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“Si pudiera elegir, volvería a ser jugador de fútbol”

Cierra los ojos y recuerda los primeros pasos en la escuelita de “Tito” Noguera. Enseguida le viene a la mente ese Tigre que hizo soñar a la provincia. Uno de los goles para el histórico ascenso de Candelaria, otro recuerdo grato para el fútbol misionero. Los clásicos a cancha llena entre Guaraní y Crucero.

Los buenos momentos y los malos. El partido contra Boca Juniors en 1999. Las lesiones. El adiós a la pelota. Nadie puede discutirlo: Carlitos Vicente (40) fue uno de los referentes del hambre de ascenso de Misiones en las dos últimas décadas. Y también un embajador en tierras lejanas, desde Buenos Aires, pasando por Rafaela, hasta Puerto Madryn.

“Si tengo que volver atrás, sabiendo el sacrificio, que muchas veces no voy a cobrar… A pesar de todo, si pudiera elegir, volvería a ser jugador de fútbol”, le dice Carlitos a El Deportivo, que lo invitó a una charla para recorrer su carrera, emparentada con las grandes gestas de la pelota de la tierra colorada.

Sobre las campañas con Tigre, Candelaria y Guaraní, pero también sobre su paso por 9 de Julio y Ben Hur de Rafaela, Ferro Carril Oeste o Brown de Puerto Madryn. De todo eso, el “hijo del viento”, como alguna vez lo apodaron, habló con este suple. Y mucho más. ¿Cómo fue jugar al fútbol con el ‘Pupi’ Zanetti, Martín Palermo, Roberto Nanni o el ‘Piojo’ López? Una historia que vale la pena conocer.

Carlitos, ¿cómo arrancaste?
Yo era de Villa Cabello y jugaba para La Academia, un equipo del barrio que compartía con Chapay, Gustavo Semino, Néstor Jaquet. Ese era un alto semillero. Y de ahí, un día mi viejo me llevó a la escuelita de fútbol de Guaraní, donde estaba “Tito” Noguera. Eso fue en el 86 u 87, yo tenía 8 años. Era la época dorada de Guaraní y mi viejo quería lo mejor para mí. “Tito” fue mi primer técnico y después vino Darío Labaroni. Nosotros éramos todos “chicos de la casa”, por así decirlo, y Darío venía y nos recag… a puteadas en los entrenamientos (se ríe). Al principio nuestros ojos quedaban así de grandes, pero de a poco lo fuimos conociendo y descubriendo todo lo que sabía. La verdad es que nos enseñó un montón. Es un tipo extraordinario. Ahí jugaba con Fabi Sosa, Pinino Betancur, el periodista Leo Furlán, Pumita Novak…

¿Y el debut en Primera?
A los 16 años debuté en la Primera local. En ese entonces, Guaraní estaba en el Argentino A, allá por el 96. Nosotros entrenábamos con el plantel del Argentino, donde estaban Dani Garay, Jorge Vera, Sergio Sosa, Néstor Molina, Ariel Avaca… Pero ese año, pese a que había zafado del descenso, Guaraní se termina bajando del torneo. Y fue una época difícil para el fútbol misionero, que queda alejado totalmente del nivel nacional. Así hasta el 98, que Tigre juega el Argentino B. Y ahí debuté en un torneo nacional. Pero enseguida quedamos afuera, en primera ronda. Y ahí volví a Guaraní.

Con La Franja, jugaste ese recordado amistoso contra Boca en Villa Sarita del 99…
Cuando nos enteramos que venía Boca, fue algo único. Yo soy muy creyente y le pedí a Dios la posibilidad de ser titular. Y pude hacerme mi lugar. Fue una experiencia muy linda, pude jugar contra Abbondanzieri, Samuel, Matellán, los Barros Schelotto, Riquelme, Palermo… Ese día, cuando entramos a la cancha, no podíamos creer la cantidad de gente que había. Encima tuve la suerte de poder hacer la jugada del primer gol, de gambetear al “Negro” Ibarra y tirar el centro que terminó en el 1-0. Una locura. Después, claro, ellos apretaron el acelerador y quedamos relegados. Al final, perdimos 4-2, pero fue algo único.

Tendrás miles de anécdotas…
Uhhh, sí, sí (se ríe)… Ese día jugó en la defensa Pablo Christín, que lamentablemente ya falleció. Era un tipo súper agresivo en la cancha, súper fuerte. Y la anécdota es que ese día se agarró con Guillermo Barros Schelotto. Le metió una patada, el Guille se paró y lo empujó, pensando que iba a recular, pero Pablo lo agarró del cuello y lo levantó… Son recuerdos con los que hoy nos reímos cuando nos juntamos… Yo en medio del partido le pregunté al Melli si podíamos cambiar la camiseta, pero me dijo que no le dejaban. Entonces le pedí una foto después del partido… Y así fue… Es la única que me pude sacar esa noche, porque ellos se fueron rápido.

De ahí, volviste a Tigre para la recordada campaña en el Argentino B 1999/2000…
Claro, que es el torneo que perdemos la final del ascenso contra Chacras de Coria de Mendoza. Esos son recuerdos muy lindos. La anécdota que siempre cuento y que sorprende a todos es que con Tigre viajábamos y concentrábamos con la familia. Yo iba con mi esposa y mi hija. El doctor Otto Pigerl, presidente del club, alquilaba los hoteles en Entre Ríos, Corrientes o Mar del Plata, donde fuéramos, para el jugador y su familia. Eso fue algo único que no volví a vivir en otro lado. Subíamos al colectivo con la familia. Y arriba del colectivo era un ambiente único. Llegaba la hora de la merienda, sacaban los termos con mate cocido, unas cajas con bollos o facturas. Era todo muy familiar.

Una época inolvidable…
Sí, sí. Los recuerdos que tengo de todos, pero sobre todo de don Otto y doña Irma, su mujer, son muy lindos. En cada entrenamiento nos agasajaban, no nos hacían faltar nada. Y eso hizo que el plantel peleara hasta el final, con muy pocos recursos económicos. En ese momento no era titular, pero convertí 10 goles en el torneo. Era un equipazo, con Roberto Geck en el arco, Dante Pigerl, Tupá Romero, Marcos Barrios, Roberto Muller y Fabi Ponce de doble cinco, Alan Pigerl, Javier Castillo, Luchi Quiroga, Heno Pigerl. Ahí me afiancé como jugador.

¿Cómo llegás al fútbol nacional?
Cuando terminó ese torneo, volví a Guaraní. Salimos campeones locales, jugamos el Argentino B y quedamos afuera en segunda ronda. Y ahí me llama Víctor Hugo Romero para decirme que tenía la propuesta de un amigo. Armamos unos videos y a los dos días me pidieron que viajara a Buenos Aires. Me pagaron el pasaje en avión y todo. ¿Sabés quién era? Gustavo Mascardi, uno de los representantes más importantes de la Argentina y del mundo, representante de Verón, Aimar, Crespo, el “Piojo” López…

¿Cómo fue ese primer encuentro con Mascardi?
Llegué a Buenos Aires y me llevaron a las torres LeParc, en Puerto Madero. Ahí firmé contrato por dos años. Y de ahí me fui a Arsenal de Sarandí, en la B Nacional. No me fue bien ahí, lo teníamos como DT a Mariani, que formó parte del cuerpo técnico de la Selección en México 86. Después llegó Burruchaga, una gran persona…

¿Cómo fue tener al Burru de DT?
Un tipo superpiola, muy hablador. Hablaba mucho con el plantel, nos juntaba y animaba siempre, porque el equipo venía golpeado. Del Burru tengo muy buenos recuerdos. Hoy quizás me arrepiento de no haber podido hablar más con él, pero bueno, en ese momento era jugador y quizás no estaban dadas las cosas…

¿Y cómo llegás a Candelaria?
Bueno, en 2002 pasé a Ferro, en la Primera B Metropolitana. Ahí también jugué en Reserva, pero por lesiones estuve mucho tiempo parado. En 2003 volví a Guaraní y al año siguiente, que La Franja estaba por jugar el Argentino B, me dejaron afuera del plantel. Al otro día me llamó el profe Sergio Lotz para ir a Candelaria. Yo primero no quería ir, venía golpeado, pero terminé yendo. Ahí empecé de suplente. Ese torneo era corto y en la segunda fase comencé a afianzarme.

Y llegó el histórico ascenso de 2004…
Esa fue una de las cosas más importantes que me pasó, el único ascenso de mi carrera. Me marcó mucho. Con muy poco, se hizo mucho. Jugábamos contra equipos que estaban en otra sintonía económica. Nosotros la puchereábamos, pero teníamos ganas de conseguir algo. El apoyo de la gente, de los dirigentes…. Es algo inolvidable…

¿Qué pasó en la serie final contra Alumni de Villa María?
(Se ríe) Antes del partido de ida, acá, nos juntamos todos los jugadores y dijimos que ganar por 2-0 era un buen resultado. Y Alumni era un equipo duro, bien parado. Íbamos 1-0 y, faltando poco para el final, Dardo Romero mete el pase y yo hago el segundo. Fue una euforia, una locura, empiezo a gritar y me saco la camiseta para festejar. ¡Y hace 10 minutos ya me habían amonestado! Ahí mis compañeros empezaron a rodearme para taparme y Dardo trataba de ponerme la camiseta. Vino el árbitro y me dijo: “a pesar del intento de tus compañeros, no me queda otra”. Doble amarilla y expulsión. Hoy me río, pero en su momento sentí una bronca bárbara. Igual fui a la final en Córdoba y la miré desde el banco. La sufrí terriblemente.

De ahí, ¿cómo siguió tu carrera?
Al año siguiente jugamos ese Argentino A, que perdimos la posibilidad de jugar la Promoción ante Luján de Cuyo. Ascender a la B Nacional con Candelaria hubiese sido tremendo. De ahí me fui a Ben Hur, a la B Nacional, que pude jugar contra equipos grosos como Tigre, Chacarita, Unión de Santa Fe, Belgrano de Córdoba, Defensa y Justicia o San Martín de San Juan. Luego volví al Argentino A con 9 de Julio de Rafaela, después pasé por Brown de Puerto Madryn, que perdimos por penales la final con Independiente Rivadavia por el ascenso a la B Nacional.

Una recorrida por el país…
Sí, sí (se ríe)… Y ya para 2008 tenía ofertas para volver a 9 de Julio, también de Formosa, pero prioricé volver a Misiones. Volví a Guaraní y esa fue la época de los clásicos fuertes a cancha llena contra Crucero del Norte. Todo ese folclore también fue una experiencia muy linda, con un equipo muy fuerte de Guaraní, con Del Vecchio, Pablo Aguirre, Hermosilla, Dani Verón, Nazareno Godoy, Cuellar, el Torito Silva… Después de eso, jugué un año en Juventud Unida de San Luis, donde me fue muy bien… Y eso fue lo último, ahí ya me volví a Misiones con ganas de dejar de jugar.

Pero seguiste un poco más…
En 2010 me surgió la posibilidad de comprar un fondo de comercio, un negocio de prendas de vestir, en el centro de Posadas. El que me vendió ese fondo de comercio, un amigo, me dijo que tenía que dejar de jugar porque iba a necesitar atender el negocio a full. No obstante, había hecho un acuerdo de palabra con Brown y jugué el Torneo del Interior. Hubo otras ofertas de otras provincias, pero ya teníamos ganas con la familia de quedarnos quietos.

Antes de seguir, contanos un poco de esos años con Mascardi…
Fue increíble. Dos veces por semana, de noche, nos llevaba a jugar al fútbol en su quinta de Los Cardales. Y ahí conocí al “Pupi” Zanetti, al “Piojo” López, a Roberto Nanni, a Palermo. Cuando la Selección Argentina jugaba de local, en ese tiempo con Bielsa como DT, todos esos monstruos que volvían de Europa, iban a jugar a la quinta. Compartir asados con ellos fue una experiencia muy loca. Había exjugadores como Juan Amador Sánchez, el “Pelado” Berti, Islas. La cancha parecía de Primera y jugábamos con árbitro y todo. Ahh, y con las mejores camisetas. Con el equipo del Arsenal o del Real Madrid, todo original.

Uff, una locura…
Sí sí, ahí me ponían de volante por izquierda, así que le tiraba centros a Palermo o compartía equipo con Zanetti. Yo era muy tímido y hoy me arrepiento de no haberme acercado a hablar más con ellos. Con el que más hablé fue con Amador Sánchez, un tipo muy piola, que me contó muchas historias de River. Imaginate que después de cada partido, el asado lo servía Luisa, la moza de Mirtha Legrand, y su marido. Era otro mundo, otro nivel.

¿Y Mascardi?
Me ayudó siempre. Además de lo que recibía en cada club, él me pagaba un sueldo aparte y el alquiler. Cuando tenía que volverme, me pagaba los pasajes. Siempre se portó muy bien conmigo.

¿Te considerás un exjugador?
Me retiré profesionalmente a los 32 años. Me considero un exjugador, aunque me cuido en lo físico y este año había empezado a entrenar con La Picada. La verdad es que me encantaría jugar un torneo más, pero tendría que ver cómo me responden las rodillas, por las lesiones.

¿Y por qué esas ganas de jugar un torneo más?
Uno nunca termina de dejar algo tan lindo como el fútbol. Es algo que mamé de chico y cuesta dejar. No es que me arrepienta, porque hoy ese negocio que te conté me dio estabilidad económica, algo que el fútbol no me pudo dar. Hoy vendí ese negocio y tengo una agencia de autos en sociedad con un amigo. Y es eso, hoy lo veo desde otra perspectiva. Hoy por hoy jugar un Torneo del Interior me encantaría, porque ya no tengo la presión de llevar lo económico a casa. Personalmente extraño mucho los entrenamientos, la rutina con los compañeros, las cargadas, las risas. El cariño de la gente. Soy un agradecido a Dios por la carrera que pude hacer y, sobre todo, por el cariño de la gente.

¿Sentís aún ese cariño?
Sí, en Posadas, siempre. Cuando ando por la calle, cuando van a la agencia y me reconocen. Una vez, en un cumpleaños, vino un hombre un poco más grande que yo y me preguntó si era Vicente. “Yo te iba a ver a la cancha, el día que vos hiciste el gol contra Chacras, yo estaba atrás del arco, no sabés cómo lo grité”. Esas cosas reconfortan. Y así mucha gente que me recuerda de la época de Candelaria, Tigre o Guaraní. Que canten tu nombre en una cancha no tiene precio. Para nosotros, los que jugamos en el ascenso y que no nos salvamos económicamente, todo eso es muy lindo e importante. Ahí uno se da cuenta que valió la pena.

El hijo del viento… ¿te gusta el apodo que te pusieron?
Sí (se ríe). Mi referente siempre fue Caniggia, que también era rápido, tenía el pelo largo y jugaba con vincha. Para mí es un privilegio, un halago. Ahora mis amigos me dicen que la vincha estaba cada vez más grande y que la uso para taparme las entradas (se ríe).

¿Sos hincha de Guaraní?
Sí, desde siempre. Siempre sigo a Guaraní, pero hoy me cuesta ir a la cancha porque me da mucha nostalgia. Por ejemplo, cuando Guaraní jugó en la B Nacional, sólo fui a un partido. Sentía una sensación rara, como que no me hace bien. Pero fuera de eso, espero verlo más arriba. Me dolió mucho que no haya podido quedarse en la B Nacional después de tantos años de esfuerzo de jugadores, dirigentes e hinchas.

¿Te imaginás como DT?
No, no, todavía no. Tuve la posibilidad de estudiar, pero no. Hoy te digo que no. No sé mañana, quizás en dos o tres años… Pero todavía no, no siento que sea algo que me guste.

¿Cómo definirías al fútbol?
El fútbol es algo que me educó, que me enseñó. A veces se cree que el jugador tiene todo fácil, pero no es así. El fútbol te enseña a pelearla, a luchar. Yo agradezco a Dios por la posibilidad de haber llegado hasta la B Nacional. Y por las amistades. Por el cariño de la gente. El fútbol es eso, el entorno que te deja, los amigos. Siempre hablamos con Dani Garay y decimos que si tuviéramos que volver atrás, sabiendo que no cobrás, todos los sacrificios que pasás, más allá de todo, volveríamos a ser jugadores de fútbol. Y nos pasa a todos. Si pudiera elegir, a pesar de todo volvería a ser jugador de fútbol.

Fuente: Primera Edición.

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