
El Decano sacó a relucir su amor propio con uno menos, pero Mitre aguantó y festejó (Foto: Facundo Correa, El Territorio)
En el barrio Tajamar, el equipo de Rocamora salió a disputar la revancha de las semifinales convencido de que había que resolver un simple trámite. Sin embargo, el Decano salió a vender cara su eliminación.
Ante un buen marco de público que se acercó al estadio decano, el dueño de casa sacó a relucir sus ganas desde el primer minuto, pero la prematura expulsión del delantero Gustavo Gall parecía complicar sus ilusiones.
Pero más allá de la inferioridad numérica, el equipo dirigido por José María Parachini impuso el ritmo del juegoy avisó dos veces por intermedio del delantero Manuel Pauluk.
Un poco por mérito propio y otro tanto por la parsimonia que mostró su rival, Atlético Posadas tuvo su merecido premio a los 15’, cuando Gustavo Maidana capitalizó un rebote y con un buen remate estableció la apertura.
Ese gol infló anímicamente al anfitrión, que sumó gente en ataque criteriosamente y así le puso emoción al desenlace: Maidana cambió por gol una falta dentro del área y desde los doce pasos marcó el 2-0, que envalentonó al Deca y preocupó al visitante.
A partir de ahí el local buscó más con desesperación que con buenas sociedades colectivas. El desgaste pasó factura y los centros áereos se hicieron tan reiterativos como improductivos.
El esfuerzo final no le alcanzó al Deca para torcer la historia, mientras que el Auriazul (que perdió a Matías Fesztein por una expulsión en el cierre), sólo piensa en la definición frente a Crucero del Norte.
El campeón, pese a sufrir, no se resigna al sueño del bicampeonato.
Fuente: El Territorio.




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