiento profesional y una realidad muy diferente a la que llevaba en la Capital de la Araucaria fue rápida. Las prácticas se realizan todos los días por la tarde y, sin dudas, el día más esperado es el domingo, en el que Nicolás se mide en la cancha ante rivales de buena talla.
Lo más difícil fue estar lejos de sus padres, pero fueron ellos quienes lo incentivaron a no abandonar y redoblan esfuerzos para conseguir 8.500 pesos mensuales que cuesta la pensión en la vive Nicolás.
La suma de efectivo la obtienen mediante distintos trabajos que realiza el padre y una pensión de madre de siete hijos, sumado al aporte solidario de otros familiares.
“Para nosotros es un orgullo, una emoción verlo hacer lo que tanto le gusta. Yo fui deportista, ahora soy árbitro, fue complicado para nuestro hijo despegarse de nosotros, pero lo animamos a no bajar los brazos, que desde acá le estamos dando fuerzas”, contó el papá de Nicolás.
“Los costos los bancamos a pulmón, con la ayuda de la familia. Algunos donan 500 pesos, otros 1.000 y así juntamos y, por más que se vuelva critica la situación, vamos a bancarlo siempre”, señaló Juan Padilla.
El número ‘10’ se emocionó al hablar sobre los partidos con las inferiores de Boca y Estudiantes, y cuál es su objetivo más allá de convertirse en un jugador de Primera División.
“Jugar con Boca y Estudiantes fue muy bueno. Quiero seguir adelante para ayudar a mi familia. Sería muy bueno que ayuden a mis padres a pagarme la pensión porque esta es una posibilidad única para mí”, explicó Nico.
“Se extrañan mucho los encuentros de fútbol en mi pueblo”, reconoció el de la tierra Colorada, pero ponderó: “Cada esfuerzo vale la pena”.
Fuente: El Territorio.




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