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Dos arqueros… un camino en la Octava de Banfield

Lautaro, segundo desde la izquierda; y Pablo, primero desde la derecha, posan para la foto junto a los otros dos arqueros de las inferiores de El Taladro. En Octava, Misiones tiene aguante (Foto Primera Edición)

El arco de la Octava división de Banfield está en buenas manos. Y en manos misioneras. Llegar a un club de Buenos Aires detrás del sueño de Primera no es fácil para ningún pibe, mucho menos del interior. Por eso, lo de El Taladro es un caso extraordinario: dos amigos que ya jugaban juntos en Misiones se reencontraron en Peña y Arenales.
Lautaro González (15) es posadeño, del barrio San Marcos. Jugó en La Picada, Mitre y Crucero del Norte. Pablo Knoll (15) es de Santa Rita y jugó en MoJoMi, AEMO de Oberá y también en el Colectivero, donde ambos se conocieron e hicieron amigos.
La vida hizo que, tras seguir diferentes caminos, volvieran a juntarse a más de mil kilómetros de distancia y con un solo objetivo: los dos comparten el arco de la Octava de Banfield.

“Somos amigos y tenemos una muy buena relación. Nos apoyamos mutuamente. Estar juntos nos motiva a seguir adelante siempre”, coincidieron los dos representantes de la tierra colorada, uno desde Posadas y el otro en Buenos Aires, a El Deportivo.

El sueño de Primera
Apenas algunas semanas de diferencia separaron la llegada de Pablo sobre la de Lautaro a Banfield. El primero en arribar fue Knoll, después de un breve paso por Racing Club y Tristán Suárez. Completaba un período de seis meses de entrenamiento en ese último club cuando surgió la prueba en El Taladro, en noviembre pasado. Y el oriundo de Santa Rita no la desaprovechó.

“Terminamos de entrenar y nos llamaron a los ocho chicos que estábamos a prueba. El entrenador nos dio una charla individual a cada uno. Cuando me llamó, empezó a sonreír. Yo estaba muy nervioso. Y cuando me dijo que había quedado, no lo podía creer. Me preguntó si me iba a afectar estar lejos de casa, pero le dije que no, que esta era la vida que había elegido para mí”, recuerda Pablo sobre uno de los días más felices de su vida.

Lo de Lautaro, en tanto, debió esperar un poco más. Tras probar en Independiente y Argentinos Juniors, finalmente en enero último le confirmaron desde Banfield que lo querían en la Octava.

“Mi mamá me avisó que habían llamado de Buenos Aires y que tenía que viajar lo antes posible. Fue una alegría inmensa. Encima me tocó viajar el 16 de febrero, el día de mi cumpleaños, así que imaginate”, relató González.

Las historias de ambos arrancan separadas pero se unen, antes que nada, en Santa Inés. Knoll es de Santa Rita pero mediante los profes de AEMO consiguió una prueba en Crucero.

Y quedó. Fue en enero de 2019 y debió hacerse un lugar en la casa de su hermano, en Candelaria, para estar cerca del club. Ahí coincidió con Lauti, que venía de Mitre y que consiguió las pruebas en Buenos Aires gracias al profe Jorge López.

Ya en Banfield, Pablo no tardó en contactar a Lautaro al saber que también había quedado en el club. “Nos conocemos de Crucero y somos muy buenos amigos. Me puse muy contento por la noticia. Hoy por hoy estamos viviendo en la misma pensión y hasta vamos a entrenar juntos”, celebra Knoll desde Monte Grande.

“La vida en la ciudad es totalmente diferente, pero nos acostumbramos. En el tiempo libre, hacemos de todo juntos. Salimos a tomar un tere a la plaza, miramos alguna película. Es diferente a estar solo que estar con alguien que conocés y que, encima, es del mismo lugar que vos”, agrega González.

Llegar a Banfield fue un antes y un después para los dos. Y no sólo por el nivel en lo futbolístico. También empezaron a convivir con el mundo de Primera. Los dos ya se sacaron fotos con Iván Arboleda y Facundo Cambeses, los arqueros del plantel profesional. Y también, claro, con Julio Falcioni, toda una leyenda del club.

“Con Falcioni pude hablar y pedirle una foto, me dijo que le meta para adelante, que tengo condiciones”, recuerda Lautaro sobre ese encuentro. “Todos son muy piolas”, agrega Pablo, que también recibió el “visto bueno” del actual mánager de El Taladro.

Al sueño del pibe que Pablo y Lautaro comparten, el coronavirus les puso un freno momentáneo. Debido a la pandemia y el parate, aún no pudieron debutar oficialmente en los torneos de AFA, aunque ya jugaron varios amistosos.

“Pude jugar 15 minutos contra Independiente que, cuando me citaron para ese partido, no pude dormir en toda la noche. Fue algo único, inexplicable. Después también jugué contra River, que ganamos 2-1”, cuenta Lauti. “Pude jugar en Casa Amarilla contra Boca, después contra San Lorenzo y Racing”, narra Pablo.

¿Cuál es el sueño de ambos? Sin dudas, debutar en Primera. El tema es que el arco es uno solo. Los chicos no se hacen problema y separan la amistad de lo futbolístico. “Los dos entrenamos mucho y dejamos todo para seguir creciendo. Es difícil estar lejos de casa, pero estar en un club de Primera y compartirlo con Pablo es algo único y nos apoyamos mutuamente”, dice Lautaro.

“Los dos queremos triunfar y se da una competencia sana entre nosotros. Pero sin dudas, te motiva mucho tener un amigo acá”, reflexiona Pablo.

Detrás de una ilusión, solo una cosa separa a los dos arqueros misioneros que tiene la Octava de Banfield. Pablo, que toma como referente a Ter Stegen (Barcelona), es hincha de River Plate. Lautaro, que quiere ser como Esteban Andrada es, claro, de Boca Juniors. En realidad, eso poco importa hoy. Banfield los unió en el camino y en la pasión.

Fuente: Primera Edición.

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