Lucas López García mantiene la vara alta

Lucas López García mantiene la vara altaEl look informal, pero con destellos de frescura. Sereno, se aferra a su compañero inseparable, el mate, y comienza a hablar de lo que lleva en la piel: la pelota. Mantiene el tono en las respuestas, pero apenas arranca el diálogo se lamenta por el ascenso frustrado de Guaraní al Federal A. Agrega: “Lo durmieron acá, si no perdía con ese gol en off side, el partido allá era otro”.
Lucas López García aprovecha su estadía en la Tierra Colorada, su lugar en el mundo, comparte con sus seres afines, se da el gusto de visitar amigos y también analiza su temporada, de la que viene dulce, ya que se coronó campeón en la segunda división del fútbol griego con el Volos NFC.

Precisa que la idea es seguir en Europa, salvo que aparezca algo interesante de otro punto y resume: “Fuimos campeones cinco fechas antes, el técnico nuestro trabajó con (Josep) Guardiola, después fue un año al Arsenal (inglés) y se largó solo: un fenómeno. En la semana nos mataba en lo táctico, eran aburridísimos los entrenamientos, pero el fin de semana el equipo volaba”.

¿Qué fue lo que más incorporaste?

Aprendí que no es sólo un movimiento individual el que te hace recibir solo, es colectivo. Había un proceso que él le llama posesión larga, y esa movilidad de minuto, minuto y medio hace que el rival se rompa. Uno de ellos se desconcentra. Y después la presión, teníamos seis segundos para recuperar. Si no lo hacía nos replegábamos. El único (partido) que no lo conseguimos fue contra AEK, que tiene más calidad, que fue campeón de primera. Pero al resto (de los rivales), esa presión obligaba a que tiren la pelota arriba y no les dejábamos opción de pase. Fue el año que más disfruté, porque el equipo jugaba demasiado bien.
En 2018 venía de conquistar la copa de Finlandia con el Inter Turku, pero lo contactan, “me convence el entrenador para llevarme a Grecia”. ¿Por qué? Por una cualidad marca registrada del misionero: “Él veía en mí para romper líneas, desde que llegué jugué siempre libre. Jugábamos 4-3-1-2, pero llegábamos mucho, el equipo atacaba con mucha gente. Siempre me llegaba la pelota limpia y el equipo sabía a qué jugaba.
¿Cuál fue la diferencia con Finlandia?
Ahí es como el fútbol inglés. Ellos miran eso, mucho fútbol directo, transiciones cortas. Juegan con nueve grandes, me gustaba… son duros. Si no estás ciento por ciento, no jugás porque son vikingos, súper dotados. Fijate que los buenos están en la liga inglesa. Cuando fui a Finlandia pensé que iba a ser un fútbol más relajado, pero tuve que cambiar el chip.
De todas maneras, el oriundo de 25 de Mayo aclara que “la liga rumana (primera división) fue la mejor que jugué, había equipos que jugaban Champions League, los equipos volaban, fue mi mejor temporada en Europa -el primer año-; ahí me querían todos hasta que me fracturé. Y en Finlandia -también en primera división- era más peleada. Teníamos un técnico italiano, pero este español -en Grecia- me cambió todo”.
La rompió en Guaraní y de repente apareció en Corea del Sur, que “me ayudó (fueron tres meses). No pude jugar por el cupo de extranjeros, pero me liquidaron físicamente, el ritmo es infernal. Y por eso mi primer año en Rumania fue muy bueno”. Ya con recorrido, Lucas traza una línea en el tiempo y resalta: “Siempre me fui adaptando (a las ligas). Aunque parezca raro, siempre me crié jugando en canchas malas: en mi pueblo, en Argentino B, y cuando te toca jugar en estas, te cuesta por lo perfecto que es el pasto. Finlandia, en ese sentido, es espectacular. Tuve que prepararme para soportar los golpes, en un ámbito que no es el mío”.
A los 31 años reconoce que cuando jugaba en Guaraní “me alimentaba mal, porque las costumbres de acá -en Misiones- no son para profesionales. En Rumania (también) comía muy mal. Me tocó jugar con muchos jugadores que estuvieron en el alto nivel y me marcaron que hoy si regalás medio metro, te limpian. Tenés que estar con la vara alta, si no te limpian. Me ayudó mi mujer, que también se cuida. Como somos dos, la alimentación hoy en día es el 50 por ciento. Por más que tengas talento, si no lo trabajás estás al horno. Por ejemplo, en Finlandia corríamos pasadas a morir y con el  DT español (en Grecia) era todo pelota. Y físicamente dominábamos todos los partidos”.
Se siente a gusto en Grecia y lo define: “Es un país estupendo…” Otra vez se mete de lleno en lo deportivo y sintetiza: “El año fue espectacular. Valoro lo futbolístico, el prestigio que te da ganar esa liga”, hasta que se toma unos segundos y proyecta: “Ojalá me toque estar dos o tres años más en Europa, completar los diez años sería espectacular, como satisfacción”.
¿Y después? “Volver, más que nada por el tema de la familia. Ya lo habíamos hablado una vez de que en Rumania no pude disfrutar con mi familia lo que me pasaba. La gente me aplaudía, me cantaba. Pero terminaba el partido y me quedaba solo, ni por internet me podían ver. Y ahora me tocó ganar con mi mujer, el sabor fue distinto, pero me hubiera gustado tener a mi familia. No se dio, pero Dios me dio la posibilidad de estar con mi mujer”.

Lucas y…

Su ladero: “Soy matero… llevo a todos lados”.
La comida: “Me encanta el pulpo, el sushi, aunque me haya criado comiendo reviro”.
Una obsesión: “Mi fuerte siempre fue el uno contra uno y siempre fui perfeccionando, como lo hacen todos. En Finlandia teníamos un programa, apenas terminaba el partido lo podía ver. Y en eso siempre fui muy rompe, mejorar lo que no tenía. Aparte una cosa, interiormente sé que nunca voy a llegar a la selección argentina, por ejemplo. Pero cada temporada afronté esperando un llamado, sabiendo que no me iban a llamar”.
El futuro: “La idea es seguir en Grecia, pero cambiar de equipo; voy a ver si puedo rescindir porque me queda un año de contrato. Tuve un par de ofertas que no me cerraban, estoy esperando, que Dios decida lo que me toque”.

Fuente: Gilberto Pérez, El Territorio.

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