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Lástima que a Rovira no le gusta el fútbol

Fútbol

Lo que sucedió la noche del miércoles 24 de noviembre en Villa Sarita no es normal y tampoco puede ser pasado por alto.
Para aquellos que no estuvieron y no siguen mucho al fútbol local, acá va una descripción:
Unas 8.000 personas colmaron el estadio Clemente Argentino Fernández de Oliveira para ver un partido entre Guaraní y Mitre que tuvo el color, el marco y la emoción de un partido de Primera División. Pero no cualquier partido intrascendente (por ej: Argentinos-Aldosivi), sino uno donde hay en juego algo importante.
El público pagó entradas de entre 500 y 1.500 pesos, muchos llegaron dos horas antes para asegurarse los mejores lugares en las gradas, hubo fuegos artificiales que le pusieron más color al regreso del hijo pródigo Cristian Barinaga. A los vendedores se les acabaron los choripanes y las gaseosas en el entretiempo.
Había una electricidad y una emoción en el ambiente que no se veía hacía años. Hasta acá eso podría ser normal, pero acá viene lo anormal.

Todo eso se generó por un partido de la quinta categoría del fútbol argentino. Donde no había nada en juego (bueno, si, el clásico Guaraní-Mitre).

Hagamos la cuenta: Primera División, Primera Nacional, Federal A, Federal B y Torneo Regional, que es el que ayer tuvo un marco insólito (2° fecha de la zona 1 de la Región Litoral Norte). Esto no debería ser pasado por alto.

Hay algo que late en el corazón de miles de misioneros y está esperando una oportunidad para poder manifestarse.

Miles de niños, adolescentes, jóvenes, con sus amigos, novias. Muchas familias, padres con sus hijos e hijas (muchas mujeres), barras de amigos. Y por supuesto, gente grande que vivió las épocas de gloria.

Ayer fue una noche mágica, única. Y ahí está el gran problema: no volverá a repetirse. Como cuando la Cenicienta fue al baile en palacio donde conoció al príncipe. Todo muy lindo, pero a las 12 de la noche se terminaba todo.

De la noche mágica, otra vez a calabaza
Apenas el árbitro (posadeño) Franco Rioja, pitó el final y decretó el 1 a 1 del emocionante Guaraní-Mitre, el fútbol misionero se volvió a convertir en “calabaza” y seguirá penando en la intrascendencia de torneos insignificantes.

Pero esta noche especial dejó un mensaje, casi un grito desesperado del fútbol: el fútbol misionero está vivo y merece ser apoyado.

Para decirlo en forma directa: Es imprescindible que el Estado misionero, que tiene la billetera gorda, vuelva a realizar un aporte económico y regular -en serio-, a los principales clubes con Crucero y Guaraní a la cabeza y sin excluir a otros.

Como lo hizo hasta el año 2014 en el caso de Crucero del Norte y hasta el 2015 en el caso de Guaraní A. Franco.

Como ya se dijo en este medio, en 2016 llegó al gobierno Hugo Passalacqua y con la excusa del ajuste le sacó los fondos a los clubes, provocando con el tiempo su inevitable derrumbe deportivo.

Sin embargo, en Chaco, Corrientes y Formosa, como así también en Tucumán, San Juan, Jujuy y Salta, los gobiernos siguieron apostando a promover este deporte a través de sus clubes principales. En Santiago del Estero, incluso, se les fue un poco la mano con ese estadio único Madre de Ciudades de nivel europeo.

Vayan a preguntarle a Sarmiento, Boca Unidos, Atlético y San Martin de Tucumán, Central Córdoba y Mitre de Santiago del Estero, San Martin de San Juan y otros.

Ninguna de esas provincias es más futbolera que Misiones. Pero solo en la tierra colorada tuvieron la falta de visión de retirar todo el apoyo y dejar a los clubes peleando solos en la alta competencia, librados a su suerte.

Paradójicamente ese año, en paralelo, se creó el Ministerio de Deportes, en teoría para apoyar el deporte de alta competencia. Pusieron al frente a un piloto de carreras profesional.

Un piloto de automovilismo (que en su primer año siguió corriendo), que jamás logró apuntalar el deporte de alto rendimiento, como se pretendía. Terminó administrando la pobreza de los clubes de barrio, regalando pelotas , rifas y comprando las viandas de los Juegos Misioneros que organizó su cartera… en su propio establecimiento gastronómico de Oberá.

Mientras el fútbol misionero se desmoronaba de a poco y sin remedio, dilapidando el esfuerzo de años encabezado por empresarios-futboleros como Roberto Enriquez o Julio Koropeski, junto al aporte silencioso de un puñado de personas que tomaron la posta cuando aquellos se hartaron y se dedicaron de lleno a sus negocios. Gente como Mirta Paraíba y Patricio Vedoya, sin cuyo amor por la Franja no hubiera ocurrido lo de ayer.

¿Por qué los políticos misioneros no la ven?
Está claro que en Misiones los dirigentes políticos no ven al fútbol profesional o semi-profesional como sus pares del resto del Norte Grande. No está claro aún el por qué. Acá van algunas razones para hacerlo:

El amor por la provincia puede encontrar pocas manifestaciones tan elocuentes como tener un cuadro de fútbol que compita “fronteras” afuera de Misiones. Hace a la identidad, a la cultura y al misionerismo en serio.

Pero también a las posibilidades de trabajo y desarrollo de futbolistas, entrenadores, preparados físicos, kinesiólogos, deportólogos, árbitros de fútbol, nutricionistas, profes de educación física, vendedores ambulantes (ayer se agotó todo), médicos, cuidadores de cancha, periodistas, camarógrafos, fotógrafos, publicistas, dirigentes.

Todos ellos pueden aprender y mejorar con equipos que estén en ligas mayores. Generando un aprendizaje y un conocimiento que también derramará en otros deportes y en la sociedad.

Quizás hubiera sido más útil para el deporte misionero seguir apoyando a Crucero y Guaraní y empezar a potenciar a otros clubes de las ligas locales, que crear un Ministerio de Deportes que todavía no demostró ser mejor que la Dirección de Deportes que ocupaba ese rol antes del 2016.

Lo más importante: los chicos
Y lo más importante. El fútbol ayuda a sacar a los chicos de la droga, de la calle, a mantenerlos alejados de las malas influencias y de una sociedad cada día más perdida en valores (somos todos culpables), como salió a la luz hace poco con la sentada y los chats de los alumnos del Colegio Roque González.

La educación secundaria está en crisis y el Gobierno lo admite. Hoy los chicos no se enganchan con lo que los profesores -con frecuencia de manera monótona y repetitiva-, les recitan. Entonces prenden el celular y la “basura” de la sociedad entra con más fuerza cuando no hay un contrapeso, algo que a los pibes les interese en serio.

Algo que los emocione y haga soñar. Que los impulse a querer ser mejores.

¿Qué es mejor que el fútbol y el deporte para sacar a los chicos de ese lugar oscuro? Cuánto vale que los chicos en los barrios tengan la ilusión de jugar en inferiores, tener un sueño y algo por lo que luchar. Y para eso se necesita que haya clubes comptiendo más arriba.

Guaraní estuvo todo el año peleándose con la Municipalidad de Posadas para que le cedan a préstamo un terreno frente a la cabecera del aeropuerto General San Martín destinado a cientos de chicos. Insólito.

Esta semana un club tradicional de rugby y hockey (de donde surgió la única Leona misionera de la historia) va a votar en Asamblea la cesión de media hectárea de su predio a una cadena de casinos, a cambio de medio millón de dólares vitales para poder sobrevivir y terminar algunas obras fundamentales. Bien que lo puede hacer.

¿Por qué el Estado misionero que el año que viene tiene un presupuesto de 250.000 millones de pesos, no puede aportar 20 millones por mes a cada uno de los dos clubes grandes y otro monto para los que vienen atrás, con proyectos deportivos serios?

Serían 480 millones de pesos por año o menos de 2 de cada 1.000 pesos que gastará el año próximo. Y siempre puede exigir una contrapartida, con un aporte similar o al menos significativo por parte de la masa societaria, la venta de entradas y la generación de otros ingresos. Otras actividades donde no hay una pasión, vocación y fanatismo atrás, como se vio ayer, en cambio deben ser subsidiadas al 100 por ciento.

Dinero que se puede invertir inteligentemente en la integración y formación de miles de chicos de toda la provincia en proyectos deportivos de largo plazo. El trabajo que hizo Crucero del Norte en inferiores fue extraordinario, llegó a competir en categorías AFA. Aún se puede reflotar, pero no hay tiempo que perder.

Para el automovilismo siempre aparecen los recursos
Cuando se trató del automovilismo la actitud del Estado fue radicalmente opuesta. Detectaron irregularidades en la larguísima gestión de Carlos Malarczuk en el Automóvil Club Misiones, a quien le habían confiado millones para organizar cada año la carrera de Turismo Carretera (a la que cada vez va menos gente). ¿Qué hicieron?

Lo apartaron de inmediato, intervinieron el ACM y en pocos días arreglaron el autódromo, lo dejaron una pinturita y aseguraron la fecha del Turismo Carretera en cuestión de horas, aportando millones para que eso suceda con la excusa de que genera movimiento turístico. Como si el fútbol no generara mucho más que los fierros.

En esas gestiones intervino el gobernador Herrera Ahuad, el intendente de Posadas y algunos ministros de peso, involucrándose con discreción pero en forma directa.

¿Acaso ninguna de estas personas con poder de decisión y lapicera estuvo anoche por Villa Sarita?

Porque está claro que cuando hay voluntad política, los recursos aparecen. Dicen que a Carlos Rovira no le gusta el fútbol. Acaso sea otro mito y se trate de una simple falta de visión estratégica de quienes deben aconsejarlo. En cualquier caso. Es una verdadera lástima.

Fuente: Martín Boerr. El autor fue editor de Deportes de El Territorio en 1998-1999 y trabajó en Deportes en MisionesOnline entre 2014-2016. Es periodista especializado en economía y finanzas y editor de Plan B, Noticias de Misiones.

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