Era la tercera oportunidad consecutiva que el partido iba a comenzar más de media hora más tarde, como en ocasión de los choques ante Candelaria y Guaraní.
Sin embargo, esta vez Crucero del Norte se quedó con las ganas de jugar y sus boleteros debieron devolverle el dinero de las entradas a los hinchas de Atlético Posadas, porque el árbitro Juan Barrios, a las 16.15 se cansó de esperar a los efectivos policiales, que nunca aparecieron y al médico (que llegó pasadas las 16.20) y decidió suspenderlo, como lo indica el reglamento.
Otra vergüenza organizativa de la Liga Posadeña, que volvió a demostrar su poca capacidad para resolver problemas que se vienen sucediendo desde el año pasado, perjudicando a los clubes, los jugadores y técnicos, que en muchos casos deben solicitar permiso en sus ocupaciones laborales para participar de un partido y, especialmente, faltándole el respeto al público, que cada vez es menor por culpa de dirigentes irresponsables.
Ya es hora de que los clubes vayan pensando en un cambio, urgente, sin equivocarse ni dejarse engañar por discursos demagógicos…
Fuente: redacción Deportes Misiones.



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